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[New Summerfield, Texas, Estados Unidos] Contrabando derriba a criadores de ciervos en Texas. Billy Powell y su nieto fueron multados y temporalmente suspendidos de la crianza del ciervo, un escándalo que ha sacudido a la industria de 2.8 mil millones de dólares de la caza y crianza del ciervo.]

[Molly Hennessy-Fiske] En Texas, la temporada de caza del ciervo coliblanco se cierra este mes. Normalmente Billy Powell debería estar contando las ganancias por sus servicios a los coleccionistas de astas, o “cuernógrafos” -cazadores que pagan hasta cien mil dólares por cazar uno de esos animales de impresionantes astas. En lugar de eso, el criador de ciervos, 78, está bajo arresto domiciliario y con una tobillera electrónica.
Entretanto, cientos de sus ciervos, parte de una manada que había incluido a sus dos grandes machos, Hit Man y Barry, han sido sacrificados en un escándalo que ha hecho estremecer la industria de 2.8 mil millones de dólares de la caza y crianza del ciervo, la más grande del país.
Powell es uno de los 1.236 criadores inscritos en Texas. Algunos han pagado hasta un millón de dólares por machos de primera categoría, los que cruzan con venados cautivos. Su progenie -103.155 inscritos este año- es criada en corrales y liberada en ranchos con vallas altas desde el principio de la temporada de caza, que va de octubre a fines de enero.
Pero Hit Man y Barry fueron ingresados clandestinamente a Texas desde estados más norteños donde se han detectado dos enfermedades de ciervos.
Después de una investigación federal de cuatro años, Powell pagó un millón y medio de dólares en multas y restitución y se declaró culpable de cargos de contrabando de más de tres docenas de ciervos coliblancos de Illinois, Indiana, Ohio y Pensilvania por un valor superior a ochocientos mil dólares en un periodo de tres años.
Mitch Lockwood, director de caza mayor del Departamento de Fauna Silvestre y Parques de Texas, dijo que Powell puso en peligro los cuatro millones de ciervos salvajes del estado y “toda la industria de la crianza del ciervo en Texas”.
Powell y otros criadores dicen que los inspectores muestran demasiado celo, con la intención de embolsarse suculentas multas que se han convertido en la cuota que corresponde a la agencia por la próspera industria de la crianza del ciervo.
“Fauna Silvestre y Parques no simpatizan con los criadores de ciervos, y harán  cualquier cosa para perjudicarnos”, dijo Powell a principios de mes, luciendo una camiseta adornada con machos y rifles frente a su rancho en New Summerfield, donde los escondites de caza y letreros de “Permisos de caza” salpican los bosques de pino. “Hice mal, pero lo de ellos fue peor”.
Los cazadores clasifican los machos de trofeo de acuerdo a un sistema de puntaje elaborado por el Boone and Crockett Club, de Thedore Roosevelt, en 1887, aunque el club no reconoce a los ciervos de criadero o de vallados altos. El puntaje incluye el largo y circunferencia de las astas. Tradicionalmente los mejores coliblancos de Texas obtienen entre 150 y 160.
Hoy, gracias a la crianza, ciervos gigantescos logran puntajes de 200 o más.
Los criadores dicen que pueden vender semen de machos por hasta 35 mil dólares la muestra para preparar una siguiente generación de astas a la altura de Dr. Seuss.
Los criadores publicitan machos tejanos con pedigrí y nombres famosos y linajes como los de caballos de Carrera: Stickers, Dinero y Golden Boy.
“Es como una estrella del rock: el coliblanco es el animal más solicitado de Texas”, dijo el criador Roy Malonson mientras controlaba su manada de 168 ciervos hace poco en el RS Deer Ranch en las afueras de Houston. “El reto es producir eso”.
Muchos criadores dependen de la inseminación artificial en parte porque hace siete años Texas prohibió la importación de ciervos de fuera del estado para impedir la introducción de la tuberculosis bovina y la caquexia crónica en ciervos, un trastorno neurológico similar a la enfermedad de las vacas locas. Texas no ha tenido nunca un caso de caquexia crónica, que se puede propagar por contacto, pero los inspectores están preocupados porque en otros diecisiete estados sí los ha habido, entre ellos los vecinos Nuevo México y Oklahoma.
Sin embargo, algunos criadores han ignorado la prohibición.
Powell, que hizo dinero administrando viveros, se interesó en el ciervo coliblanco como cazador, y empezó a criarlos como pasatiempo en sus 5 P Farms en los años noventa. Para 2008, su macho Barry, bautizado así en homenaje al hijo mayor de Powell, tenía un puntaje de 440 en la escala de Boone and Crockett, muy por encima el récord mundial del ciervo coliblanco de 333 7/8.
Pero Barry estaba entre los machos introducidos ilegalmente por Powell desde Pensilvania, suficientemente especial como para llamar la atención de los inspectores. (En Pensilvania, el ciervo era conocido como Fat Boy). La investigación empezó después de que Powell colocara un anuncio en la revista de la Asociación de Ciervos de Texas, ofreciendo en venta semen de Barry y de otro macho, Hit Man.
Resultó que Hit Man era en realidad Silver Storm, un bien conocido macho de Indiana.
Barry y Hit Man murieron de causas naturales antes de que las autoridades imputaran cargos contra Powell el año pasado, pero su presencia ayudó a probar la acusación del gobierno. En junio Powell se declaró culpable de introducir ilegalmente 37 ciervos en Texas.
“Tengo la culpa de todo”, dijo Powell.
Karl Kinsel, director ejecutivo de la Asociación de Ciervos de Texas, de San Antonio, dijo que en los últimos años la organización expulsó a Powell y cerca de otros veinte criadores por contrabando y otras violaciones a su código de ética.
“Este negocio se ha vuelto muy rentable; no queremos que venga cualquiera a estropear la ética de la caza”, dijo Kinsel. “No queremos que se crea que todos somos como Billy Powell”.
No hay cómo detectar en ciervos vivos la presencia de la caquexia crónica, y Powell tuvo que pagar a los inspectores, en abril y mayo, cerca de 28 mil dólares para matar y examinar sus 334 ciervos. La mayor parte de ellos fueron despachados con pistolas de pistón, decapitándolos para analizar sus cerebros. Se necesitaron cinco camiones para retirar los cadáveres.
Los inspectores también sacrificaron y analizaron a ciervos de fuera del estado que Powell vendió a criadores. Ninguno dio positivo para caquexia crónica ni tuberculosis bovina.
Los investigadores también acusaron al nieto de Powell. El mes pasado, Blake Powell, 32, se declaró culpable de haber comercializado ilegalmente ciervos, incluyendo los machos Diablo y Thunderstruck, y accedió pagar 400 mil dólares. También tuvo que pagar al estado por el sacrificio de sus animales, que no dieron positivo para ninguna de las dos enfermedades.
Como condición del convenio, los Powell no podrán dedicarse a la crianza de ciervo en Texas durante tres años.
Sin embargo, la sed de las astas es difícil de saciar. Powell lee catálogos que publicitan al venado de Pensilvania que “nunca tuvo un hijo con un puntaje menor a 240”. Pero no es seguro que vuelva a la crianza de ciervos.
“Me han quitado todas las ganas”, dijo.
14 de febrero de 2012
29 de enero de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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