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[Una comisión de la verdad en Brasil investigará lo que ocurrió durante la dictadura militar en los años setenta, cuando cientos de personas fueron asesinadas o desaparecidas.]

[Vincent Bevins] San Pablo, Brasil. Vera Paiva se ha pasado cuatro décadas tratando de saber qué le pasó a su padre después de que fuera arrestado por la policía en 1971 durante la dictadura militar de Brasil.
Rubens Paiva, ex congresista, es uno de los desaparecidos más famosos del país, cuyos casos serán finalmente investigados por el gobierno.“La última vez que oímos decir a alguien que lo había visto, él estaba en la cárcel y había sido salvajemente torturado”, dijo Vera Paiva, en su casa en San Pablo y repitiendo los detalles que ha contado cientos de veces a periodistas y funcionarios.
“Soy su hija y me gustaría saber qué pasó exactamente”, dijo Paiva, 57. “Pero es más importante que el país sepa la verdad, para poder seguir adelante”.
Largo tiempo después de que sus vecinos sudamericanos Chile, Argentina y Uruguay sufrieran estallidos similares de auto-reflexión sobre sus violentos pasados, en noviembre el gobierno de Brasil aprobó la formación de una comisión de la verdad para investigar las violaciones a los derechos humanos durante su dictadura militar de 1964 a 1985.
Se espera que el trabajo de la comisión dure al menos dos años y se produce en momentos en que la presidenta Dilma Rousseff, que estuvo encarcelada y fue torturada a principio de los años setenta por oponerse a la dictadura, completa su primer año al mando de un país que ha visto crecer rápidamente su economía y está ansioso por asumir una posición más prominente en el escenario mundial.
Se sospecha que la dictadura, que sucedió a un golpe de estado respaldado por Estados Unidos, asesinó o causó la desaparición de más de 450 personas, y de torturar y provocar el exilio de miles más. Existe un amplio acuerdo en cuanto a lo que hizo el régimen, pero los archivos del estado todavía no han sido abiertos para revelar nuevos detalles desde que los militares decretaron una ley de amnistía en 1979 mientras dirigían una transición gradual hacia el gobierno civil.
La comisión de la verdad no encausará judicialmente a nadie. Pero después de dieciséis años en que el país fue gobernado por presidentes que fueron alguna vez perseguidos por el régimen militar, los proponentes de la comisión argumentaron convincentemente que una investigación completa permitirá que el país se enfrente a su pasado. Las conclusiones de la comisión podrían poner fin a una era percibida como dominada por la impunidad y encubrimiento de las violaciones a los derechos humanos, dijeron, y ayudar a empujar al país hacia adelante con una credibilidad moral incrementada.
El régimen brasileño fue menos sangriento que los de otros países, pero las víctimas, familiares y activistas dicen que los órdenes de magnitud no son importantes cuando se discuten las consecuencias de décadas de represión. El régimen se ensañó no solamente con las personas activas políticamente, sino también con los artistas, intelectuales y músicos.
“Yo oía los gritos de los torturados en la noche”, dijo Caetano Veloso, un legendario músico que ayudó a orientar al movimiento Tropicalismo, que mezcla ritmos brasileños con el rock ‘n’ roll de los años sesenta. Veloso fue encarcelado durante dos meses a fines de los años sesenta y se marchó a Londres tan pronto como fue liberado.
“La comisión de la verdad significará un público más sano… Si todo sale bien, servirá para sacar a Brasil del submundo moral” en que la dictadura zambulló al país, “y convertirlo en un país comprometido seriamente con los derechos humanos”, dijo.
“La dictadura fue una pesadilla para los que creían en la democracia”, dijo Veloso. “Pero ese fue el rol que le cayó a Brasil entre las fuerzas de la Guerra Fría”.
Los analistas dicen que la comisión también podría provocar incómodas reflexiones sobre el rol jugado por Estados Unidos en la época. Washington dio un agresivo apoyo a movimientos que se oponían a toda amenaza percibida como comunista, independientemente de sus credenciales democráticas o de derechos humanos.
“Por supuesto, Estados Unidos pasará por momentos incómodos, pero los ha tenido en toda la región”, dijo Peter Hakim, presidente emérito de Inter-American Dialogue, un laboratorio ideológico de Washington especializado en asuntos hemisféricos. “La dictadura de Brasil no fue tan brutal como la de Argentina o Chile, y la intervención de Estados Unidos fue más modesta”.
Los partidarios de la investigación dijeron que determinar responsabilidades es menos importante que la reconciliación nacional.
“La comisión de la verdad no afectará las relaciones de Dilma con Washington, pero revelará un periodo negro en las relaciones entre Brasil y Estados Unidos”, dijo Antonio Campos, un abogado que presentará evidencias a la comisión.
Documentos desclasificados muestran que el gobierno militar de Brasil se hizo con el poder con el apoyo logístico y militar de Estados Unidos, y luego exilió al presidente de izquierda Joao Goulart en 1964. Lo que se llamó inicialmente una dictadura militar blanda, se hizo cada vez más represiva a medida que pasaban los años de la década. Los blancos más frecuentes de violencia fatal fueron grupos guerrilleros izquierdistas antigubernamentales, en los que participó la joven Rousseff.
Rubens Paiva era uno de los desaparecidos más emblemáticos, dijo su hija, porque era un político respetado con una familia, antes que un joven extremista sospechoso de participar en la lucha armada contra el régimen.
Vera Paiva dijo que su familia no sabe mucho sobre lo que pasó con su padre. Después de que su posición en la legislatura de Brasil fuera revocada por el golpe, dijo, se mantuvo en contacto con amigos y aliados.
Vera Paiva cree que su padre recibió una carta de un exiliado en Chile –entonces todavía bajo el gobierno del presidente Salvador Allende antes del golpe militar de 1973- por la que el régimen brasileño debe haber llegado a la conclusión de que tenía información sobre las organizaciones armadas.
Contó que en 1971 dos agentes del gobierno de paisano lo interceptaron en Río de Janeiro cuando volvía de la playa para almorzar. La mayor parte de los miembros de su familia, incluyendo a su esposa, fueron también detenidos y luego dejados libres en las siguientes semanas. Su suposición es que murió en una sesión de tortura.
“Pero, por supuesto, no se sabe”, dijo Paiva.
El retraso en obtener respuestas en Brasil se debe en parte a que las fuerzas armadas dirigieron la transición a la democracia y protegieron sus intereses, dijo David Fleischer, politólogo de la Universidad de Brasilia.
“Los militares no querían ninguna investigación. No querían ninguna comisión de la verdad. Consideraban que la amnistía era suficiente”, dijo.
La influencia de partidos políticos todavía activos, que participaron en el régimen militar, es otra fuerza compensatoria del movimiento por la comisión, dicen analistas. Esto pese al hecho de que desde 1995 todos los presidentes brasileños han sido afectados personalmente por el régimen militar. Durante la dictadura, Fernando Henrique Cardoso, de centro-derecha, vivió en el exilio en París y en Chile, y el izquierdista Inacio Lula da Silva –sucesor de Cardoso y predecesor de Rousseff- estuvo encarcelado como dirigente sindical.
“Espero que la comisión pueda revelar la verdad”, dijo Paiva. “No se puede construir ningún futuro nuevo con mentiras y falsedades”.
17 de enero de 2012
5 de enero de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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