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[Estados Unidos] [Pandilla de policías hostigaba a latinos, reza acusación. En la foto, algunos de los policías imputados.]

[Peter Applebome] Eran conocidos como los Chicos de Miller [Miller´s Boys], agentes de policía que trabajaban en el turno de cuatro a medianoche, patrullando la ciudad en gran parte de clase media de East Haven, Connecticut, incluyendo la pequeña pero creciente comunidad hispana que se ha establecido en New Haven en los últimos años.Los agentes eran más que conocidos en esa comunidad; de acuerdo a residentes y autoridades federales, eran temidos. Paraban y detenían a personas, especialmente inmigrantes, sin razón alguna, declaró la fiscalía federal, a veces abofeteando, pateando o golpeando a los detenidos cuando estaban esposados y, una vez, aplastando la cabeza de un preso contra una pared. Seguían y arrestaban a residentes, incluyendo a sacerdotes de la comunidad que trataron de documentar su conducta.
Allanaban tiendas buscando las cintas de video de las cámaras de seguridad con las grabaciones de cómo trataban a algunas de sus víctimas, descritas por uno de ellos en la radio policial como que “habían llegado a este país en balsas de alas de pollo”.
Y después de que se supiera que el Ministerio de Justicia estaba investigando al departamento, de acuerdo a una acusación abierta el martes, apareció en un tablón de anuncios del sindicato de policías la foto de una rata, y una ominosa nota en la consigna: “¿Sabes lo que hacemos con los chivatos?”
El martes, el Buró Federal de Investigaciones arrestó al sargento John Miller y tres de sus agentes -David Cari, Dennis Spaulding y Jason Zullo- por cargos de conspiración para delinquir, detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y obstrucción a la justicia en lo que la acusación describe como años de malos tratos contra individuos, especialmente hispanos, e intentos de encubrimiento.
Siguiendo los pasos de un cáustico informe del Ministerio de Justicia en diciembre, que constató que la policía de New Haven se había hecho culpable de “acciones discriminatorias, allanamientos y requisamientos ilegales, y del uso de fuerza excesiva”, la acusación ofrece un horroroso retrato de la aplicación de criterios arbitrarios a los residentes hispanos.
“No hay lugar para el uso de fuerza excesiva ni en la comisaría ni en la calle”, dijo en una rueda de prensa el martes, David B. Fein, fiscal de Estados Unidos para Connecticut. “No hay espacio para declaraciones falaces en los partes policiales”.
“No hay nadie por encima de la ley y nadie, ni siquiera una persona arrestada por un delito, está privada de garantías”, agregó, diciendo que podrían ocurrir más detenciones.
Janice K. Fedarcyk, subdirectora a cargo de la oficina del FBI en Nueva York, definió a los agentes como “un cuadro cancerígeno que violaba de manera rutinaria los derechos civiles de los residente de East Haven”.
Los atropellos, de acuerdo a la fiscalía, fueron cometidos por los más altos niveles del departamento de policía y del sindicato policial. Un alto oficial descrito como “Co-conspirador No. 1” –aparentemente el jefe de policía, Leonard Gallo- hizo varias llamadas al supervisor del sacerdote, Padre James Manship, de la Iglesia de Santa Rosa de Lima, pidiéndole que lo retirara de la parroquia, dice la acusación. El mismo comandante también prohibió que los miembros de la comisión policial de East Haven, un organismo fiscalizador que estaba tratando de investigar las quejas, entraran a las dependencias del departamento sin su autorización, aunque más tarde rescindió la orden.
Dirigentes del sindicato de policía también pensaron en contratar a un detective privado para seguir al sacerdote, dice la acusación, aunque no quedó claro si había ocurrido.
El mayor Joseph Maturo Jr., de East Haven, que trabajó de 1997 a 2007 y fue luego reincorporado en 2011, dijo que apoyaba al cuerpo de policía. Cuando fue reincorporado, Maturo volvió a nombrar al jefe Gallo, que había estado con permiso pagado después de que el Ministerio de Justicia empezara su investigación.
“Todavía estoy muy sorprendido y da rabia que detengan a tus agentes. Pero son inocentes, hasta que se demuestre que son culpables”, dijo Maturo.
