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[Orden de detención contra líder suní inicia nuevo conflicto. Irak al borde de una nueva guerra civil.]

[Jack Healy] Bagdad, Iraq. Un día después de que Estados Unidos retirara sus últimas tropas de combate, Iraq se enfrentaba el lunes a una peligrosa crisis política después de que el gobierno -dominado por los chiíes- ordenara la detención del vicepresidente suní, acusándolo de dirigir un escuadrón de la muerte que asesinaba a agentes de policía y funcionarios de gobierno.
Las impactantes acusaciones provocaron una preocupada respuesta de Washington y llevaron a la frágil colaboración que es el gobierno de Iraq al borde del colapso. Una importante coalición política suní dijo que sus ministros abandonarían sus cargos, dejando a la deriva los ministerios que se ocupan de las finanzas, las escuelas y la agricultura de Iraq.
Las acusaciones contra el vicepresidente Tariq al-Hashimi subrayaron los temores de que los líderes iraquíes puedan ahora estar usando las instituciones, en cuyo fortalecimiento Estados Unidos gastó millones de dólares –la policía, los tribunales, los medios de comunicación-, como un garrote para apalear a sus rivales políticos y consolidar su poder.
El lunes noche, Hashimi se encontraba en la norteña región semiautónoma del Kurdistán, lejos del alcance de las fuerzas de seguridad controladas por Bagdad. No está claro cuándo –ni si- volverá a Bagdad.
En Washington, donde los funcionarios han estado discretamente celebrando el fin de la guerra, funcionarios del gobierno de Obama hicieron sonar la alarma sobre la orden de detención contra Hashimi. “Estamos hablando con todos los partidos y hemos expresado nuestra preocupación por estos desarrollos”, dijo Tommy Vietor, portavoz del Consejo Nacional de Seguridad. “Estamos llamando a todas las partes a trabajar para resolver las diferencias pacíficamente y a través del diálogo, de una manera que sea consistente con el estado de derecho y con el proceso político democrático”.
La ruptura de relaciones entre el primer ministro Nuri Kamal al-Maliki y Hashimi y su Partido Islámico Iraquí se produce en un momento nada oportuno para el gobierno apenas partidas las últimas tropas estadounidenses. Funcionarios estadounidenses han pasado años tratando de influir en el gobierno chií de Iraq para que colabore con la minoría suní del país, y temen que las cosas se estén desbaratando.
La semana pasada Obama dijo, en comentarios cuando daba la bienvenida a las tropas en Fort Bragg, Carolina del Norte, que el futuro de Iraq estará ahora “en manos del pueblo iraquí”. Pero después de retirar las tropas de combate, no quedó claro si Estados Unidos conserva suficiente influencia para limitar las tensiones religiosas que algunos analistas dicen que podrían arrastrar al país de vuelta al caos y violencia de los últimos años e incluso dividirse a lo largo de líneas geográficas.
El gobierno defendió la acusación contra Hashimi en un mensaje televisado de media hora que fue anunciado agresivamente como un especial en la franja de mayor audiencia. En borrosas imágenes de video, tres hombres confesaron que habían cometido crímenes por orden de Hashimi. Dijeron que había hecho volar coches, atacado convoyes con pistolas con silenciador y eran recompensados con sobres con tres mil dólares en billetes estadounidenses.
Para los críticos del gobierno, los cargos parecen formar parte de una campaña de consolidación del poder de Maliki. En medio de la ansiedad provocada por la retirada de las tropas estadounidenses y los disturbios en la vecina Siria, Maliki, un chií, ha endurecido su control del gobierno en este violento y dividido país marginando, intimidando o deteniendo a sus rivales políticos, muchos de los cuales son miembros de la comunidad suní.
Cientos de personas han sido detenidas en los últimos dos meses con órdenes de detención dirigidas contra miembros del ilegalizado Partido Baath, al que pertenecía Sadam Husein. En las últimas semanas, las fuerzas de seguridad también han detenido al menos a treinta personas relacionadas con un ex primer ministro, Ayad Allawi, un chií laico y mordaz crítico de Maliki, de acuerdo al despacho de Allawi. Y el domingo, Maliki pidió al Parlamento que emitiera un voto de desconfianza contra su propio viceministro, Saleh al-Mutlaq, un suní inclinado a la hipérbole que, en una entrevista, comparó a Maliki con un dictador.
“Cualquier dirigente político suní de alguna importancia parece ahora haberse convertido en el blanco de la campaña de Maliki”, dijo Reidar Visser, experto en política iraquí. “Parece que todo suní, musulmán o laico, está en peligro de ser clasificado como terrorista o como miembro del partido de Husein”.
