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[El Cairo, Egipto] [Milicia paramilitar expulsada de bastión nacionalista.]

[Liam Stack] El lunes fuerzas leales al gobierno interino libio fueron violentamente expulsadas de una ciudad que fue considerada durante largo tiempo como partidaria del coronel Moamar al-Gadafi, declaró el martes el líder de una milicia local, después de un asalto que dejó al menos cuatro paramilitares muertos e hizo surgir el espectro de un renovado conflicto entre las fuerzas rebeldes y los partidarios del antiguo régimen.La ciudad, Bani Walid, y su tribu dominante Warfalla, se beneficiaron durante largo tiempo del gobierno del coronel Gadafi. Bani Walid brindó refugio a su hijo Seif al-Islam después de que las fuerzas rebeldes expulsaran a la familia gobernante de la capital, Trípoli, en agosto, y fue uno de los últimos bastiones nacionalistas en caer en manos rebeldes en octubre. Esa historia, combinada con lo que parece ser una importante retirada de fuerzas leales al Consejo Nacional de Transición interino, está salpicada por temores de que haya surgido una nueva organización nacionalista armada y organizada.
Pero tanto combatientes locales como funcionarios de seguridad del consejo de transición negaron que fuerzas pro-Gadafi hayan estado involucradas en el conflicto. Las dos partes dijeron que las raíces de la violencia eran más locales que contrarrevolucionarias.
“Aquí no hay partidarios de Gadafi ni milicias gadafistas. El problema es entre las tribus”, dijo Salem Dabnon al-Waer, 47, que se describió a sí mismo como comandante de los combatientes de Bani Walid.
Dijo que el conflicto había empezado cuando paramilitares de la Brigada 28 de Mayo, una milicia rival asociada al consejo de gobierno interino, “secuestraron” a un hombre de la localidad durante el fin de semana y luego rechazaron un intento de un concejo de sabios de la ciudad de negociar su liberación. A modo de represalia, dijo Waer, sus combatientes atacaron el lunes la base de la milicia rival en un asalto que, dijo, dejó un total de diez combatientes muertos de ambas partes y doce heridos. Un colaborador de Human Rights Watch que salió de Bani Walid el martes calculó las bajas en cuatro.
El general Abdel-Salam al-Hassi, jefe de operaciones del ministerio de Defensa, dijo: “Sólo hay choques locales entre la gente debido a razones muy, muy simples”. Describió el estallido del conflicto como una disputa por el liderazgo al interior del consejo militar de Bani Walid.
“No hay fuerzas del régimen de Gadafi implicadas, absolutamente ninguna”, dijo el general Hassi, agregando: “Fue un conflicto a ese nivel, pero todos tienen armas, así que eso provoca enfrentamientos”.
El martes noche, milicias leales al Consejo Nacional de Transición habían tomado posiciones en tres lados de Bani Walid a una distancia de al menos 64 kilómetros. Combatientes de la Brigada 28 de Mayo se habían retirado a unos 88 kilómetros en la ciudad de Sdada, de acuerdo a un funcionario de Human Rights Watch, que habló a condición de conservar el anonimato.
El general Hassi negó que las fuerzas leales al gobierno interino se hubieran retirado de Bani Walid, pero dijo que unidades de las fuerzas armadas libias estaban en camino con refuerzos. Las fuerzas armadas libias son una débil institución compuesta de poco más que paramilitares desarrapados y muchas otras milicias rechazan su autoridad.
El primer ministro interino del país, Abdel Rahim el-Keeb, instó a la calma en una declaración subida a la red el martes noche diciendo que los enfrentamientos “chocan directamente con los objetivos de la revolución del 17 de febrero y con las aspiraciones del pueblo libio”.
“El gobierno llama a la calma a todos los ciudadanos de todos los rincones de nuestra querida Libia a ejercer cautela y a cooperar con las instituciones del estado para mantener la unidad, seguridad y estabilidad del país”, dice la declaración.
El gobierno interino hace frente al creciente descontento de la opinión pública en las últimas semanas debido a su conducción de Libia después del conflicto. Los críticos se quejan de que sus operaciones y presupuestos son demasiado opacos y que muchos de sus miembros están manchados por lazos, reales o imaginados, con el gobierno de Gadafi.
Su funcionamiento a nivel técnico también ha sido deficiente. Los servicios básicos no han sido restaurados en algunas zonas, y ciudades que eran consideradas partidarias del coronel Gadafi, como Sirte y Bani Walid, siguen en ruinas, pese a que han pasado meses después de la guerra.
El gobierno interino ha intentado ejercer autoridad incluso en Trípoli, donde las calles son en gran parte controladas por toda una gama de milicias paramilitares regionales cuyos miembros sólo obedecen a sus propios comandantes, no a las fuerzas del gobierno.
El enfrentamiento en Bani Walid fue la segunda crisis del gobierno interino en los últimos días. El sábado, una multitud en la ciudad de Bengasi –antiguamente la capital de los paramilitares- saqueó las oficinas del gobierno local. El episodio condujo a la renuncia del vicepresidente del consejo de transición, Abdel Hafidh Ghoga, y a la suspensión de varios miembros del consejo de Bengasi.
[Yusef Sawie contribuyó al reportaje desde Trípoli, Libia.]
27 de enero de 2012
25 de enero de 2012

©new york times
cc traducción c. lísperguer

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