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[Santiago, Chile] [Odlanier Mena, general (r) y ex director de la CNI: la historia tras la polémica de los indultos a militares.]

[Martín Romero Eguiluz] El presidente Piñera abrió la puerta a que se discuta posibles beneficios penitenciarios a militares en retiro condenados por violaciones a los derechos humanos. El nombre del ex jefe de la Central Nacional de Informaciones sale al ruedo: tiene más de 80 años y no está condenado a cadena perpetua, una de las fórmulas que estudió La Moneda para otorgar indultos. Esta es la historia de un experto en inteligencia que fue enemigo mortal de Manuel Contreras.Si bien la posibilidad de otorgar beneficios penitenciarios a personas mayores de 80 años, sin presidio perpetuo y enfermos terminales fue excluida del paquete de medidas con que el gobierno pretende dar solución a la crisis carcelaria, por no contar con el respaldo político de la oposición según se explicó, ayer el presidente Sebastián Piñera abrió la puerta a que el tema se discuta en el Parlamento.
Al hacerlo, en la última estación de su extensa gira por Medio Oriente y Europa, en la Universidad de Alcalá en Madrid, también puso sobre la mesa la eventualidad de que posibles indultos carcelarios sean otorgados a militares en retiro condenados por crímenes cometidos durante el régimen militar.
“Eso es algo que vamos a explorar con todas las fuerzas políticas del país, y por supuesto en esta materia, cuando se habla de razones humanitarias, no se debe hacer ninguna distinción cuando se habla de civiles o militares, son todos seres humanos, todos sujetos de razones humanitarias”, dijo.
La reacción del mandatario se dio en medio de la molestia pública que varios parlamentarios del oficialismo plantearon por la eliminación de esta medida, que estaba dentro del plan original presentado por el ministro de Justicia Felipe Bulnes a La Moneda y que fue excluida por las críticas de la Concertación, que vertió incluso antes de la oficialización de las medidas, que rechaza cualquier tipo de indulto a condenados por delitos de lesa humanidad.
En este contexto el nombre del general de brigada (R), Odlanier Mena Salinas, primer director de la Central Nacional de Informaciones (CNI) -por 2 años y ocho meses entre 1977 y 1980- de 85 años, preso actualmente en el penal Cordillera, adquiere relevancia. Esto, por ser el único militar condenado que puede acogerse a la polémica medida descartada por el gobierno.
De hecho ayer algunos sectores de la Coalición por el Cambio solicitaron al gobierno estudiar bien el caso del militar. Aunque sin nombrarlo, el secretario general de RN, Mario Desbordes, sostuvo que “hay personas que no deberían estar encarcelados al igual que (Manuel) Contreras, (Pedro) Espinoza (ex DINA) y otros que nuestro país debe dejar en la cárcel, pero sí se tienen que analizar casos particulares donde al parecer podría haber un trato distinto”.

