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[Pekín, China] [Para China podría ser un presagio.]

[Michael Wines] La prensa estatal china hizo su agosto este otoño con Ocupemos Wall Street, publicando casi todos los días una moraleja sobre el capitalismo enloquecido y un gobierno norteamericano incapaz o reticente a ayudar a las víctimas de una elite rapaz.Ocupemos Wukan fue algo enteramente diferente. La prensa estatal ha especulado profusamente sobre por qué trece mil ciudadanos chinos, furiosos por los repetidos despojos de sus tierras por parte de la elite de la pequeña ciudad, obligaron a marcharse a sus autoridades y repelieron los intentos de la policía de retomar Wukan. Pero el asalto de la ciudad no puede ser ignorado sin poner en peligro a Pekín: hay al menos 625 mil Wukan potenciales en todo China, todos pequeñas ciudades gobernadas por gente de la localidad que sufren frecuentemente toda suerte de las injusticias que explotaron este mes en Wukan.
“Lo que pasó en Wukan no es nada nuevo. Está pasando en todo el país”, dijo Liu Yawei, experto en administración local que es director del programa chino en Centro Carter en Atlanta.
Un segundo analista, Li Fan, estimaba en una entrevista que el cincuenta a sesenta por ciento de las ciudades chinas tenían problemas de gobernabilidad y de contabilidad del mismo tipo que los que aparentemente acosaron a Wukan, aunque no tan severamente. Li encabeza el World and China Institute, un centro de investigación sin fines de lucro con sede en Pekín que ha estudiado extensamente las elecciones locales y problemas de gobernabilidad.
En el diario, las protestas de Wukan no debieron haber ocurrido: los comités de las ciudades chinas deberían ser los cuerpos más receptivos en el país debido a que son elegidos por los habitantes mismos. Además, el gobierno ha introducido medidas en el proceso de administración del ayuntamiento para controlar que el dinero sea gastado correctamente.
El auto-gobierno de la ciudad, como lo llama el gobierno central, es visto por muchos extranjeros como el laboratorio democrático de China, y aunque las elecciones puedan estar arregladas y manipuladas de otro modo, muchos politólogos dicen que, en general, es un buen desarrollo.
Sin embargo, gobernar las localidades y pequeñas ciudades es otro asunto. Los comités de las localidades deben proveer muchos de los servicios ofrecidos por los gobiernos, como la salud y la seguridad social, pero no pueden imponer impuestos a sus residentes ni cobrar por permisos. Cualquier intento de reunir dinero adicional, para cosas como el desarrollo económico, necesitan usualmente la aprobación del municipio o condado controlado por el Partido Comunista.
En la práctica, la combinación de la necesidad de dinero de las pequeñas ciudades y su dependencia de la elite ha cultivado un amiguismo y corrupción entre funcionarios de las ciudades y sus supervisores. El auge en China en el precio de la tierra sólo ha ampliado las oportunidades de desviar fondos desde las cuentas del ayuntamiento.
Y el equilibrio de poderes –una legislatura de la ciudad para tomar las decisiones importantes, y un comité de contabilidad de ciudadanos  para fiscalizar los libros de la ciudad- resultó ser más fácil de manipular por los que realmente mandan.
“Las ventas de tierras ocurren donde está el dinero”, dijo en una entrevista telefónica, Edward Friedman, profesor de ciencias políticas y estudioso de China en la Universidad de Wisconsin-Madison. “Cada nivel ve los que están en el nivel de arriba viven mejor. Y todos quieren vivir por lo menos así de bien. El sistema tiene una dinámica que hace que la gente crea que es justo que ellos compartan la riqueza.
Aparentemente, las oportunidades para recibir su parte son enormes. En 2003, un  candidato a presidente del comité de la localidad en la ciudad de Laojiaotou, en la provincia de Shanxi, gastó dos millones de renminbi –entonces unos 245 mil dólares – en su campaña por un cargo en el que le pagaban 347 renminbi al mes, informó el diario chino Legal News en la época.
En entrevistas de este mes, los líderes de la protesta de Wukan dijeron que todo el mundo sabía que el gobierno local y funcionarios del Partido Comunista habían gastado millones de renminbi en compras de cargos potencialmente lucrativos.
Ninguna de estas acusaciones pudo ser confirmada inmediatamente. Sin embargo, una estadística verificada es significativa. De los nueve miembros del comité de Wukan, cinco han tenido cargos desde que el sistema de los comités fuera introducido por Deng Xiaoping, sucesor de Mao Tse-Tung .
Lo mismo era verdad del secretario del Partido Comunista de la ciudad, Xue Chang, que se mantuvo en el cargo desde 1970 hasta que fue remplazado en medio de protestas de los ciudadanos de Wukan en septiembre.
Aunque una pequeña ciudad en términos legales, Wukan es más grande que la mayoría de muchas entidades. Está en la zona urbana de la provincia de Guangdong, que colinda con un puerto natural en el Océano Pacífico que es ideal para la urbanización.
