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[Afganistán / Estados Unidos] [Rod Nordland] Esta es una guerra en la que los empleos militares tradicionales, desde cocineros de cantina hasta guardias de base y choferes de convoyes, se han pasado cada vez más al sector privado. Muchos generales y diplomáticos estadounidenses tienen contratistas privados para sus guardaespaldas personales. Y junto con los riesgos, han llegado también las consecuencias: en Afganistán el año pasado murieron más contratistas civiles empleados por compañías estadounidenses, que soldados estadounidenses –por primera vez desde el inicio de la guerra.

Aquí en el país los empleadores estadounidenses tienen la obligación de informar públicamente las muertes de sus empleados, pero frecuentemente no lo hacen. Mientras que las fuerzas armadas comunican los nombres de todas sus bajas en la guerra, las compañías privadas sólo notifican a los familiares. La mayoría de los contratistas mueren muertes que no se anuncian ni cuentan, y en algunos casos dejan sin compensación a los sobrevivientes.
“Encargando fuera de las fuerzas armadas trabajos de alto riesgo que eran anteriormente realizados por soldados, los militares, en efecto, están privatizando el sacrificio último”, dijo Steven L. Schooner, profesor de derecho de la Universidad George Washington, que ha estudiado el tema de las bajas civiles.
El año pasado, al menos 430 empleados de contratistas estadounidenses murieron en Afganistán: 386 que trabajaban para el Ministerio de Defensa, 43 para la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y uno para el Departamento de Estado, de acuerdo a datos proporcionados por la embajada estadounidense en Kabul y hechos públicos en parte por el Departamento del Trabajo de Estados Unidos.
En comparación, el año pasado murieron en Afganistán 418 soldados estadounidenses, de acuerdo a estadísticas del Ministerio de Defensa compiladas por icasualties.org, una organización independiente que se dedica al seguimiento de las bajas de guerra.
Esa tendencia ha estado creciendo en los últimos años en Afganistán y replica una tendencia similar en Iraq, donde las muertes de contratistas superaron las bajas militares ya en 2009. Sin embargo, en Iraq, eso ocurrió mientras se reducía drásticamente el contingente de tropas estadounidenses como parte de la retirada de fines del año pasado. Y el año pasado, murieron más soldados que contratistas privados en Iraq (54 en comparación con 41, de acuerdo a cifras del Ministerio del Trabajo).
Los expertos que han estudiado el fenómeno dicen que debido a que muchos contratistas no cumplen con las actuales exiguas exigencias de información, el verdadero número de muertes de contratistas privados puede ser mucho más alto. “Nadie cree que estemos manipulando las bajas militares”, dijo Schooner. “Pero todo el mundo cree que no se están informando todas las muertes de contratistas privados”.
Qais Mansoori, 20, puede haber estado entre las muertes no comunicadas. Un intérprete afgano empleado por la Mission Essential Personnel, un importante proveedor de intérpretes en Afganistán, Mansoori murió con otros cinco intérpretes cuando los insurgentes talibanes asaltaron la base militar donde estaban alojando en el distrito de Mirwais en la provincia de Kandahar en julio de 2010.
Ese ataque, como otros, apenas si fue reportado, debido a que no murió ningún soldado –aunque el número de bajas fue de diecisiete, incluyendo un civil estadounidense no identificado, de acuerdo a funcionarios afganos y amigos y familiares de Mansoori.
Según la Ley Base de Defensa federal, los contratistas de la defensa estadounidenses están obligados a informar las muertes y lesiones de sus empleados en zonas de guerra –incluyendo subcontratistas y trabajadores extranjeros- al Ministerio del Trabajo, y proporcionar a los empleados seguros médicos y compensaciones. En el caso de los trabajadores extranjeros, que eran muchas de las bajas mortales, los sobrevivientes reciben generalmente una pensión por defunción de por vida igual a la mitad del salario del empleado; los empleados estadounidenses reciben todavía más.