Arica- Panamá- Uruguay- y la CNI
Su paso como comandante del Regimiento Rancagua del Ejército en Arica (1973-1974), más que su labor al frente de la CNI, le pasó la cuenta a Mena (llamado Odlanier por una extravagancia de su padre: es Reinaldo al revés).
El asesinato de tres militantes socialistas (en octubre de 1973) en aquella ciudad, donde el militar además cumplía funciones como jefe de zona en Estado de Sitio, lo tienen hoy cumpliendo una condena de seis años.
Quienes conocen el caso, sostienen que la sentencia se debe a las “responsabilidades del mando” que le caben en el hecho.
La historia del alto militar, sin ser un defensor de los DD.HH, sin embrago, lo pone en las antípodas de otros personajes que tuvieron responsabilidades en el aparato represivo del gobierno de Augusto Pinochet.
Primero, por su histórico enfrentamiento con el general Contreras y la DINA a mediados de los 70′. Esto, principalmente, por los métodos poco ortodoxos (basados en la tortura y en el exterminio físico de la oposición al régimen) que el servicio creado por ‘el Mamo’ empleaba para realizar tareas de inteligencia, que a Mena (un experto en el área con estudios en Chile y la Escuela de las Américas en Panamá, del Ejército de los EE.UU) rechazaba de plano. Eso, según Mena, era la “aberración de la Inteligencia”.
Desde la jefatura de la Dirección de Inteligencia del Ejército (que encabezó entre 1974 y 1975) se mostró crítico del trabajo de Contreras incluso ante el propio Pinochet. La pugna duró poco, en septiembre del 75′, y tras un decreto-ley que subordinaba todos los servicios de Inteligencia bajo la jurisdicción de la DINA- Mena pidió el retiro del Ejército, 7 meses después de haber ascendido a general de brigada.
El premio de consolación (Pinochet era conocido por no dejar a “nadie botado) fue la embajada chilena ante Panamá (1976). Después vendría otra labor diplomática, también como embajador, en Uruguay (1977).
Ese año y tras la presión que el gobierno norteamericano ejercía por el caso Letelier, -los nexos de la DINA y Contreras en el crimen eran notorios- Pinochet decidió reformular los servicios de Inteligencia, para lo que llamó a Mena: sería el director de la CNI, el organismo que reemplazaría a la DINA.
Según el Informe Rettig (página 978) durante la gestión de Mena, “entre noviembre de 1977 y mediados de 1980, este organismo se orientó más hacia las tareas de inteligencia política que las de represión. El número de casos de graves violaciones a los derechos humanos con resultado de muerte bajó drásticamente”.
Según las cifras de esta instancia, las víctimas pasaron de 329 (en 1974), 121 (1975) 148 (1976) y 35 (1977) a 17 (1978), 14 (1979) y 15 (1980). Estas cifras también incluyen la acción de las ramas de las FF.AA y de Orden.

La Sombra de Contreras
Quizá por esto es que Contreras, según la confesión en 1992 de uno de sus más mortíferos agentes, el norteamericano Michael Townley, le quiso hacer pagar la cuenta. Para esto ordenó a Eugenio Berríos, el químico de la DINA, que preparara una bacteria (toxina botulínica) para asesinar al director de la CNI. La idea era hacerlo pasar como una “muerte natural”.
El agente tóxico sería introducido en el té que el general gustaba de tomar en abundancia. Sería esto lo que, según Mena, lo salvó de la muerte, ya que el día en que bebió la toxina ya había tomado varias tasas lo que habría anulado el efecto del veneno.
Sin embargo la sombra de Contreras (y de otros sectores del régimen que pedían más “mano dura” contra la subversión) persiguieron a Mena hasta el final de su gestión. La muerte, el 15 de julio de 1980, del teniente coronel Roger Vergara Campos, director de la Escuela de Inteligencia del Ejército, en un atentado perpetrado por el MIR, marcaría el fin de su etapa al frente de la CNI.
Según se especuló en su momento, el asesinato fue parte de una operación de inteligencia en la que intervinieron ex DINA. Vergara era un blanco que no estaba dentro de los planes del MIR, debido a su elevado cargo. Se dice que hubo un error en la identificación del blanco (la idea era asesinar a un ex torturador de Villa Grimaldi) que fue obra o de un ex agente de Contreras o de un infiltrado al interior del MIR que respondía a ese sector.
Lo cierto es que Mena renunció y la CNI, tal como la había concebido, fue descabezada. Asumió, el general Humberto Gordón que intensificó la lucha antisubversiva. Fue una victoria de los “halcones” del gobierno, Contreras incluido.
La siguiente misión de Mena fue Paraguay, entre 1983 y 1985 fue embajador ante el gobierno de Alfredo Stroessner. Se sabía, Pinochet nunca dejaba a nadie botado.
11 de marzo de 2011
9 de marzo de 2011
©la nación

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