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[Ogden, Utah, Estados Unidos] [El tímido coyote se convierte en objetivo de cazadores de recompensas en Utah. Se ofrece una recompensa de cincuenta dólares por coyote para controlar su población. Programa tiene en Utah excitados a los cazadores, a los ambientalistas que denuncian juego sucio y a funcionarios de la fauna silvestre metidos en el medio].

[Melena Ryzik] Spencer Glauser, que empezó a cazar cuando era niño en los hombros de su padre, odia desvergonzadamente a los coyotes. “Uno ya es demasiado”, dijo. “No podemos dejar que merodeen en las montañas e invadan las ciudades”.
Glauser no es el único en su aversión o en su deseo de hacer algo sobre el asunto. El año pasado, la Legislatura de Utah aprobó un programa de incentivos conocido como Control de Depredadores como una estrategia para reducir la población de coyotes y proteger al mismo tiempo a su presa ocasional, el ciervo mulo. Según la ley, el estado ahora paga a civiles para matar coyotes.
Así que este invierno, cuando Glauser, 18, divisó a un coyote en un tramo cubierto de hielo, lo llamó hábilmente y lo mató. Luego se dirigió con el cadáver a la oficina local de la División de Recursos de Vida Silvestre, donde una camioneta del gobierno servía como depósito de los animales mutilados. Orejas, quijadas, cueros cabelludos y pieles de morro a rabo estaban depositadas en un camión plataforma cubierto de hielo, al que se acercaban los cazadores con bolsas de basura con los restos de los animales. Sus capturas eran apuntadas ordenadamente.
Un trampero veterano se acercó con una carga de una docena de pieles. Otros, como Glauser, se acercaban orgullosos con un coyote. Formaban fila para recibir la recompensa: cincuenta dólares por animal.
Los coyotes son considerados como una persistente amenaza en el Oeste, donde ellos y sus vecinos altamente adaptables –los humanos- se han estado invadiendo mutuamente sus territorios durante décadas.
“Los he visto matar animales, y son despiadados”, dijo Chase Hufstetler, 29, que ha estado cazando coyotes durante los últimos quince años. “Creo que son una molestia”.
Llegó al centro de recogida, uno de una docena en todo el estado, con bolsas de papel marrón numeradas con los restos de ocho coyotes.
El nuevo programa de recompensas representa una de las más grandes campañas del país que utiliza cazadores para controlar a animales silvestres depredadores. Aunque nadie sabe cuántos coyotes hay en Utah, la ley permite la matanza de hasta diez mil. (El estado es también donde se encuentra el único centro de investigación del coyote, financiado por el fisco). A principios de marzo, seis meses de iniciado el programa de recompensa, los cazadores han cobrado por 5.988 coyotes.
Los habitantes de Utah se enorgullecen de la belleza natural del estado, su fauna silvestre y la perspicacia de sus cazadores, y así el programa de recompensa también es un experimento para controlar los programas de conservación y cultura, desarrollo científico y económico. De momento, los cazadores se muestran entusiastas, los animalistas denuncian juego sucio y los funcionarios de la vida silvestre del estado están metidos en el medio.
“Quiero ver a esos depredadores en el paisaje”, dijo John Shivik, el coordinador del programa para mamíferos de la División de Recursos de Vida Silvestre del estado. “No estamos tratando de matarlos a todos, pero tenemos que elaborar modos de controlar el daño que causan y el modo de tolerarlos.
“¿Va a funcionar? No lo sabemos”, agregó. “Pero lo que estamos haciendo es lo mejor que podemos hacer. Nadie intentó nada semejante antes”.
Oficialmente el objetivo del programa es proteger al ciervo mulo, un símbolo de Utah. Más grande que el venado de cola blanca, con sus distintivas enormes orejas e impresionantes astas, el ciervo mulo es un favorito de cazadores y excursionistas.
Los coyotes persiguen a los cervatillos, así que la Ley de Protección del Ciervo Mulo destina medio millón de dólares para pagar recompensas. El gobernador Gary R. Erbert, republicano, promulgó el proyecto de ley en marzo pasado en una tienda que fabrica arcos de caza para enfatizar los 2.3 billones de dólares con que contribuyen a la economía del estado la caza y el interés por la fauna silvestre.