El hermano de Mansoori, Mohammad, 35, empleado de una organización benéfica que se dedica a la remoción de minas en Afganistán, dijo que el empleador de su hermano, la Mission Essential Personnel, se contactó pronto con la familia e hizo un pago único de diez dólares mil con cuatro centavos, sin mencionar nunca la renta vitalicia a la que tenían derecho –la que, dado el salario de Mansoori de ochocientos dólares al mes, se acercaría a los 150 mil dólares. “Me gustaría que todavía estuviera aquí para que cuidara de mi padre y madre”, dijo Mohammad Mansoori. Su padre es ciego, y Qais Mansoori era el único sostén de sus padres, dijo.
Un portavoz de la Mission Essential Personnel, Sean Rushton, cuestionó el caso, diciendo que su compañía ha estado haciendo pagos quincenales de 190 dólares a la familia de Mansoori y seguiría haciéndolo en los próximos veintinueve años. El pago de un importe único de diez mil dólares con cuatro centavos fue una ayuda voluntaria para gastos fúnebres pagada por la compañía, dijo Rushton.
Había en Afganistán en enero de 2012, 113.491 empleados de contratistas de la defensa, en comparación con los cerca de noventa mil soldados estadounidenses, de acuerdo a estadísticas del Ministerio de Defensa. De estos, 25.287, o cerca del 22 por ciento de los empleados, eran ciudadanos estadounidenses, con un 47 por ciento de afganos y 31 por ciento de otros países.
El grueso de las bajas de contratistas conocidas se concentraron en un puñado de importantes compañías, especialmente las que proveen intérpretes, choferes, guardias de seguridad y otro personal de apoyo, que son particularmente vulnerables a los ataques.
La contratista más grande en términos de las muertes en zona de guerra es aparentemente el gigante de la defensa L-3 Communications. Si la L-3 fuera un país, ocuparía el tercer lugar en términos de pérdidas de vidas en Afganistán e Iraq; en términos de bajas mortales, sólo la superarían Estados Unidos y Gran Bretaña.
En los últimos diez años, L-3 y sus filiales, incluyendo la Titan Corporation y MPRI Inc., perdieron al menos 370 trabajadores y 1.789 quedaron gravemente heridos en 2011 en Iraq y Afganistán, según muestran los archivos. En una declaración, una portavoz de L-3, Jennifer Barton, dijo: “L-3 se siente orgullosa de tener la oportunidad de apoyar las campañas de Estados Unidos y la coalición en Iraq y Afganistán. Lamentamos el fallecimiento de estas dedicadas personas”.
Otras compañías estadounidenses con un alto número de bajas son la Supreme Group, una empresa de comidas y bebidas, con 241 bajas hasta fines de 2011; la Service Employees International, otra empresa del mismo rubro; y compañías de seguridad como DynCorps (101 muertos), Aegis (86 muertos) y Hart Group (63 muertos). En total, de acuerdo al Ministerio del Trabajo, 64 compañías estadounidenses han perdido más de siete empleados cada una en los últimos diez años.
Las bajas estadounidenses incluyen personas como James McLaughlin, 55, que adiestraba a pilotos en un contrato con MPRI y fue asesinado por un piloto afgano que también mató a ocho soldados estadounidenses en abril pasado; y Todd Walker, Michael Clawson y James Scott Ozier, empleados de AAR Airlift, que murieron el mes pasado en la provincia de Helmand en un accidente de helicóptero por el que el Talibán reclamó responsabilidad. Por cada contratista muerto, muchos más quedan gravemente heridos. De acuerdo a las estadísticas del Ministerio del Trabajo, 1.777 contratistas estadounidenses en Afganistán quedaron lesionados o suficientemente malheridos como para perder más de cuatro días de trabajo el año pasado.
Marcie Hascall Clark empezó el blog Defense Base Act Compensation después de que su marido, Merlin, ex especialista para la inutilización de artefactos explosivos de la Armada, quedó herido en 2003 mientras trabajaba para un contratista estadounidense. Ella y su marido han pasado los últimos siete años de sus vidas luchando por los cientos de miles de dólares en pagos por invalidez y compensación médica. “Fue terrible enterarnos que el cuerpo, la mente y el futuro de mi marido tengan tan poco valor”, dijo.
[Taimoor Shah contribuyó al reportaje desde Kandahar, Afganistán.]
26 de marzo de 2012
3 de marzo de 2012
12 de febrero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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