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[Trípoli, Libia] [Estados Unidos está negociando con el gobierno interino libio la creación de un programa para recomprar los misiles portátiles buscadores de calor que hoy están en manos de las milicias paramilitares y otros actores que se hicieron con ellos durante la guerra, declararon funcionarios estadounidenses.]

[C.J. Chivers] Las negociaciones son el último paso en una iniciativa multinacional para limitar los riesgos que representan los miles de misiles portátiles antiaéreos que están en paradero desconocido desde que los combatientes rebeldes ocuparan los depósitos de armas del gobierno durante la guerra contra las tropas del gobierno libio del coronel Moamar al-Gadafi.
Funcionarios de seguridad occidentales temen que los terroristas puedan utilizar este tipo especial de misiles, que son livianos y relativamente fáciles de disparar, para amenazar a aviones de pasajeros.
Los detalles no han sido revelados, dijeron los funcionarios. Pero en lo esencial Estados Unidos proporcionaría el dinero y el soporte técnico al nuevo gobierno libio que compraría los misiles, sea para almacenarlos en arsenales del gobierno o destruirlos.
“Creo que hemos llegado al punto en que necesitamos algún tipo de programa especial”, dijo un funcionario familiarizado con los planes.
Los misiles, que se cree que alcanzarían altos precios en el mercado negro, representan una limitada amenaza para los aviones de guerra modernos, pero representan potencialmente un grave riesgo para la aviación civil, que rara vez cuenta con equipos electrónicos que puedan abortar un ataque con misiles buscadores de calor.
Conocidos como Sistemas de Defensa Aérea Portátil por un Hombre [Man-Portable Air Defense Systems ] (Manpads), los misiles son una clase de armas que incluyen los conocidos Stinger. La versión desaparecida en grandes cantidades en Libia, el SA-7, pertenece a una generación anterior del bloque del Este.
El subsecretario de Estado Andrew J. Shapiro expresó el anhelo estadounidense de concretar un programa de compras en una reunión este mes con el nuevo ministro de Defensa de Libia, de acuerdo a funcionarios estadounidenses familiarizados con la propuesta.
Estados Unidos ha destinado un fondo de cuarenta millones de dólares para asegurar las reservas de armas de Libia, gran parte de los cuales debería impedir la proliferación de Manpads. No se ha formulado ningún presupuesto para el programa de compras, y el precio a pagar por cada misil y sus componentes no ha sido determinado, dijo el funcionario.
Si Libia acepta el programa, los precios serán probablemente fijados por funcionarios libios después de explorar el mercado, agregó.
El funcionario, junto con otros, habló a condición de conservar el anonimato, porque el programa, de ser aprobado, será secreto.
Aunque esos planes son a menudo llamados programas de “recompra”, en este caso incluso la clasificación podría herir algunas susceptibilidades, dijeron funcionarios.
Después de entregar misiles Stinger a las fuerzas afganas que luchaban contra los soviéticos en los años ochenta, Estados Unidos elaboró un programa de recompra, tratando de reducir la posibilidad de que esos misiles fueran usados contra el tráfico aéreo internacional o contra aviones militares occidentales.
En Libia, técnicamente el programa no podría ser un programa de recompra, porque estas armas no fueron proporcionadas por Occidente, dijeron funcionarios estadounidenses. Fueron comprados a proveedores del bloque del Este durante un largo periodo de adquisición de armas del gobierno de Gadafi.
Matthew H. Schroeder, un investigador que cubre la proliferación de Manpads de la Federación de Cientistas Estadounidenses, dijo que esos programas de compra habían sacado de circulación misiles en Afganistán e Iraq.
“Estos programas han recuperado Manpads en el pasado”, dijo. Enfatizó que desconocía los detalles de los planes estadounidenses para Libia, y no podía por eso comentar sobre el asunto.
El gobierno estadounidense estima que las fuerzas armadas libias importaron veinte mil misiles durante el gobierno del coronel Gadafi. Los que faltan ahora son sólo una parte del total. Es imposible calcular su precio, dijeron funcionarios, porque nadie sabe a ciencia cierta cuántos estaban en manos de los militares al inicio de la rebelión o más tarde, después de meses de conflicto.