Pero los ecologistas argumentan que hay pocas evidencias científicas de que la reducción de la cantidad de coyotes en realidad ayuda a recuperar al ciervo mulo. (Un estudio de seis años publicado en 2011 concluyó que la erradicación del coyote no redunda en un aumento de la población del ciervo mulo en el vecino estado de Idaho en el sudeste del país).
“El argumento de que los coyotes tienen semejante impacto en las poblaciones de ciervo mulo es especulativo”, dijo Mark Clemens, encargado del capítulo de Utah del Sierra Club. Su organización, junto con la Sociedad Protectora de Animales del estado y la Western Wildlife Conservancy, se opuso al proyecto de ley. “Fue un proyecto terrible, estamos realmente angustiados”, dijo Clemens. “En lo esencial lo que hace es proteger el ganado”.
Carl Arky, portavoz de la sociedad protectora, fue más allá y sugirió que el programa era un chanchullo económico con un nombre intencionadamente equívoco.
“Es un modo de justificarlo”, dijo. “Honestamente, ¿a quién le importa? El coyote no es un animal por el que la gente tenga mucha simpatía”.
Los ganaderos se inclinan a contar historias de coyotes que han matado a todo un rebaño de corderitos o una manada de ganado, y algunos se han quejado ante los legisladores por los ataques de coyotes. Pero los animales son criaturas impredecibles, y no todos ellos se alimentan de ganado, dijo Jullie K. Young, bióloga del Departamento de Agricultura federal.
La doctora Young, que se ha pasado toda su carrera estudiando a los coyotes, se considera una defensora de los coyotes. Dirige el centro de investigación del coyote en Logan, Utah, donde se estudian todos los aspectos relacionados con la conducta y la reproducción de cien coyotes adultos, y hasta si son diestros o zurdos. (Es un dato relevante para las trampas, y la mitad son diestros). Junto con investigadores de la Universidad Brigham Young, Young, que es también profesora de la Universidad del Estado de Utah, participa en un estudio de cuatro años, independiente del programa de recompensas, sobre si la reducción de la población de coyotes afecta la del ciervo mulo. El estudio es financiado en gran parte por la División de Recursos de Vida Silvestre, que también recoge separadamente datos de los cazadores.
Aunque las poblaciones de coyotes son difíciles de seguir, se calcula la población de ciervo mulo en cerca de trescientos mil, un descenso con respecto a la generación anterior, dijo Anis Aoude, coordinador del programa de caza mayor de la División de Recursos de Vida Silvestre. Aparte de factores como el clima, la principal amenaza para el ciervo mulo no es la depredación, sino, sino los cambios de hábitats.
Sin embargo, los cazadores disfrutan de la oportunidad de eliminar coyotes para dar al ciervo mulo mayores oportunidades.
“Hacemos lo que podemos para ayudar a la población de ciervos y ser administradores responsables de la tierra”, dijo Blake Downey, 28, un hidrogeólogo que llegó al centro de recogida en Ogden con la quijada, orejas y cuero cabelludo de un coyote que mató mientras cazaba aves con su perro.
Hufstetler, que vendió las pieles de sus ocho coyotes a una compañía peletera, preferiría sacarlos del territorio –excepto, dijo, que “me gusta cazarlos”.
Glauser, que trabaja con Sportsmen for Fish and Wildlife, una organización sin fines de lucro, ve la predilección del coyote por los cervatillos como una amenaza para el modo de vida de Utah. “En algún punto, quiero que mis hijos puedan cazar venados, y puedan también cazar ciervos grandes”.
La incongruencia de matar a un animal para salvar a otro, sólo para matar al segundo por deporte (o alimentación) no es reconocida aquí. Más confusos son los estudios que sugieren que los coyotes son tan resistentes, y tan capaces desde el punto de vista reproductivo, que se recuperarían incluso después de una matanza a gran escala. Matar coyotes puede no redundar en menos coyotes. Como dijo Young, “la única verdad sobre los coyotes es que te convierten en mentiroso todo el tiempo”.
Sin embargo, la opinión pública no parece querer más coyotes. “La gente quiere más ciervos”, dijo Shivik. La naturaleza puede no estar cooperando, pero las autoridades que analizan las leyes están obligadas a hacerlo.
El control de la fauna silvestre, dijo Shivik, “pasa por el control de la gente.
“Y a veces”, agregó, escogiendo cuidadosamente sus palabras, “lo que la gente quiere no es fácil de hacer, biológicamente hablando”.
31 de marzo de 2013
22 de marzo de 2013
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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