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[Highland Park, Michigan, Estados Unidos] [Falta de recursos lleva a algunas ciudades estadounidenses a meter tijera en el alumbrado público.]

[Monica Davey] Cuando el sol se pone en esta pequeña ciudad, sus vecindarios parecen esfumarse. En un intento de ahorrar dinero, dos tercios de las farolas del alumbrado público fueron arrancadas del suelo y trasladadas a otro lugar este año, y la resultante oscuridad es una vista que es familiar en los extensos y abiertos maizales de Iowa, pero no aquí, en una esforzada comunidad rodeada por casi todos los lados por Detroit.Los padres dicen que ahora se preocupan más sobre si permitir que sus hijos se vayan caminando a la escuela temprano en la mañana. Los conductores se quejan de que a menudo no pueden ver a los peatones sino cuando los focos –y los coches- están encima de ellos. Algunos vecinos dicen que están cambiando sus vidas para acomodarse al horario diurno, como los miembros de la iglesia del Reverendo Alexander Bullock ha poco, cuando le instaron a cambiar el estudio de la Biblia de los sábados de siete, a cuatro de la tarde.
“Simplemente es demasiado oscuro”, dijo Bullock, de la Iglesia Bautista Greater St. Matthew. “Cuando salgo de la iglesia, no puedo ver qué hay frente a mí. Lo que ocurrió con el alumbrado público es lo que ocurre cuando los políticos pierden la esperanza. Se toman entonces todos tipo de decisiones absurdas y los ciudadanos pierden la fe en el proceso”.
Varias ciudades del país, luchando contra lo que se espera que sea el quinto año consecutivo de ingresos decrecientes y después de haber agotado los recortes presupuestarios previsibles, están considerando hacer algo que hace unos años habría sido impensable: el alumbrado público.
Las  circunstancias de Highland Park son extremas. Sus problemas económicos son tan profundos y de tan largo plazo, que ha debido extinguir todo el alumbrado público, excepto quinientas farolas en una ciudad acostumbrada a tener mil seiscientas, dicen funcionarios de la compañía de electricidad. Pero ajustes similares se han efectuando en decenas de pueblos y ciudades, como Myrtle Creek, Oregon, Clintonville, Wisconsin, Brainerd, Minnesota, Santa Rosa, California, y Rockford, Illinois.
Lo que distingue a estas últimas medidas de austeridad es el impacto que causan sobre los vecinos. Si los recortes en salud y de salarios, los despidos y los permisos -e incluso límites a la fiscalización del código de construcción de edificios o de mantención de parques- son sobre todo aparentes para la gente dentro del ayuntamiento, donde todo el mundo se da cuenta cuando las farolas se apagan (y algunas ciudades, como Colorado Springs, ya han reanudado el servicio en la medida en que lo permiten los ingresos).
Apagar la luz ha atraído a malhumoradas multitudes a las reuniones del concejo municipal, provocado celos entre vecindarios y vecinos, e iniciado conversaciones sobre la delincuencia.
“Recorro toda la ciudad e incluso pienso que hay algunas áreas que son más oscuras de lo que deberían ser”, dijo Tim Hanson, director de obras públicas en Rockford, donde los funcionarios apagaron 2 mil 300 de las 14 mil farolas de la ciudad. “No es lo que quería hacer, y no es lo que querían hacer el alcalde o los concejales, pero nos pasa lo que a ustedes con el presupuesto en casa: simplemente no podemos seguir pagándolo.
Aquí en Highland Park, eso fue verdad durante un tiempo. En cuestión de años, el ayuntamiento acumuló una deuda de cerca de cuatro millones de dólares con DTE Energy, la compañía de electricidad. El ayuntamiento estaba pagando menos de la mitad de su cuenta mensual de sesenta mil dólares por un sistema de alumbrado anticuado cuya mantención era costosa. Así que la compañía y el ayuntamiento llegaron a un acuerdo. La compañía podría apagar y retirar 1300 de las farolas públicas, agregar doscientas farolas en ubicaciones estratégicas, y la deuda sería olvidada, dijo Scott Simons, portavoz de DTE.
El resultado en esta ciudad de 7.5 kilómetros cuadrados se siente así: las farolas son todavía abundantes en Woodward Avenue, el ajetreado centro comercial. Pero a una manzana de distancia, a lo largo de las calles residenciales más tranquilas, las luces siguen encendidas pero sobre todo en los cruces. Largos tramos de la calle son engullidos por la oscuridad, se ven siluetas de personas apenas visibles y aparecen repentinamente baches debajo de las llantas.
