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[Bagdad, Iraq] [Gobierno allana camino para incorporación de la organización terrorista al gobierno de Iraq.]

[Jack Healy y Michael S. Schmidt] Fue una de las organizaciones insurgentes más mortíferas de Iraq en los últimos años, una milicia respaldada por Irán que ha colocado bombas contra convoyes y bases militares, asesinado a decenas de funcionarios iraquíes y tratado de secuestrar a estadounidenses incluso en momentos en que se retiraban los últimos soldados.Pero el gobierno  de dominancia chií del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki ha invitado a la organización militante a integrarse al sistema político iraquí, una medida que podría empujar el centro de gravedad del país hacia Irán. El respaldo oficial a la milicia, que renunció sólo recientemente a la violencia, ha abierto nuevas brechas sectarias en la crisis política de Iraq, mientras fortalece potencialmente a Irán en momentos de crecientes tensiones militares y económicas entre Teherán y Washington.
La organización militante Asaib Ahl al-Haq se separó de la violenta milicia chií dirigida por el clérigo nacionalista antinorteamericano Moktada al-Sáder, que mantiene fuertes lazos con Teherán. Las fuerzas armadas estadounidenses han sostenido durante largo tiempo que la organización, dirigida por un ex portavoz de Sáder, Qais al-Khazali, fue adiestrada y financiada por la unidad de elite de Irán, la Quds Force –lo que Irán niega.
Desde la retirada militar norteamericana el mes pasado, Iraq se ha visto convulsionado por una ola de atentados que han aumentado los temores sobre su estabilidad política. El jueves, atentados con bomba mataron al menos a 68 personas, incluyendo a 44 peregrinos chiíes en un solo atentado en los desiertos del sur, cerca de Nasiriya. Contra ese violento telón de fondo, el gobierno iraquí puede plausiblemente reclamar que su acercamiento a la organización es un intento serio de hacer la paz con un poderoso enemigo armado al mismo tiempo que acerca al país a la necesaria reconciliación nacional.
Miles de otros militantes, tanto suníes como chiíes, han llegado a acuerdos con el gobierno para dejar de pelear, y pocos oficiales creen en una paz significativa en Iraq si no incluye la reconciliación con organizaciones armadas. El jueves, Asaib Ahl al-Haq hizo otro gesto conciliatorio, diciendo que entregaría el cuerpo de un guardaespaldas británico, Alan McMenemy, que fue secuestrado con otros cuatro colegas en 2007, de los cuales sólo uno fue liberado con vida.
Sin embargo, los críticos temen que Maliki, enfrentado a nuevos y difíciles retos a su liderazgo entre suníes e incluso entre sus correligionarios chiíes, puede estar ahora haciendo promesas cínicas y miopes para conseguir el respaldo de Asaib. Dicen que Maliki puede usar las credenciales de la organización como combatientes de la resistencia chií para dividir a los que impugnan su poder en su propia coalición chií y debilitar el poderoso bloque de Sáder, que extrae su fuerza política de los pobres chiíes.
Con esto, el gobierno de Iraq podría envalentonar a una milicia sin antecedentes de paz mientras le da más influencia a Teherán en un país donde Estados Unidos gastó miles de millones de dólares y perdió casi cuatro mil quinientos soldados estadounidenses en casi nueve años de guerra.
“Creo que esta medida del gobierno, de unirse a grupos que no creen en el proceso político pacífico es un paso peligroso”, dijo Osama al-Nujaifi, presidente del Parlamento iraquí y árabe suní. “Usan la política con una mano, y las acciones militares con la otra”.
Además, algunos funcionarios estadounidenses e iraquíes desconfían de si Asaib Ahl al-Haq -que se traduce como Liga de los Justos- está realmente dispuesta a abjurar de la violencia, especialmente con miles de diplomáticos y contratistas de seguridad todavía en el país. Los recientes intentos de Maliki de marginar a la minoría suní del país y consolidar su poder ha amplificado sus temores y, no coincidentemente, precipitó una crisis política.
“Tiene sangre en sus manos, y no es solamente sangre norteamericana”, dijo un alto funcionario militar estadounidense sobre Asaib Ahl al-Haq. “Yo estoy a favor del perdón y la reconciliación, pero ellos están comprometidos con sus amos en Irán, y creo que así será siempre”.
