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[China] [La revuelta empezó como otras, pero su fin es menos cierto. Los familiares portan una foto de Xue Jinbo, que murió mientras estaba bajo custodia policial después de que los campesinos lo eligieran para negociar una solución para un litigio sobre tierras en Wukan, China.]

[Michael Wines] Los días empiezan todos con una manifestación en la mañana en la plaza cubierta de pancartas, donde los líderes de la pequeña ciudad se dirigen a una atiborrada multitud para tratar el tema de la confiscación de las tierras de la localidad y los planes para el futuro.
La manifestación del viernes fue seguida por un funeral simbólico de todo el día del compañero caído, cuyo cuerpo yace en alguna parte fuera de la ciudad bajo custodia del gobierno.
Ha pasado casi una semana desde que los trece mil habitantes de esta ciudad en la costa, un laberinto de apretados callejones y casas con patio, se enfurecieron tanto que los funcionarios, que los ofendieron profundamente, e incluso la policía, huyeron antes que enfrentarse a ellos. Ahora reina un asombroso vacío de autoridad, y los residentes no están enteramente seguros sobre qué hacer con su efímera libertad.
“¡Defenderemos nuestra tierra incluso con la muerte!”, proclama una pancarta manuscrita, refiriéndose a una posible confiscación que los dejará prácticamente sin tierras agrícolas. En otra pancarta se lee: “¿Es un delito pedir que nos devuelvan la tierra y democracia y transparencia?”
Cuánto durarán es otro asunto. A medida que pasa el día, aumentan los cordones de agentes de policía que rodean la ciudad. Se han visto en las cercanías camiones blindados y vehículos de transporte de tropas. En la televisión local, un canal de 24 horas, denuncia a los residentes como “un puñado de personas” dedicadas a sabotear el orden público, con los nombres de los manifestantes centelleando en la pantalla azul, advirtiendo que serán perseguidos judicialmente. Muchos aquí temen que esto pueda terminar mal. “Las fuerzas especiales y la policía aquí se comportan como si fueran una organización criminal, no como fuerzas policiales”, dijo Chen Dequan, un campesino y pescador de cincuenta años. “Todo la gente está preocupada”.
La disputa que obligó a escapar de Wukan a los funcionarios públicos es, aparentemente, como cientos –sino miles- de otras que inspiran protestas todos los años: los campesinos que creen que sus tierras han sido ocupadas ilegalmente se echan a las calles cuando sus inquietudes son ignoradas.
Pero la sospechosa muerte de un vecino estimado por todos, que fue elegido para negociar a nombre de los ciudadanos, parece haber convertido esta persistente queja en un último enfrentamiento con las autoridades.
La operación inmobiliaria que desató las protestas implica a uno de los promotores inmobiliarios más grandes de China, una compañía de Hong Kong llamada Country Garden que se enorgullece de sus rápidas construcciones mayormente en áreas suburbanas. Yang Huiyuan, descrita por analistas como la presidenta de la compañía, es considerada como una de las mujeres más ricas de China.
La compañía ha estado antes envuelta en polémicas. Xinhua, la agencia noticiosa oficial, declaró este año que había comprado tierras en la provincia de Anhui para construir una cancha de golf en un contrato que olía a la “típica colusión de empresas inmobiliarias y el gobierno local”. La declaración firmada de la agencia dijo que más de diez funcionarios públicos fueron castigados después de la transacción y otros casos de compras ilegales y uso de la tierra.
Aquí en Wukan, muchos residentes creían que el gobierno nacional no había intervenido todavía para resolver el asunto simplemente porque había sido engañado por funcionarios locales corruptos, que hicieron creer que todo estaba en orden.
Sin embargo, de momento parece que desde dentro de esta cercada ciudad líderes a todos los niveles están desconcertados por su poco frecuente, pero temporal pérdida de control.
Lin Zuluan, 67, un hombre de negocios retirado que es ahora el líder de facto de la ciudad, dijo que los funcionarios se habían aproximado a él para negociar el fin de las protestas, pero las conversaciones no habían prosperado, en parte debido a que los funcionarios no satisfarían las demandas de los campesinos de que les devuelvan sus tierras.
“Estoy preocupado” sobre la falta de progreso, dijo. “Pero creo que este país se rige por la ley, así que creo que el gobierno central hará todo lo que sea necesario para ayudarnos”.
Entretanto, la vida aquí continúa con un aura tanto de irrealidad como de incertidumbre, una mezcla de pesar y optimismo y algo de ignorancia voluntaria de los indicios de problemas en cada puesto de control de la policía y en cada parte de noticias.