Muchos detalles de las prácticas que incitaron las protestas en Wukan permanecen turbios. Incluso antes de que los residentes obligaran a marcharse de la ciudad a las autoridades el 11 de diciembre, los libros de contabilidad del comité de la ciudad habían sido requisados, ostensiblemente para una auditoría.
Los líderes de la protesta, sin embargo, afirman que el comité de la aldea vendió o arrendó a largo plazo cerca del sesenta por ciento de las 2.849 hectáreas de la ciudad en un periodo de dieciocho años a partir de 1993. Se dice que las ventas incluyen gruesamente cuatro quintos de las 388 hectáreas de la tierra agrícola de la ciudad y gran parte de sus bosques.
Cuánta tierra fue vendida sigue siendo un misterio. Bajo la ley china, se supone que esas ventas requieren la autorización de los residentes, los que son propietarios colectivos de la tierra y se supone que derecho a una parte de las ganancias. Pero el proceso de autorización es impreciso. En la práctica, la mayoría de las decisiones son tomadas por el comité elegido de la ciudad o una asamblea designada de la ciudad que actúa a nombre de los residentes.
Las ventas también deben ser aprobadas por el municipio de Donghai, el nivel de gobierno justo por sobre Wukan. En algunos casos, funcionarios de Lufeng, la cabeza de condado cuyo territorio incluye la ciudad de Wukan, también están implicados en las ventas.
La tierra quedó en manos de hoteles, casas, fábricas, compañías de electricidad e incluso templos funerarios privados. Un residente adinerado, Chen Wenqing, se interesó comercialmente en el puerto de Wukan y arrendó terrenos a cincuenta años en una propiedad que había sido una granja de cerdos.
Este año, un plan para vender la granja de Chen y una cantidad igual de tierra agrícola de los residentes a inmobiliarias de residencias de lujo y proyectos comerciales, fue la gota que colmó el vaso y los residentes se echaron a la calle. Más allá de una rendición de cuentas pública de ese y otros proyectos parecidos, indignados vecinos llamaron a elecciones democráticas para remplazar a los funcionarios de la ciudad, muchos de los cuales llevan décadas en el poder.
Los residentes dicen que no tienen ni idea de dónde terminaron muchas de las ganancias de las ventas y arriendos. “Nadie nos dijo nada desde que empezaron en 1923”, dijo Lin Zuluan, líder de las protestas. “No hay votaciones, no hay nada. No sabíamos lo que estaba pasando”.
Lin dijo que la mayoría de los residentes, poco o nada familiarizada con el sistema de la ciudad, no tenía idea de sus derechos. Eso es posible: uno de los estudios académicos más recientes concluyó que tres de cuatro residentes de las ciudades que fueron encuestadas no tenían información sobre las finanzas de la ciudad.
En Wukan, los residentes intuían que algo estaba marchando mal, y se habían quejado enérgicamente –entre julio de 2009 y marzo pasado, siete veces contra funcionarios de la provincia de Guangdong y cinco veces contra funcionarios de Lufeng, la cabeza de condado. Pero ninguna de esas quejas ha sido solucionada.
Se necesitó una rebelión de facto de los residentes de Wukan para obligar a los funcionarios de la provincia de Guangong a intervenir en la crisis, declarando legítimas las quejas de los residentes y prometiendo solucionarlas. El jefe del comité de Wukan y el secretario del partido están siendo investigados, una medida que terminará probablemente con un severo castigo.
La prensa oficial ha descrito la respuesta de Guangdong como un modelo de receptividad del gobierno y una plantilla para la gestión de las quejas del público en el futuro.
Sin embargo, observadores del gobierno chino son menos optimistas. En su opinión, la rebelión de Wukan subrayó defectos del sistema en los gobiernos locales de China, y sólo una limpieza de la casa –no una amonestación liviana- los solucionará.
El problema, dicen, es que la purga no le conviene casi nadie –no a las autoridades de la ciudad y de los municipios y funcionarios del condado que se han enriquecido con las ventas de tierras y otras prácticas corruptas. Y no oficiales de alto rango cuya influencia sólo se reduce si se deshacen de solicitantes de bajo nivel.
“Las cosas cambiarán si cambias los incentivos para ganar el dinero que ganas”, dijo Friedman, de la Universidad de Wisconsisn-Madison. Permitir  que los campesinos posean y vendan sus tierras –y no un comité de localidad- sugeriría un serio intento de romper con el ciclo de corrupción, dijo. También se lograría desbaratando las acogedoras redes de la ciudad y funcionarios del gobierno local que lucran con las ventas de tierras.
De momento, al menos, esas reformas no parecen estar en las cartas. “Los intereses creados en el sistema actual son muy fuertes”, dijo. “Y no creo que haya un Deng en la oficina que haya tenido suficiente influencia para cambiar las cosas”.
[Mia Li contribuyó desde Pekín, y Shi Da desde Wukan.]
6 de enero de 2012
25 de diciembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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