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[Argentina] ¨[Muchas sospechas de los familiares de un adolescente de 16 años muerto en el Irar. La versión oficial dice que se ahorcó. El 16 de diciembre Jonatan R. apareció muerto en el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario. Su madre y su padrastro vieron el cuerpo “con golpes y moretones de todo tipo” y sospechan de los motivos del deceso.]

[Pablo Fornero] En la mañana del viernes 16 de diciembre, guardias del Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario (Irar) descubrieron ahorcado a Jonatan R., de 16 años. La “versión oficial” dio cuenta de que el joven, que se encontraba alojado en una celda individual, se habría asfixiado con una sábana. Pero en diálogo con Rosario/12, familiares del adolescente afirmaron que falleció por la golpiza que recibió dentro de las instalaciones del controvertido establecimiento. “El cuerpo tenía los labios pegados con la gotita, fractura de cráneo, el tabique nasal no existía, tenía tres tajos en el gemelo de la pierna izquierda, hematomas en la cara y la rótula de la pierna izquierda no existía”, describió Juan Carlos Alonso, padrastro de Jonatan. El certificado de defunción habla de “muerte violenta”. “Los que estuvieron de guardia son tanto responsables como la directora porque es un instituto de recuperación. Lo entran caminando y lo sacan en una caja mortera”, lamentó Alonso.
Jonatan conoció en tres oportunidades las paredes del Irar. En las dos primeras ingresó por “robos menores, sin maltrato, a celulares, arrebatos”. “Para seguridad y recuperación”, la Jueza de Menores María del Carmen Musa dispuso su traslado al Hogar Granja de General Lagos, un instituto semiabierto para jóvenes de entre 16 y 18 años sobre quienes pesan órdenes judiciales para cumplir una sanción penal. La familia celebró el cambio porque Jonatan “estaba bien, terminando la primaria y aprendiendo oficios”. Pero en el interín y mientras asistía a su sesión semanal de terapia en el Centro de Salud Mental “Agudo Avila”, policías de la Seccional 15º lo detuvieron porque pesaba sobre él una denuncia por abuso sexual. El adolescente era padre de un bebé de un año y medio y quien lo acusaba era su suegra por atentar contra su propia hija, la madre del niño. “Mami, ¿por qué me hacen esto si yo me porto bien? Nada que ver, yo no hice nada”, cuenta Sandra, progenitora del adolescente fallecido.
Esa imputación le valió el regreso al Irar unos días antes de su muerte. Así lo determinó la Jueza de Menores Dolores Aguirre Guarrochena. El clima era espeso y si bien disponía de una celda individual mantenía contacto con un grupo de “pibes pesados, acusados por homicidios”. “Recibía constantemente amenazas de un empleado de la guardia, porque Jonatan lo denunció ante la Jueza Musa. Todos los pibes le tenían miedo al empleado”, reveló Alonso. No recuerda el nombre del supuesto agresor pero lo describe como un hombre alto, morocho, de gran contextura física. “Mi hijo siempre defendía a los pibes. Me contaba que cada vez que los trasladaban un guardia comenzaba a verduguear a los pibes. Yo lo conozco, es la persona que hace el traslado, no el chofer”, avaló Sandra Retamoso.
Ya enterada la familia de la denuncia de abuso, Jonatan llamó por teléfono a su padrastro el jueves, un día antes de su muerte, alrededor de las 19.30. Negaba la acusación y aseguraba: “Son mentiras, soy incapaz que de hacer una cosa así”. Alonso acredita que el joven se encontraba amenazado. “Le mandó una carta a la jueza el día miércoles, donde le puso `necesito hablar urgente con usted, haga algo, no solamente a mí me molestan?”, detalló Retamoso, que por entonces veía a su hijo “muy mal, muy nervioso”.
El viernes, temprano por la mañana, lo encontraron ahorcado. “Dijeron que con una sábana”, recordó Alonso. Él y Sandra, en pareja desde hace siete años, tienen su sospecha. “En la noche del jueves estaban todos enloquecidos, les dieron algo. Si se ahorcó, ¿por qué aparecieron todos esos golpes? Alguien abrió ¿Quién estuvo de guardia? Alguien es responsable”, analizó Alonso.
En los primeros minutos de la investigación se acercaron al lugar del hecho las magistradas Musa, Aguirre Guarrochena y la titular del juzgado de instrucción en turno, María Laura Sabatier. Por el Poder Ejecutivo se hicieron presentes la subsecretaria de Asuntos Penales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y el secretario de Asuntos Penitenciarios de la cartera de Seguridad.
A esa hora, Sandra se encontraba en Tribunales. Ilusionada, tramitaba un permiso ante Musa para que Jonatan salga el fin de semana del Irar y quede a cuidado de su nuera. “Una asistente social me dijo que no lo trajeron, ¿Siempre hacen lo mismo en el Irar?”, le preguntó. Con un “venite el lunes” en el oído, regresó a su humilde casa de barrio Las Flores. Alrededor de las 12.30 sonó su teléfono. Era la Directora de Justicia Penal Juvenil de la Provincia, Débora Cotichini, que le pedía que acuda al instituto ubicado en Cullen y Saavedra. “Pero recién estoy llegando. No tengo para moverme”, le explicó Sandra. “Tomése un remis o taxi”, le solicitó la funcionaria.
En el establecimiento, Cotichini y una psicóloga le informaron del fallecimiento de Jonatan. Lo hicieron “unas siete horas o más” después de que descubrieron al joven “ahorcado” en su celda. “¿No estará equivocada?. Si yo fui a firmar el permiso de salida”, le consultó inocentemente la madre, que debió aguardar hasta casi el día siguiente para observar el cuerpo de su hijo. “En la morgue no le dejaban ver el cuerpo a la madre. Lo pudimos ver a las once y media de la noche. Ninguna casa velatoria se quería hacer cargo por la muerte que tuvo él”, señaló Alonso. “Le pedí la ropa que tenía en el momento del suicidio, no está”, agregó Retamoso.
El padrastro, por su condición de “militar retirado”, se anima a aseverar que “no es una muerte de ahorcamiento”. “En mi vida he visto cuatro de distintos métodos: alambre, cinturón, escharpe, soga. Igual que el ahogado, al ahorcado se le hincha la cara, le quedan los ojos desorbitados, la lengua afuera y de acuerdo a la altura que se tira, la cervical se estira”, narró Alonso, con un particular conocimiento. Antes de que inicie el velorio, el hombre se compró unos guantes de látex y pidió prestada una cámara digital de fotos a un familiar. Le tomó siete imágenes al cuerpo de Jonatan. Atestiguó “la fractura de cráneo, la rótula rota, el tabique nasal que no existía, los tajos en la pierna y los hematomas en la cara”.
En el informe que elaboró por la muerte del adolescente, el médico forense sostuvo que el sofocamiento fue producido “mecánicamente” o se trató de un “supuesto suicidio”. Pero no afirmó la razón del deceso. En tanto, el certificado de defunción firmado por el Oficial Público de la Subsección Defunciones del Registro Civil, Jéssica Hoffman, al que accedió Rosario/12, habla de “muerte violenta”.
En una reunión que mantuvieron ambos familiares con la magistrada Sabatier, Alonso asevera que le preguntó: “¿Me puede decir porqué la fractura de cráneo?”. “El doctor le abrió el cráneo para ver si tenía un objeto contundente o un proyectil”, le habría respondido la jueza. Ante la sorpresa por la respuesta, el padrastro indagó: “¿Hubo una balacera en el Irar, doctora?”
23 de enero de 2012
©página 12

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