En junio, Asaib Ahl al-Haq y otras milicias que se dice están respaldadas por Irán, lanzaron ataques de misiles contra bases estadounidenses que provocaron la muerte de trece soldados, convirtiendo ese mes en el peor en cuanto a bajas relacionadas con acciones bélicas de las fuerzas militares de Estados Unidos en Iraq desde 2008. Funcionarios militares dijeron también que la organización era responsable de la última muerte en combate de un soldado en Iraq, en un atentado con un artefacto explosivo improvisado en noviembre en Bagdad.
“No es un buen indicio que Maliki esté tan interesado en trabajar con una organización que ha sido responsable de la muerte de tantos estadounidenses”, dijo Marisa Cochrane Sullivan, subdirectora del Instituto para el Estudio de la Guerra en Washington y experta en Asaib Ahl al-Haq. “Que Asaib Ahl al-Haq tenga un rol prominente en el gobierno no es un interés de Estados Unidos”.
El cambio público de Asaib Ahl al-Haq ocurre en un momento delicado para los intereses de Estados Unidos en la región. Una crisis política está consumiendo al gobierno de Bagdad tras la retirada de los militares norteamericanos. Irán, afectado por severas sanciones económicas, amenazó hace poco con cerrar el Estrecho de Ormuz, una vía crucial para sacar el petróleo en el Golfo Pérsico, incluyendo cerca del ochenta por ciento de las exportaciones de petróleo de Iraq.
Ahora que las fuerzas estadounidenses se han marchado y emergen nuevas oportunidades en el fragmentado paisaje político de Iraq, funcionarios iraquíes y comentaristas políticos dicen que los líderes de Asaib Ahl al-Haq han olido el clientelismo, el dinero y la influencia que se manejan en la política iraquí. Parecen ansiosos de seguir la ruta hacia el poder abierta por los compatriotas políticos de Sáder, que controla cuarenta escaños en el Parlamento y siete ministerios.
“Maliki ha estado trabajando en esto y en el contexto de la retirada ha sido capaz de extraerlos del conflicto armado”, dijo un diplomático occidental familiarizado con las conversaciones entre Maliki y la organización.
Todavía queda por ver si Asaib Ahl al-Haq será capaz de dejar alguna marca en la escena política ahora que sus principales enemigos han abandonado Iraq. Los musulmanes suníes desconfían de la historia del grupo, y Sáder y sus seguidores chiíes lo desprecian por lo que consideran que es un traicionero rompimiento público con Sáder.
El gobierno de Maliki ha evitado toda promesa abierta de respaldar a la organización en las próximas elecciones en Iraq. “Damos la bienvenida a los que quieren unirse al proceso político y entregan las armas, independientemente de si son suníes o chiíes”, dijo Hassan al-Suneid, un legislador de la coalición Estado de Derecho, de Maliki.
Funcionarios estadounidenses han hecho esfuerzos por incorporar a una Asaib Ahl al-Haq desarmada en el gobierno de Iraq desde 2009, incluso liberando a Khazali y su hermano Laith de la cárcel.
“Khazali nos estaba contando, cuando estaba siendo interrogado, que ellos estaban dispuestos a deponer las armas”, dijo un diplomático occidental, refiriéndose al fundador de la organización. “Liberamos a esos tipos, que volvieron a Irán y que no han depuesto las armas”.
En una manifestación autorizada la semana pasada en el centro de Bagdad, cientos de miembros de la organización y sus partidarios se reunieron en una plaza pública que había sido previamente el escenario de manifestaciones a favor de la democracia. Durante horas celebraron a los combatientes que lucharon contra las tropas estadounidenses en Iraq, con pancartas y proyecciones de videos de sus mortíferos ataques contra los todoterrenos, tanques y convoyes norteamericanos.
Parado frente al emblema de Asaib –una mano haciendo el signo de la victoria, flanqueada por siluetas de insurgentes-, Khazali elogió a los iraquíes que habían derramado su sangre luchando contra las fuerzas estadounidenses, y dijo que los combatientes habían obligado a retirarse a los norteamericanos.
Más tarde, en una entrevista en el canal de televisión de la organización, Khazali adoptó un tono populista mientras discutía el rol que podría jugar la organización en la política iraquí.
“Queremos que la gente se concentre en su poder, para corregir los errores de los políticos”, dijo. “Conocemos nuestra fuerza y la influencia que podemos ejercer”.
[Yasir Ghazi y Omar al-Jawoshy contribuyeron al reportaje.]
22 de febrero de 2012
6 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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