Algunas personas aquí dicen que se enteraron de los planes sólo este otoño cuando un camión se paró frente a sus casas y los trabajadores empezaron a arrancar las farolas del suelo. (Aunque la medida adicional de retirar las farolas –no solamente apagándolas, sino sacándolas de cuajo- pareció ofender a los vecinos, funcionarios de la compañía dijeron que tenía que ver con razones de responsabilidad civil y para evitar los persistentes informes sobre apagones y el riesgo de robo de metal.)
“Básicamente, la gente se quedó en la oscuridad”, dijo DeAndre Windom, que fue elegido alcalde en noviembre. Dijo que las farolas desaparecidas eran la principal preocupación de los vecinos cuando hacía campaña puerta a puerta.
“Cuando sales de noche, te da miedo. Te preguntas si acaso no hay alguien acechando, para sorprenderte desprevenido”, dijo Juanita Kennedy, 65, que contó que había instalado un sistema de seguridad en su casa y que había seguido un curso de adiestramiento para portar un revólver después de que los trabajadores se llevaran la farola que había frente a su casa. “No salgo a comprar bencina en la  noche. No salgo a hacer compras. Trato de hacerlo todo en el día y trato de volver a casa antes de que oscurezca”.
Highland Park, sede de una de las primeras líneas de ensamblaje de Henry Ford, fue una vez un acomodado enclave de cincuenta mil habitantes. Ford se marchó hace años, y la sede corporativa de Chrysler se mudó en los años noventa. Ahora tiene menos de doce mil habitantes: la mitad del tamaño de hace veinte años.
Así que para esta ciudad, la reducción de la base fiscal reducida y la crisis económica eran conocidas, y la reciente recesión nacional sólo ha empeorado las cosas. Más del 42 por ciento de los habitantes de Highland Park viven bajo la línea de la pobreza, el desempleo es alto y el ingreso medio aquí es casi treinta mil dólares por debajo del medio del estado.
“Para entender nuestra situación con el alumbrado público es entender que la riqueza que tuvo Highland Park en el pasado, fue una situación en la que teníamos lo mejor de casi todo y abundancia de electricidad”, dijo Rodney Patrick, cuyo padre insistió con mudarse con la familia a Highland Park a principios de los años cincuenta debido a sus ventajas: su prestigio, en sus palabras, la ciudad que brilla en la colina. “Pero no tenemos los habitantes que se necesitan para tener los lujos de una ciudad de cincuenta mil habitantes”.
Si el resultado parece imperfecto a muchos vecinos, no todo el mundo lo ve como grave. “No se han apagado las luces en Highland Park”, dijo Patrick, que trabaja en el ayuntamiento. “Tenemos una reducción, una reducción responsable”.
Es demasiado pronto para juzgar si la ausencia de alumbrado ha afectado la seguridad aquí. Funcionarios de otras comunidades y estudios sobre el problema del alumbrado público y la delincuencia extraen conclusiones contradictorias.
En Highland Park, las luces de los patios e incluso las cuerdas de luces de Navidad están ayudando a iluminar algunas calles, y algunas autoridades han instado a los vecinos a agregar su propia iluminación si les preocupa la seguridad, lo que ha provocado quejas de que el ayuntamiento está tratando de pasara a los vecinos una responsabilidad que ellos tampoco pueden pagar.
En ciudades en el país, han emergido ideas similares: cobros por la iluminación callejera, luces de seguridad privada, incluso programas optativos de “adopte una farola” comparable con el patrocinio de carreteras.
En Oregon, funcionarios en Myrtle Creek, apagaron 78 de las 297 farolas públicas en 2010, para ahorrar once mil dólares. El programa de apadrinamiento del alumbrado público sugiere que las cosas se han calmado. El año pasado, la gente pagó para mantener encendidas seis farolas. Ahora, sólo dos están adoptadas y encendidas. “Nadie habla de esto ya”, dijo Aaron K. Cubic, administrador del ayuntamiento en la comunidad rural, a noventa minutos al sur de Eugene.
No es así en Highland Park, donde la medida es más novedosa y la oscuridad más pronunciada. Existe la esperanza de nuevas farolas, aunque no hay dinero todavía. El alcalde electo, Windom, dijo que estaba negociando con organizaciones que podrían considerar a Highland Park como un proyecto piloto de algunos sistemas de iluminación experimentales que son más conscientes del ambiente y más eficientes en el uso de la energía.
“No podemos volver atrás”, dijo Windom, que, de momento, ha llamado a los vecinos a encender las farolas de sus entradas.
14 de enero de 2012
29 de diciembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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