Home

[Cuando coma, simplemente coma. Desenchufe la electrónica. Al menos de momento concéntrese en el alimento.Coma en silencio.]

[Jeff Gordiner] Trate de hacer esto: coloque un tenedor con comida en su boca. No importa qué alimento sea, siempre que sea algo que usted adore –digamos el primer mordisco de tres ravioles calientes y fragantes, cocinados a la perfección.Ahora viene la parte difícil. Retire el tenedor. Esto podría ser más difícil de lo que imagina, porque ese primer ñasco estaba muy rico y el otro se imponía de inmediato. Tenía hambre.
El experimento actual en comidas, sin embargo, implica estar consciente del impulso reflexivo a abrirse camino a través de su comida como el Monstruo de las Galletas en una galleta de mantequilla. Resista. Deje el tenedor en la mesa. Mastique lentamente. Deje de hablar. Sintonícese con la textura de la pasta, el sabor del queso, el color brillante de la salsa en el cuenco, el aroma del vapor.
Continúe así por el resto de la cena y usted vivirá los placeres y frustraciones que le ofrecerá la apertura del tercer ojo de una práctica conocida como comer con conciencia.
El concepto encuentra sus raíces en las enseñanzas budistas. Tal como hay formas de meditación que incluyen sentarse, respirar, pararse y caminar, muchos maestros budistas estimulan a sus estudiantes a meditar con el alimento, expandiendo la conciencia al prestar estrecha atención a las sensaciones y propósito de cada bocado. En un ejercicio común, un estudiante recibe tres pasas, o una mandarina, para que pase diez a veinte minutos mirándola, cavilando, sosteniéndola y masticando pacientemente.
Últimamente, sin embargo, esos experimentos de la boca y la mente han empezado a filtrarse en una arena secular, desde la Escuela de Salud Pública de Harvard hasta el campus California de Google. A los ojos de algunos expertos, los que parecen los actos más simples –comer lentamente y disfrutar genuinamente de cada bocado- podría ser el remedio para el interminable desfile de nuevas dietas que no parece poder nunca frenar la estampida hacia la obesidad.
Comer con conciencia no es una dieta, ni hay que renunciar a nada. Se trata de vivir el alimento más intensamente –especialmente el placer. Usted podría comerse su hamburguesa de manera consciente. La disfrutaría mucho más. O usted podría decidir, a medio camino, que su cuerpo ya ha tenido suficiente. O que ahora realmente necesita una ensalada.
“Es la anti-dieta”, dijo el doctor Jan Chozen Bays, pediatra y maestro de meditación en Oregón y autor de ‘Mindful Eating: A Guide to Rediscovering a Healthy and Joyful Relationship with Food’. “Creo que el problema fundamental es que comemos de manera mecánica”.
En los últimos años han emergido libros, blogs y videos sobre la comida hiper-consciente. Una nutricionista de Harvard,  la doctora Lilian Cheung, se ha dedicado a estudiar sus beneficios, y está alentando apasionadamente a que lo prueben corporaciones y proveedores de cuidados médicos.
En el Food and Brand Lab de la Cornell University, el profesor Brian Wansink, autor de ‘Mindless Eating: Why We Eat More Than We Think’, ha realizado decenas de experimentos sobre los factores psicológicos que conducen a nuestras interminables comilonas. Un almuerzo con conciencia se convirtió hace poco en parte del programa de Google, y gurús de la auto-ayuda como Oprah Winfrey y Kathy Freston se han transformado en animadoras de la práctica.
Con las anuales comilonas de Acción de Gracias, Navidad y el Súper Tazón del Domingo en el pasado, y acercándose la Cuaresma, vale la pena considerar si el comer a conciencia es algo que la sociedad general deba adquirir. ¿Puede una filosofía cuyos pioneros son monjes y monjas budistas ayudarnos a aprender a vivir sanamente, liberarnos del estrés y deshacernos de muchas de las neurosis que asociamos con el alimento?
La doctora Cheung está convencida de que puede. La semana pasada se reunió con miembros del equipo en el Harvard Pilgrim Health Care y les pidió que pasaran un tiempo con una almendra cubierta de chocolate.