Pero no es habitual que Hashimi sea descrito de esa manera. A veces brusco y siempre interesado, fue uno de los primeros dirigentes suníes en incorporarse al proceso político después de la invasión norteamericana, y perdió tres hermanos en un atentado terrorista en el periodo más álgido de la guerra religiosa.
“Era alguien que trataba de acercarse a los chiíes musulmanes en una época en que otros no lo hacían”, dijo Visser. “Ahora, Maliki le puso precio a su cabeza”.
Un asistente de Hashimi denunció las acusaciones como una caza de brujas. “Este es un golpe contra todos los participantes en el proceso político, contra la Constitución”, dijo el asistente, que se identificó a sí mismo solamente como Abu Aya. “Esta es una nueva dictadura”.
La solución parece una esperanza distante. El sábado, el Frente para el Diálogo Nacional, un poderoso bloque político dirigido por Alladi que incluye a Hashimi, Mutlaq y muchos otros prominentes suníes, dejó de asistir a las sesiones del Parlamento. El lunes, no hubo suficiente legisladores para poder sesionar, de modo que el Parlamento aplazó sus sesiones hasta el 3 de enero.
El lunes noche, los miembros del frente llamaron al presidente de Kurdistán, Massoud Barzani, para intervenir y retomar el papel que asumieron los kurdos para reunir a facciones rivales y ayudar a resolver el prolongado impasse que colapsó después de las elecciones nacionales del año pasado.
El reciente conflicto ha dejado en vilo a la elite política de Bagdad.
Dentro de la fortificada Zona Verde, sede del gobierno de Iraq y de la embajada estadounidense, han proliferado los tanques y todoterrenos militares del ejército iraquí. Hay secciones de soldados haciendo guardia en todos los cruces y las fuerzas de seguridad han empujado hasta el borde del reciento a Hashimi y otros dirigentes suníes.
“Crisis tras crisis”, dijo Mutlaq, el viceprimer ministro, en una entrevista. “Ninguno de los partidos políticos quiere a Maliki en la posición en que está, pero Maliki lo controla todo. Con su policía, su ejército, sus medidas de seguridad. Todo el mundo tiene miedo”.
Después de días lanzando indirectas contra Hashimi, el gobierno iraquí recurrió a una estratagema conocida para acusarlo formalmente: una confesión televisada. Mostró tres confesiones de guardias de Hashimi, y prometió más en los próximos días.
Sus declaraciones abundaban en fechas y nombres, pero fue imposible verificar los detalles o saber si las fuerzas de seguridad habían recurrido a amenazas o a la violencia para extraer información. En junio, Amnistía Internacional declaró que el uso de confesiones televisadas por parte del gobierno “socava gravemente el derecho a un juicio justo”.
En la primera, un hombre que se identifica como Abdul Karim Mohammed al-Jabouri dijo que había trabajado como guardaespaldas de Hashimi durante los últimos años cuando el vicepresidente se acercó a él para que realizara algunas misiones peligrosas, pero importantes. Jabouri dijo que aceptó.
Dijo que recibía órdenes de uno de los subordinados de Hashimi. Contó que en una ocasión él y otros guardias recibieron una llamada para pasar a recoger una bomba improvisada en el despacho de Hashimi para colocarla en una concurrida rotonda. En otra ocasión los enviaron a asesinar a un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores usando pistolas con silenciador.
Después del atentado, dijo Jabouri, volvió al despacho de Hashimi.
“El vicepresidente nos llamó y nos agradeció”, dijo Jabouri. “Nos dio un sobre con dinero, y yo le agradecí”.
Abu Aya, el asistente de Hashimi, dijo el lunes noche que los hombres en el video de las confesiones parecían ser guardias que trabajaban en el despacho de Hashimi. Diez guardias de Hashimi fueron arrestados en la última semana, de acuerdo a funcionarios de Hashimi, el gobierno y las fuerzas de seguridad, y el lunes en la mañana, la Corte Suprema iraquí decretó orden de arraigo contra Hashimi mientras se investigan las acusaciones.
Al final de la transmisión, el general Adel Daham, portavoz del Ministerio del Interior, sacudió una hoja de papel blanco frente a una nube de micrófonos. Era la orden de captura contra Hashimi, dijo, firmada por cinco jueces.
[Zaid Thaker contribuyó al reportaje desde Bagdad, y Helene Cooper desde Washington.]
23 de diciembre de 2011
19 de diciembre de 2011
©new york times
 cc traducción c. lísperguer

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