En la ciudad los campesinos reciben a los periodistas extranjeros como salvadores, bombardeándoles con interminables cigarrillos, cuencos de avena con arroz y mariscos y paseos gratis en el asiento trasero de un escúter. Los vecinos se erizan con la sugerencia del gobierno de que están siendo financiados por extranjeros no identificados, pero están convencidos de que sólo eludiendo la prensa oficial podrán lograr que sus reclamos lleguen a oídos de las autoridades en Pekín.
Las acusaciones de corrupción contra Country Garden, el promotor inmobiliario, se remontan a años. En 2007 el diario Southern Weekly denunció irregularidades en un contrato para la construcción de un hotel otorgado a la compañía por el gobierno del distrito de Zhangjiajie, en la provincia de Hunan. El diario sugirió que el gobierno descontó fuertemente los costes de la tierra del proyecto debido a que la mayoría de los pagos de Country Garden fueron desviados secretamente hacia una compañía en la que habían invertido dos empleados de Country Garden.
El viernes, en una declaración por fax, Country Garden dijo que los otros proyectos en Anhui y Hunan estaban completamente legítimos. La firma dijo que el contrato se apegaba a derecho y que el contrato de Zhangjiajie lo ganó a través de una licitación abierta y transparente. Los empleados dijeron que, de hecho, el dinero presuntamente desviado había sido gastado en planes públicos legítimos relacionados con el proyecto.
En Wukan, dos personas familiarizadas con la propuesta de Country Garden dijeron que la compañía planeaba comprar al menos 52 hectáreas de tierra para construir casas de campo y centros comerciales. Cerca de la mitad de esa tierra es controlada por Fengtian Livestock, una empresa dedicada a la crianza de cerdos que tienen un contrato de cincuenta años autorizado por el gobierno; el resto está aparentemente en manos de los rescidentes.
Chen Wenqing, dueño de la firma de ganado porcino, dijo que Country Garden había negociado directamente con las autoridades locales la primavera pasada cuando el contrato no se concretó debido a diferencias sobre el precio. Country Garden declaró que quería construir un proyecto, pero que no había firmado ningún contrato.
Pero Lin, el hombre de negocios retirado, dijo que los residentes se indignaron en septiembre cuando vieron que se habían iniciado obras en el sitio de la granja de cerdos. Funcionarios de la ciudad de Lufeng, un distrito que controla Wukan, ordenaron la paralización de las obras, dijo, y pidieron a los vecinos que formaran un comité de residentes locales para solucionar la controversia.
Sin embargo, las negociaciones sobre la devolución de las tierras a los residentes no condujeron a nada. El 9 de diciembre, hombres no identificados secuestraron a uno de los negociadores, un trabajador de una curtiembre de 42 años llamado Xue Jinbo, y otros cuatro hombres de un restaurante de la ciudad.
Los otros cuatro aparecieron al poco tiempo en cárceles cercanas, acusados de incitar a los habitantes contra el gobierno. A Xue lo volvieron a ver la noche del 11 de diciembre, cuando funcionarios del gobierno local llamaron a sus familiares para que reconocieran su cuerpo en la morgue.
Dijeron que había muerto de un ataque al corazón en un hospital y que entregarían el expediente médico de su caso.
Pero miembros de su familia dijeron que los funcionarios confiscaron sus celulares antes de permitirles entrar a la funeraria, aparentemente para impedir que tomaran fotografías. La nariz de Xue estaba cubierta de sangre, su cuerpo lleno de rosetones y tenía roto el pulgar izquierdo, aparentemente empujado hacia atrás hasta que se rompió, dijo uno de ellos, un sobrino llamado Xue Ruiqiang el viernes en una entrevista.
La noticia de la muerte de Xue sacó a los residentes a la calle. Los miembros del comité de la ciudad que estaba encargado de las negociaciones sobre la tierra, huyeron.
Xue Jianwan, la hija de 21 años de Xue, dijo antes del servicio que su padre “era una persona honesta que siempre defendía a la gente”.
“Mamá dijo que si no hubiese sido la persona honesta que era, probablemente no habría terminado de este modo”, agregó.
[Shi Da contribuyó al reportaje desde Wukan, y Mia Li desde Pekín. Sharon LaFraniere y Jonathan Ansfield contribuyeron al reportaje desde Pekín.]
31 de diciembre de 2011
16 de diciembre de 2011
©new york times
 cc traducción c. lísperguer

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