“El ritmo de la vida es cada vez más rápido y más rápido, así que no tenemos la misma conciencia y la misma capacidad para controlarnos”, dijo Cheung, la que, con el monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh, co-escribió ‘Savor: Mindful Eating, Mindful Life’. Es por eso que el comer con conciencia es cada vez más importante. Necesitamos volver a nosotros mismos y preguntarnos: ¿Necesita mi cuerpo todo esto? ¿Por qué estoy comiendo esto? ¿Es simplemente porque me siento triste y estoy estresado?”
El tema incluso se abrió camino en círculos culinarios que tienden a concentrarse más en los excesos rabelesianos que en las restricciones monásticas. En enero, el doctor Michael Finkelstein, un médico holístico que dirige SunRaven, un centro de vida holístico en Bedford, Nueva York, dio una charla sobre la jardinería y el comer con conciencia en la sede de la Fundación James Beard en Nueva York.
“La pregunta no es cuáles son los alimentos que debemos comer”, dijo en una entrevista. “La mayoría de la gente tiene una idea general de lo que son los alimentos sanos, pero no los están consumiendo. Para mí, comer con conciencia es pensar en lo que estás comiendo”.
Un buen lugar donde tratar es en el Monasterio Blue Cliff Monastery, en Pine Bush, Nueva York, un villorrio en el Valle Hudson. En el sereno refugio a cerca de 120 kilómetros al noroeste de Manhattan, laicos curiosos pueden unirse a los hermanos y hermanas budistas en un día de reflexión gratuito dos veces a la semana.
En una reunión en enero, los visitantes miraron una charla en video de Thich Nhat Hanh, que fundó este y otros monasterios en todo el mundo; recorrieron metódicamente el terreno como parte de una meditación caminando, luego se formaron para entrar al comedor para el almuerzo.
Nadie habló, en conformidad con el principio clave del comer con conciencia. El punto es simplemente comer, en contraste con comer y hablar, comer y mirar tele o comer y mirar tele e intercambiar chismes por teléfono mientras tuiteas y te pones al día en Facebook.
Había una larga mesa con el bufete, todo vegano y concienzudamente preparado en la cocina por dos monjes. Había abundante arroz, garbanzos, una sopa hecha con cubos de taro, un guiso de tofu frito en salsa de tomate.
En silencio, la gente apiló sus bandejas con comida, agregaron un chorrito o dos de salsa (el comer con conciencia no significa olvidarse de la salsa picante) y se sentaron con los ojos cerrados durante una oración budista de gratitud y moderación.
Lo que pasó después fue seductor y misterioso. Rodeada por el murmullo de  tenedores, cucharas y palillos, la congregación de Blue Cliff, o sangha, pasó la hora de almuerzo contemplando el goce de las especias, la salobridad, la calidez, la blandura y otras cualidades.
Algunos también estaban pensando sobre los orígenes del alimento: los miles de campesinos, camioneros y jornaleros cuyo trabajo lo trajo hasta aquí.
Mientras movían sus mandíbulas, sus caras adquirían expresiones de profunda concentración. De vez en vez se producía una pausa dentro de la pausa: Sonaría una campanada y, de acuerdo a la costumbre del monasterio, todos dejaban de moverse y masticar para respirar y explorar niveles más profundos de conciencia sensorial.
Parecía apacible, pero dentro de algunas de esas cabezas, se había desatado una guerra. “Es mucho más difícil de lo que nos imaginábamos”, dijo Carolyn Cronin, 64, que vive cerca del monasterio y asiste regularmente a los días de reflexión. “La gente está acostumbrada a comer rápido. Esta es una manera de parar, y no nos damos cuenta cuando no paramos”.
Para muchos, comer rápido significa comer más. El comer con conciencia debe empujarnos más allá de lo que anhelamos, de modo que podamos despertar y entender por qué lo queremos y qué factores podrían estar alimentando el hábito de llenarse la barriga.
“Si practicamos esto regularmente, nos damos cuenta de que no necesitamos comer tanto”, dijo Phap Khoi, 43, un monje togado que ha estado en Blue Cliff desde su fundación en 2007. “Cuando la gente simplemente traga el alimento, comen un montón más y no se sienten satisfechos”.
Es un subproducto de este comer con conciencia –su potencial como barrera psicológica del consumo excesivo- que ha generado excitación entre nutricionistas como Cheung.
