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[Libia] [Protestas provocan restructuración del gobierno interino.]

[Lliam Stack]  El gobierno de tradición post-Gadafi en Libia sufrió el domingo una crisis política después de que manifestantes saquearan sus oficinas en Bengasi, subrayando el creciente malestar nacional con sus líderes y provocando una restructuración en la que renunció el funcionario número dos del consejo de gobierno y varios otros miembros fueron suspendidos.Durante meses, organizaciones juveniles con una abundancia de quejas han estado manifestándose contra el Consejo Nacional de Transición en Bengasi, la ciudad al este del país cuyas protestas encendieron la revuelta de nueve meses y que fue en algún momento la capital rebelde. Las protestas han estallado también en otras ciudades, incluyendo Trípoli, la capital, donde los activistas han erigido una pequeña ciudad de tiendas de campaña frente al despacho del primer ministro.
Los manifestantes exigen más transparencia de parte del consejo de transición, que controla el poder ejecutivo y tiene la tarea de supervisar la elección de una asamblea constituyente para redactar una nueva Constitución. El consejo está dominado por figuras del movimiento rebelde oriental, para sospecha de otras facciones regionales, y hay acusaciones, también, de que muchos de sus miembros están manchados por lazos con el pasado, reales o atribuidos, con el gobierno del coronel Moamar a-Gadafi.
El sábado noche, esas frustraciones llegaron a nivel de ebullición cuando una multitud de jóvenes atacó las oficinas del consejo de gobierno en Bengasi, lanzando una granada al interior, rompiendo los ventanales y entrando forzosamente al edificio mientras el presidente del consejo, Mustafa Abdel-Jalil, se encontraba dentro.
El motivo desencadenante parece ser la publicación online del borrador de una ley electoral para regular la selección de los doscientos miembros de la asamblea constituyente. Activistas dijeron que fue redactado sin ninguna consulta ni supervisión pública y que sus reglas (que favorecen a un solo ganador) podrían alentar a los libios a votar a lo largo de líneas tribales o por ciudadanos ricos o prominentes de su región, y desalentarían a los que quieren formar nuevos partidos.
Tratando de contener las secuelas del ataque, Abdel-Hafidh Ghoga, vicepresidente del gobierno de transición, renunció el domingo, diciendo en el canal Al Yazira: “Mi renuncia es para beneficio del país y, en esta fase, es necesaria”.
Hablando con periodistas en Bengasi el domingo, Abdel-Jalil advirtió que las persistentes protestas podrían empujar al país hacia un peligroso sendero y suplicó a los manifestantes que dieran más tiempo al gobierno.
“Estamos pasando por un momento político que puede llevar al país a un túnel sin salida”, citó Reuters a Abdel-Jalil. “Hay algo detrás de estas manifestaciones que no es bueno para el país”.
“La gente no ha dado al gobierno suficiente tiempo, y el gobierno no tiene suficiente dinero”, dijo  Abdel-Jalil. “Quizá haya retrasos, pero el gobierno lleva sólo dos meses trabajando. Hay que darle una oportunidad de al menos dos meses”.
El gobierno interino suspendió a varios miembros de Bengasi y anunció que formaría un consejo de líderes religiosos para investigar a los funcionarios de gobierno y miembros del consejo acusados de corrupción o de lazos con el gobierno de Gadafi. También postergó la promulgación oficial de la ley electoral.
Tanto el incidente mismo y la respuesta del gobierno fueron recibidos con extendida indignación en Bengasi, de acuerdo a Salwa Bugaighis, abogado y activista política que fue una figura dirigente en la rebelión contra el coronel Gadafi.
“Estamos preocupados”, dijo. “Tenemos miedo de que pueda empeorar”.
Bugaighis dijo que los manifestantes en Bengasi estaban particularmente indignados por las acusaciones de que habían extraviado millones de dólares –y posiblemente miles de millones- de dineros fiscales.
“Quieren transparencia. Quieren que la gente del régimen de Gadafi se marchen”, dijo. “Si no hay transparencia, se derrumbará todo”.
Un miembro del consejo de Bengasi, Fathi Baaja, negó que él o algún otro miembro haya sido suspendido, pese a repetidos informes de lo contrario. Dijo que un grupo islamita –“organizaciones religiosas y predicadores de mezquitas”- del consejo local de Bengasi había pedido las suspensiones, pero dijo que “ellos no tienen derecho a suspendernos”.
Diciendo que él fue uno de los fundadores del consejo, Bajja acusó a los rivales islamitas de ser simpatizantes de Gadafi.
“Trataron de convencer a la gente de que no tenían derecho a rebelarse contra Gadafi, el padre del país. Dijeron que no teníamos derecho a oponernos al jefe de estado, el califa”, dijo Baaja. “Nunca oí que dijeran no a Gadafi. Nunca me puse en la posición de ellos”.
También han habido manifestaciones en la ciudad de Misurata, que está bajo control de un grupo rival y donde los funcionarios dijeron que estaban pensando en convocar a elecciones para formar un nuevo consejo local en febrero, sin la aprobación del consejo nacional.
“Ha habido sentadas y manifestaciones” contra el consejo, dijo Mohamed Benrasali, portavoz del consejo de Misurata. La gente lo “está acusando de falta de transparencia y lentitud y de no hacer nada por la justicia transicional y muchas, muchas cosas”, dijo, agregando: “Creemos que ha cambiado el jefe del régimen, pero el resto sigue igual”.
Tanto las protestas del sábado y sus secuelas políticas mostraron los retos a los que se enfrenta Libia, dijo Fred Abrahams, asesor especial sobre Libia para Human Rights Watch.
“Derrocar a Gadafi probará ser más fácil que elegir a un gobierno representativo y transparente que lo remplace”, dijo.
Críticos del gobierno interino también se quejan de que su rendimiento ha fallado incluso a nivel técnico.
Los servicios básicos todavía no han sido normalizados en algunas áreas, mientras que ciudades que eran consideradas partidarias del coronel Gadafi, como Sirte y Bani Walid, siguen en ruinas meses después del conflicto.
El gobierno interino se ha esforzado por ejercer su autoridad incluso en Trípoli, donde las calles son en gran parte controladas por un mosaico de milicias paramilitares regionales cuyos miembros sólo obedecen a sus propios comandantes, no a las fuerzas de seguridad del gobierno.
Abdel-Jalil también aceptó la renuncia del presidente del Consejo Local de Bengasi, Saleh el-Ghazal, una figura nombrada cuyo remplazo prometió que sería elegido.
Pero el domingo, las autoridades pospusieron la anunciada promulgación de la ley electoral del país, que ha estado salpicada de controversias. Un borrador de la ley que circuló el 2 de enero fue criticado por prohibir que las personas con doble nacionalidad puedan ser candidatos, en un país donde miles de activistas políticos fueron obligados a marcharse al exilio.
También fijó una cuota de diez por ciento de mujeres en el Parlamento, lo que activistas feministas dijeron que era un “insulto”. Antes que elevar la cuota, un borrador revisado dado a conocer la semana pasada anunciaba que la cuota sería anulada completamente.
[David D. Kirkpatrick contribuyó al reportaje desde El Cairo, Kareem Fahim desde Damasco, Siria, y Yusef Sawie desde Trípoli, Libia.]
27 de enero de 2012
22 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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