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[Santa Fe, Argentina] [Morales dirigía procedimientos de secuestro. Al frente de un grupo de tareas.]

«La primera vez que veo a Domingo Morales fue el 23 de marzo de 1977, cuando un grupo de tareas ingresa en mi domicilio, en calle 4 de Enero, donde vivía con mis padres», recordó Anatilde Bugna. «Y cuando digo grupo de tareas me refiero a que estaba integrado por militares, policías y civiles, entre ellos, este señor, a quien luego pude identificar por su nombre, Domingo Morales, que estaba de civil. No era muy alto, cara redonda, pelo largo, de unos 30 años aproximadamente, retacón, no tenía un aspecto atlético. Me llamaron la atención los bigotes: tupidos, oscuros, eran tan llamativos que pensé que eran falsos».
«Morales y otro que estaba con uniforme del Ejército dirigían el procedimiento en mi casa», relató Bugna. «Morales tenía aspecto más formal, a pesar de que estaba de civil. Era imperativo en su tono. Mi padre le preguntó adónde me llevaban y él le contestó que a la Policía Federal, que estaba en calle 1º de Mayo. Nunca me llevaron allí, fui conducida directamente a la comisaría 4ª y luego a ‘La Casita'», agregó.
«Las voces que escuché en ‘La Casita’ eran las mismas de los que estaban de civil cuando fui secuestrada. Entre esas voces estoy segura de que estaba la de aquella persona que dijo que venían a buscarme para hacerme preguntas sobre mi hermano que estaba detenido. Reconocí la voz de quien describí particularmente por sus bigotes y que luego puedo saber que se llama Morales. Además, estoy convencida de que este señor Morales era el encargado del chupadero, debajo de Nicolás Correa (El Tío), que era el jefe. Y aún cuando no podía verlo porque estuve encapuchada, estoy segura que estaba presente en el lugar porque escuchaba su voz».
Bugna dijo que volvió a ver a Morales en el despacho de Perizzotti, en la GIR, después del traslado desde «La Casita». «Me hacen entrar y veo a Perizzotti conversando con Correa, a quien reconozco por su voz. No tengo ninguna duda de que era él. Y en otro escritorio, sentado, vuelvo a ver a Morales, con esos bigotes que tanto me habían llamado la atención en mi casa cuando soy secuestrada. Entro y me dice: ‘Hola, Anatilde’. Sabía quién era, me había monitoreado todo el tiempo de mi detención y aún más, ya que hablaba de mi relación con mi esposo, Juan Perassolo», explicó.
26 de febrero de 2012
©página 12

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