“Thich Nhat Hanh habla a menudo sobre nuestras ansias como un bebé que llora para llamar nuestra atención”, dijo. “Cuando el bebé llora, la madre lo acuna para calmarlo inmediatamente. Reconociendo y aceptando nuestras ansias mediante la respiración, podemos impedir que nuestro piloto automático se acerque al helado de crema o a la bolsa de patatas fritas”.
El estadounidense promedio no tiene el lujo de rumiar sobre la intensa acidez de la salsa sriracha en un monasterio. “La mayoría de nosotros no vamos a ser monjes budistas”, dijo Finkelstein, el médico holístico. “Lo que hemos aprendido es que tiene que funcionar en casa”.
Para ese fin, él y otros sugieren que la gente empiece con solo unos pasos. “No sea demasiado riguroso con usted mismo”, dijo Cheung. “No se supone que usted sea capaz de apretar el botón de la conciencia y de hacerlo cien por cien. Es una práctica que se tiene que cultivar”.
Bays, el pediatra, tiene recomendaciones que pueden sonar como un retorno a los simples ritmos de Mayberry, si no de ‘La casa de la pradera’. Si es imposible comer concienzudamente todos los días, considere planificar una comida especial una vez a la semana. Apague la tele. Siéntese a la mesa con sus seres queridos”.
“¿Qué tal si durante los primeros cinco minutos, simplemente comemos en silencio y disfrutamos de nuestro alimento?”, dijo. “Se puede hacer paso a paso”.
A veces incluso ella está demasiado ocupada como para contemplar garbanzos. Así que hay días en que Bays tomará tres sorbos de té, “y luego, ok, tengo que ir a mi trabajo”, dijo. “Cualquiera lo puede hacer. En cualquier parte”.
Incluso engullendo un burrito en el coche ofrece una oportunidad para reflexionar. “El comer con conciencia incluye comer mecánicamente”, dijo. “Sé que estoy comiendo y conduciendo”.
En pocos lugares en Estados Unidos reina una actividad tan frenética como en la sede de Google en Mountain View, California, pero cuando Thich Nhat Hanh pasó de visita para un día de reflexión en septiembre, se aparecieron cientos de empleados.
Parte del evento se dedicó a comer en un reflexivo silencio, y la práctica fue tan bien recibida que ahora el almuerzo vegano de una hora es una observancia en el campus de Google.
“Es interesante que un montón de participantes son ingenieros, lo que nos place mucho”, dijo Olivia Wu, presidente ejecutiva de la compañía. “Creo que calma la mente. Creo que tienen la sensación de ser restaurados de modo que puedan volver al frenesí de donde vienen”.
Después de todo, no ocurre tan a menudo que los técnicos paren y huelan el pesto. “Alguien dirá: ‘Comía mucho menos’”, dijo Wu. “Y algún otro dirá: ‘Sabes, nunca supe lo picante que es la rúcula”.
Y ese podría ser el ingrediente que ayuda a ganar movimiento a la comida con conciencia en la cultura estadounidense: el sabor.
“Hay muchas personas que han desembocado en una relación de hostilidad con el alimento, lo que es muy trágico”, dijo Bays. “Comer debería ser una actividad placentera”.
Si usted no vive en un monasterio budista, usted todavía puede darle una vuelta a la comida en conciencia incorporando algunos gestos y rituales relajados en su insumo habitual de calorías.

Algunos Consejos
Cuando coma, simplemente coma.
Desenchufe la electrónica. Al menos de momento concéntrese en el alimento.

Coma en silencio. Evitar conversar durante treinta minutos puede ser imposible en algunas familias, especialmente con niños pequeños, pero los especialistas sugieren que los novatos empiecen con cortos periodos de silencio.

Hágalo semanalmente. A veces no es posible evitar tragarse unos anillos de cebolla en su cubículo. Pero si  reservas una comida a la semana para comer en silencio, lo que aprendas entonces podría influir en todo lo demás.

Plante un jardín, y cocine. Cualquier cosa que lo vuelva a conectar con el proceso de crear alimentos, magnificará su conciencia.

Mastique pacientemente. No es fácil, pero trate de hacerlo más lentamente, planteándose como objetivo de 25 a 30 masticadas por cada bocado.

Use flores y velas. Póngalas en la mesa antes de comer. Los rituales que crean un ambiente sereno ayudan a fomentar lo que un partidario llama “ese momento de gratitud”.
12 de febrero de 2012
7 de febrero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s