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[Raza y jurados de pena de muerte. Editorial NYT.]

En 2009, Carolina del Norte aprobó valientemente la Ley de Justicia Racial, convirtiéndose en el primer estado en el país en brindar a los reos del corredor de la muerte la posibilidad de conmutar la sentencia de muerte por prisión perpetua a firme sobre la base de que la raza jugó un papel importante en la determinación del castigo.Ahora una corte del estado está considerando la primera impugnación de una sentencia de muerte en el marco de esa ley. Marcus Robinson, que se encuentra en el corredor de la muerte desde 1994, debe probar que los fiscales del estado discriminaron a los negros en el proceso de selección del jurado, influyendo en el resultado de los casos, incluyendo el suyo. Sus abogados presentaron un notable estudio de investigadores de la Universidad de Michigan que muestra este tipo de prejuicio.
En 173 casos entre 1990 y 2010, el estudio estudió fallos implicando a 7 mil 421 jurados potenciales (82 por ciento era blanco; 16 por ciento, negro). En 166 casos, donde había al menos un jurado potencial negro, los fiscales rechazaron dos veces más negros del jurado (56 por ciento) que otros (25 por ciento). Con los acusados negros, como Robinson, la disparidad era todavía más grande. Incluso considerando las “explicaciones alternativas” además de la raza para explicar diferentes tasas de rechazo –por ejemplo, excluyendo a los que expresaron ambivalencia sobre la pena de muerte-, el estudio concluyó que era dos veces más probable que los negros fueran rechazados.
Según un caso de la Corte Suprema de 1986, es inconstitucional que un fiscal rechace a un jurado potencial sobre las bases de raza, etnia o género. Pero la corte permitió el rechazo de jurados por otras razones –como su opinión sobre la pena de muerte o incluso su conducta. Los fiscales recurren a menudo a estas razones como pretextos para eliminar a negros de los jurados. La Ley de Justicia Racial de Carolina del Norte permite expresamente la consideración de un patrón que se repite en muchos casos. El estudio constató un patrón recurrente de fiscales del estado discriminando intencionadamente a potenciales jurados en virtud de la raza, aunque un juez hubiera fallado que los jurados potenciales estaban en estado de entregar un veredicto justo y de dictar sentencia en un caso de pena de muerte.
Este prejuicio no es nada nuevo en Carolina del Norte. Desde tiempos coloniales hasta las últimas décadas, el prejuicio racial ha sido un importantísimo factor en la imposición de la pena de muerte en el estado. La Ley de Justicia Racial, una respuesta a esa terrible historia, usa estudios estadísticos para regular la pena de muerte, como determinó la Corte Suprema que ocurrir en un caso en 1987. Los detractores de la ley están luchando por derogarla y han programado una audiencia esta semana. La evidencia de un grosero prejuicio racial en el caso de Robinson, exige la conmutación de su pena, pero también la abolición de la pena de muerte en Carolina del Norte.
[Foto viene de FlatRock.]
11 de febrero de 2012
5 de febrero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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