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[Tras revelarse las numerosas víctimas civiles durante el bombardeo de Libia, la OTAN persiste en negarse a colaborar con Naciones Unidas para descubrir cómo se produjeron lo que las fuerzas occidentales llaman errores. Editorial NYT.]

Errores trágicos a menudo acompañan a las operaciones de combate, incluso cuando los objetivos militares son humanitarios. Eso es lo que parece que ocurrió en el pueblo agrícola libio de Majer en agosto pasado. En medio de la confusión sobre un avance de los rebeldes y la retirada de las fuerzas leales al gobierno de Gadafi, sucesivos bombardeos de la OTAN mataron al menos a 34 civiles libios, incluyendo mujeres y niños, de acuerdo a periodistas, organizaciones de derechos humanos e investigadores de Naciones Unidas.
La negativa de la OTAN a investigar completamente y revelar qué ocurrió en Majer y otros lugares donde hay denuncias fidedignas de bajas civiles quiere decir que la alianza no podrá aprender nada de estas tragedias. Ha echado una cortina sobre un ataque realizado con razones legítimas, que probablemente ha salvado la vida de decenas de miles de libios de manos de la mortífera venganza de Moamar al-Gadafi.
Los estrategas de la OTAN han hecho esfuerzos extraordinarios para minimizar las bajas civiles. Los aviones de guerra utilizan exclusivamente bombas inteligentes, que son guiadas por láser o satélite, hacia blancos definidos con claridad. Las directrices para efectuar un bombardeo excluyen el ataque contra blancos militares legítimos si este pone en peligro a civiles. Pero las bombas inteligentes no son más precisas que los datos usados para programarlas y los pilotos que vuelvan a altas velocidades sólo pueden evitar a los civiles que conocen. La mayoría de los blancos atacados en Libia no fueron pre-planeados sino escogidos durante el vuelo sobre la base de informaciones incompletas.
La OTAN insiste inverosímilmente que no sabía nada de bajas civiles “confirmadas” durante la campaña de bombardeos contra Libia que duró siete meses. “Confirmadas”, como señaló nuestro colega C.J. Chivers en el Sunday’s Times, quiere decir confirmadas por la OTAN, que ha mostrado poco interés en investigar denuncias independientes creíbles de bajas civiles, incluyendo un memorándum de veintisiete páginas presentado por el Times el año pasado documentando nueve ataques diferentes de los que había evidencias de víctimas civiles.
La OTAN también se ha negado a colaborar, sobre bases de competencia, con una comisión de expertos internacional nombrada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, dirigida por el distinguido juez canadiense Philippe Kirsch. Esa no es una respuesta aceptable, ni para los libios ni para la OTAN.
Si los líderes de la OTAN persisten en resistirse a una pesquisa pública, en concierto con Naciones Unidas o la OTAN misma, el presidente Obama y otros líderes políticos de la alianza deberían ejercer presión sobre ellos para que cambien de opinión.
18 de abril de 2012
30 de marzo de 2012
©new york times
http://www.nytimes.com/2012/03/30/opinion/natos-duty.html?ref=opinion
cc traducción c. lísperguer

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