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[Fue la esposa del autor místico. La ex esposa de Carlos Castaneda creía que una figura clave en sus populares libros espirituales –el chamán mexicano Don Juan- era una ficción extravagante, derivada en parte de conversaciones y actividades que compartía la pareja.]

[Elaine Woo] Eran una pareja improbable: el inmigrante latinoamericano y la viuda de Virginia del Oeste cuyas vidas se cruzaron a mediados de los años cincuenta en Los Ángeles.Pero, según Margaret Runyan Castaneda, ella y Carlos Castaneda eran almas afines cuya vida juntos lo ayudaron a convertirse en un fenómeno de la contracultura.
Carlos escribió ‘Las enseñanzas de don Juan’ [The Teachings of Don Juan], un éxito de ventas de 1968 que relataba sus aventuras inspiradas por el peyote con Don Juan Matus, un chamán mexicano que presuntamente lo guiaba en un reino alternativo habitado por insectos gigantes, brujos y humanos voladores. Presentado como trabajo antropológico, el libro fue acogido por una generación de jóvenes rebeldes que transformaron los años setenta en una traviesa era de experimentación social y farmacológica.
Décadas después de terminado el matrimonio, Margaret escribió su propio libro, que perforaba algunos de los misterios que rodeaban al hombre que llegó a ser visto sea como padrino de la Nueva Era o uno de sus más grandes charlatanes.
“Gran parte de la mística de Castaneda se basa en el hecho de que ni siquiera sus amigos más cercanos saben quién es”, escribió Margaret en su libro ‘A Magical Journey with Carlos Castaneda’, de 1996.
Margaret, que murió a los noventa, dijo que creía que Don Juan era una extravagante creación derivada de múltiples fuentes, incluyendo conversaciones y actividades que compartió con Carlos durante su larga y complicada relación. Ella llegó a describir los libros de su ex marido, entre ellos ‘Una realidad aparte’ [A Separate Reality] (1971)  y otros siete éxitos de venta, como “nuestra biografía”.
Su muerte el 24 de diciembre en Glendale, Arizona, de un ataque cardiaco, fue confirmada por su único sobreviviente, su hijo C.J. Castaneda, también conocido como Adrian Vashon. Su certificado de nacimiento menciona a Carlos como su padre, aunque su padre biológico era otro hombre.
Muchos misterios rodean el legado de Carlos Castaneda, incluyendo si su matrimonio y divorcio de Margaret eran oficiales.
“Ella era una persona encantadora y estaba interesada en las cosas en las que estaba interesado Carlos en ese momento”, dijo Douglass R. Price-Williams, que era profesor de antropología en la Universidad de California en Los Ángeles cuando Carlos estudiaba allá a principio de los años setenta.
“Ella descubrió lo que había detrás de sus mitos, pero no todos”, dijo el profesor. “Estaba confundida. Cualquiera que lo conociera durante un tiempo, quedaba confundido… No me sorprendió en absoluto lo que cuenta en su libro”.

Nacida el 14 de noviembre de 1921 en Charleston, Virginia del Oeste, Margaret Runyan fue la mayor de seis hijos de un granjero lechero que, de acuerdo a su hijo, le leyó todo el Libro del Conocimiento, una popular enciclopedia para niños.
A fines de los años treinta, tras terminar la secundaria, trabajó brevemente para la Union Carbide antes de marcharse hacia el Oeste y establecerse en California. Encontró trabajo en Los Ángeles, en Pacific Bell, llegando a ser la jefa nocturna.
Conoció a Carlos en 1955 cuando la hija de su modista llevó unos vestidos a su departamento. La hija iba con un amigo al que presentó como “Carlos, de América del Sur”.
Para Margaret, una atractiva morena algunos años mayor que Carlos, fue amor a primera vista.
Ella ya se había familiarizado con la filosofía de Neville Goddard, un maestra de metafísica con un floreciente séquito en Los Ángeles. La siguiente vez que vio a Carlos, deslizó su número de teléfono en un ejemplar de un libro de Goddard sobre cómo controlar los propios sueños, un poder que Carlos dijo más tarde que había aprendido de Don Juan. Empezaron a verse y algunos meses después, en 1960, se casaron en México.
De acuerdo a las memorias de Margaret, Carlos la había engañado desde el principio de su relación, contándole, por ejemplo, que había nacido en Brasil y era hijo de un profesor. Documentos legales posteriores demuestran que nació en Perú y era hijo de un orfebre.
Pensaba que Carlos había creado el nombre Don Juan Matus inspirado en el disfrute mutuo del vino Mateus, al que, escribió, “se refería bromeando como su más valioso maestro”.
También sugirió que Carlos se inspiró para estructurar sus libros como conversaciones con Don Juan debido a una observación que ella hizo una vez sobre Platón, que convierte a Sócrates en un personaje de sus famosos diálogos.
“Sus libros son conversaciones que tuvo consigo mismo”, dijo Margaret al escritor Richard de Mille en ‘The Don Juan Papers’, una antología de ensayos críticos de la obra de Carlos.
Escribió con humor sobre las reacciones que provocaba Carlos cuando el mito chocaba con el hombre. Describió, por ejemplo, cómo una joven multitud en una charla universitaria a principio de los años setenta quedó choqueada cuando un hombre de pelo corto y aspecto severo, de traje, entró al aula.
“Todos se miraron en silencio”, escribió. “Este era el proveedor del nuevo misticismo: un tipo que parecía un botones cubano.
Ella y Carlos vivieron juntos como marido y mujer durante sólo seis meses en 1960, separándose de mutuo acuerdo cuando él empezó a desaparecer en viajes los fines de semana. Más tarde explicó que estaba visitando a Don Juan y estaba inmerso en la investigación que inspiraría sus extrañas historias.
A fines de 1960, escribió Margaret, acompañó a Carlos a México para divorciarse. Subsecuentemente conoció a un amigo llamado Adrian Gettirsen y concibió un hijo suyo. Poco después, contó, Carlos le dijo que su divorcio era inválido. Ayudó a criar al chico e insistió en un nuevo certificado de nacimiento en el que aparecía como el padre.
De acuerdo a su libro, finalmente obtuvo el divorcio en 1973, pero su hijo dice que los documentos del divorcio no han sido hallados.
En los últimos años, Carlos dejó de verse con Margaret y su hijo, especialmente después de que el autor entregara la administración de sus asuntos a Cleargreen Inc., una compañía dirigida por sus seguidores. Ella no se enteró de su muerte en 1998, de cáncer, sino dos meses después de su cremación. Su certificado de defunción, como gran parte de su vida, parece reflejar una realidad alternativa: dice que no se casó nunca.
Al final de sus memorias, Margaret describió su último, extraño encuentro.
Ocurrió en 1993, cuando Carlos dio una charla en Santa Mónica para promover su libro ‘El arte de ensoñar’ [The Art of Dreaming].
“Puso sus manos en mis hombros, me besó en las mejillas y expresó su aparente placer de verme”, escribió. “Luego se echó hacia atrás y me miró. Cuando lo hizo, le pregunté si podía firmar el libro que tenía en mi mano… Su respuesta, que nunca había imaginado, fue: ‘Oh, lo lamento. Tengo las manos muy cansadas’”.
Se alejó soplando besos.
30 de enero de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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