Algunos misiles fueron disparados durante ejercicios y en la guerra. Otros fueron desmantelados por los rebeldes, que usaban sus tubos como lanzamisiles improvisados de otros proyectiles. Muchos de los misiles desaparecidos fueron destruidos en los búnkeres durante los bombardeos aéreos de la OTAN.
Desde el fin de la guerra, el Departamento de Estado ha pagado a equipos de contratistas de seguridad privados que han estado recorriendo el país, visitando depósitos de armas del antiguo gobierno y reuniéndose con comandantes de las milicias paramilitares para tratar de encontrar y asegurar las existencias restantes.
Estados Unidos también ha enviado equipos a los países limítrofes de Libia para estimular más inspecciones y control del tráfico de misiles.
De momento, según el Departamento de Estado, los equipos de inspección han localizado cerca de cinco mil misiles, incluyendo los destruidos o disparados, en manos de los grupos paramilitares o desmantelados por los equipos.
Los funcionarios advierten que dada la enorme cantidad de misiles que se supone desaparecidos, y la limitada capacidad de las autoridades interinas libias para controlar las fronteras o las milicias, no todos los misiles serán localizados o recuperados.
El objetivo, dijeron, es reducir las posibilidades de que muchos de los misiles aparezcan en el mercado negro encontrando y recogiendo tantos misiles como sea posible, y asegurándose de que otros muchos sean almacenados responsablemente.
“Estamos comprando los riesgos”, dijo Shapiro en una entrevista el mes pasado, antes de que empezaran las negociaciones sobre el programa de compras. Durante esa entrevista, se negó explícitamente a comentar los intentos de comprar misiles. A través de un portavoz, esta semana se negó nuevamente a hacer comentarios.
Muchos factores han dificultado la contabilidad, incluyendo la deficiente documentación de las fuerzas armadas libias durante el gobierno de Gadafi. Los equipos de inspección no han encontrado los libros de contabilidad del inventario, ni cuántos fueron distribuidos entre las unidades o disparados durante ejercicios, dónde se almacenaban los misiles o incluso si las existencias eran rotadas o inspeccionadas.
“No hemos encontrado bases de datos, nada”, dijo Nicholas A. Spignesi, funcionario del Departamento de Estado que supervisaba las actividades en Libia en noviembre.
La decisión de solicitar la aceptación libia del programa de compra de misiles es un reconocimiento de que, de momento, los planes han tenido sus limitaciones.
Como parte de la evaluación de los problemas en los últimos meses, los equipos de inspección han constatado que cantidades significativas de los misiles están en manos de los cientos de milicias armadas que pululan en Libia. Pero los paramilitares han mostrado escaso interés en devolver las armas, dijeron los participantes.
Un funcionario familiarizado con la propuesta dijo que poner dinero u otras formas de ayuda sobre la mesa a cambio de los misiles podría crear incentivos para las milicias.
El funcionario dijo que el gobierno libio podría ofrecer dinero por los misiles y componentes de misiles, o “ayudas en especie”, como empleos u otros equipos para los combatientes que quieran volver a la vida civil.
Aunque ha habido informes en la prensa sobre los más modernos Manpads SA-24 rusos en Libia, no hay evidencias que respalden esas afirmaciones, dijeron funcionarios estadounidenses. Las evidencias sugieren que los SA-24 comprados por Libia eran parte de un sistema montado en vehículos y no estaban configurados para ser disparados desde el hombro. No se ha encontrado ninguna existencia de empuñaduras SA-24 ni documentos en relación con estas.
Varias personas involucradas en la campaña de recuperación de misiles dijeron que hubo un debate interno sobre los méritos del programa de compras, el que podría facilitar la devolución de los misiles, aunque se temía al mismo tiempo que algunos grupos subieran el precio.
“Cuándo hacerlo o cuándo no es una decisión delicada”, dijo un funcionario.
[C. J. Chivers informó desde Washington y Misurata, Mizdah y Trípoli, Libia.]
28 de diciembre de 2011
22 de diciembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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