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[Paul Krugman] [En 2010, Estados Unidos estaba en recuperación técnica, pero seguía sufriendo de un desempleo desastrosamente alto. Y durante gran parte de 2011, como en 2010, casi todas las conversaciones en Washington giraron sobre otra cosa: el presuntamente urgente problema de reducir el déficit presupuestario.]

Este énfasis mal colocado dice un montón sobre nuestra cultura política, en particular sobre lo desconectado que está el Congreso de las penurias de los estadounidenses de a pie. Pero también reveló algo más: cuando la gente en el DC habla sobre déficits y deuda, en general no tienen la menor idea de lo que están hablando –y la gente que más habla, es la que menos entiende.Quizás más obviamente, los “expertos” económicos de los que dependen gran parte de los congresistas han estado repetidas veces profundamente equivocados sobre los efectos a corto plazo del déficit presupuestario. Desde que asumiera el presidente Obama, la gente que recibe sus análisis económicos de organizaciones como la Fundación Heritage ha estado esperando que se dispararan las tasas de interés del déficit presupuestario.
Y mientras esperaban, esas tasas han bajado a niveles históricos. Usted podría pensar que esto haría que los políticos cuestionaran a sus expertos –esto es, usted podría pensar eso si no supiera nada de nuestra política posmoderna, sin hechos.
Pero Washington no está solamente confundido sobre el corto plazo; también está confundido sobre el largo plazo. Pues mientras la deuda puede ser un problema, el modo en que nuestros políticos y expertos piensan sobre la deuda es erróneo, y exageran la dimensión del problema.
Los que se preocupan por el déficit retratan un futuro en el que hemos empobrecido por la necesidad de pagar el dinero que nos han mostrado. Ven a Estados Unidos como una familia que contrató una hipoteca demasiado alta y ahora pasarán por un periodo difícil para pagar las cuotas mensuales.
Esto es, sin embargo, una analogía realmente muy mala en al menos dos modos.
Primero, las familias tienen que pagar sus deudas. No los gobiernos –todo lo que tienen que hacer es asegurarse de que la deuda crezca más lentamente que la base imponible. La deuda de la Segunda Guerra Mundial no se pagó nunca; simplemente se convirtió en irrelevante a medida que crecía la economía de Estados Unidos, y con esta los ingresos sujetos a gravamen.
Segundo –y este es el punto que casi nadie entiende- una familia que se endeudó demasiado debe dinero a otra. En Estados Unidos, la deuda ex en gran parte dinero que nos debemos a nosotros mismos.
Esto fue claramente el caso de la deuda incurrida para ganar la Primera Guerra Mundial. Los contribuyentes estaban pagando una deuda que era significativamente más grande, como porcentaje del PIB, que hoy; pero esa deuda era también debida por los contribuyentes, personas que compran bonos de ahorro. Así que la deuda no hizo más pobre a Estados Unidos de posguerra. En particular, la deuda no impidió que la generación de posguerra experimentara el más alto aumento de ingresos y nivel de vida en la historia de nuestro país.
Pero ¿no es diferente esta vez? No tanto como cree.
Es verdad que ahora los extranjeros poseen una parte considerable de la deuda oficial de Estados Unidos. Pero por cada dólar de deuda extranjera de Estados Unidos, Estados Unidos reclama 89 centavos de dólar adeudados. Y debido a que los extranjeros tienden a invertir su dinero en capitales seguros, de bajo rendimiento, Estados Unidos en realidad gana más de sus capitales en el extranjero de lo que paga a inversionistas extranjeros. Si su imagen es la de un país que ya está profundamente endeudado de los chinos, usted ha sido desinformado. Tampoco vamos en esa dirección.
Ahora, el hecho de que la deuda federal no es como una hipoteca no quiere decir que la deuda sea inofensiva. Hay que imponer impuestos para pagar los intereses, y no tienes que ser un ideólogo de extrema derecha para conceder que los impuestos imponen un coste a la economía por el mero hecho de que causan una diversión de los recursos hacia otros fines que las actividades productivas, y evaden impuestos. Pero estos costes son mucho menos dramáticos que lo que sugiere la analogía con una familia sobre-endeudada.
Y por eso que países con gobiernos estables y responsables –esto es, los gobiernos que están dispuestos a imponer impuestos modestamente más altos cuando lo exige la ocasión- históricamente han sido capaces de vivir con niveles de deuda mucho más altos que la sabiduría popular de hoy te haría creer. En particular Gran Bretaña tuvo una deuda que excedió en un cien por ciento del PIB durante 81 de los últimos 170 años. Cuando Keynes estaba escribiendo sobre la necesidad de salir de la depresión gastando, Gran Bretaña estaba más endeudada que cualquier otro país avanzada hoy, a excepción de Japón.
Por supuesto, Estados Unidos, con su movimiento conservador rabiosamente anti-impuestos, puede no tener un gobierno responsable en este sentido. Pero en ese caso, la falta no reside en nuestra deuda, sino en nosotros mismos.
Así que sí, la deuda importa. Pero de momento, hay otras importan más. Necesitamos más gasto fiscal, no menos, para salir de la trampa del desempleo. Y la testaruda y mal informada obsesión con la deuda se ha puesto en el camino.
8 de enero de 2012
1 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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