En cuanto a otros problemas mayores del departamento, dijo que tenía “confianza en todos los hombres y mujeres de nuestro Departamento de Policía de East Haven, de arriba abajo”.
Los agentes –cada uno de ellos- fueron acusados de conspiración para delinquir, con una pena máxima de diez años, y al menos otro cargo. Los agentes Spaulding y Cari fueron acusados del delito más grave: obstrucción a la justica, que es castigado con una pena máxima de veinte años.
Los cuatro se declararon inocentes en la Corte de Distrito Federal en Bridgeport el martes tarde, mientras observaban cerca de una veintena de amigos, parientes y miembros del sindicato y agentes de policía. Todos fueron dejados en libertad bajo fianza, excepto el agente Zullo, porque la tramitación de cuyo caso aún no terminaba.
Donald Cretella, abogado del sargento Miller, dijo que el sargento sería vindicado. “En la acusación no nos sorprende nada”, dijo Cretella. “No parece que el sargento Miller haya hecho algo ilegal. Es un agente de policía veterano con dieciséis años de servicio. Ha sido condecorado, es un maravilloso agente, y tenemos la esperanza de que solucionaremos todo esto, y él pueda continuar con su vida”. El jefe Gallo no respondió a una petición de comentario.
Fred Brow, presidente de la Junta de Comisarios de Policía, no quiso comentar sobre ningún agente en particular, pero dijo que no tenía problemas con la descripción general de la acusación ni con el informe de diciembre que retrataba al departamento y sus relaciones con los residentes hispanos. Y dijo que había sido irresponsable que el jefe Gallo hubiese vuelto a su posición.
“Parece que había simplemente una total falta de liderazgo y supervisión, y eso tiene que empezar arriba”, dijo.
El área de New Haven ha sido durante largo tiempo un lugar donde los problemas de inmigración se desarrollan en la vida pública. New Haven se mostrado hospitalaria con residentes hispanos, pero no así otras comunidades. La comunidad inmigrante del área se ha concentrado en el barrio Fair Haven de New Haven, y ahora se extiende hasta  los lindes con East Haven.
La situación se hizo particularmente visible en febrero de 2009, cuando el Padre Manship empezó a investigar las acusaciones de sus parroquianos de que eran hostigados y maltratados por la policía de East Haven. Su choque con la policía –fue arrestado y acusado de disturbios cuando filmaba un video de los agentes, pero el fiscal local desechó el caso- terminó en una querella colectiva contra East Haven por la Clínica de Defensa de los Derechos de los Inmigrantes y Trabajadores de la Facultad de Derecho de Yale, así como investigaciones del Ministerio de Justicia.
Las acusaciones contra los agentes se centran en su conducta en negocios o en alrededores de negocios frecuentados por hispanos, como la tienda de abarrotes Los Amigos, el bar-restaurante La Bamba y My Country Store, y el trato brindado a los detenidos.
El sargento Miller, que es también presidente del sindicato policial del departamento, está acusado a agredir a un detenido que era sujetado por dos agentes y luego reprochado a uno de ellos por informarlo. Cuando otro agente ejerció uso excesivo de la fuerza en su presencia, no hizo para investigar el caso, no reprendió ni disciplinó al agente, dice la acusación.
Frente a la Panadería Guti en Main Street, una cliente, Mayra Mendoza, dijo que había visto a agentes de policía en el estacionando al otro lado de la calle, mirando llegar a los clientes y luego caminar hacia la panadería para apuntar las matrículas. “Querían crear problemas”, dijo Mendoza, que vive en East Haven. Dijo que la policía debía “respetar más a la gente hispana”.
“Vinimos a trabajar y a fundar una familia. Pagamos impuestos, pagamos las hipotecas”, agregó. “Esta es nuestra ciudad. Yo soy una ciudadana de aquí: mis hijos son ciudadanos”.
El Padre Manship dijo que estaba agradecido de que la fiscalía de Estados Unidos hubiera tomado en serio las quejas. Sin embargo, dijo, “no es un día feliz”.
[Noah Rosenberg y Kirk Semple contribuyeron al reportaje.]
26 de enero de 2012
24 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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