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[Estambul, Turquía] [Algunos países árabes -Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos- están pagando las armas y los salarios de las fuerzas paramilitares de la oposición libia. Ahora también lo hará Estados Unidos. Occidente se aproxima a una intervención militar directa.]

[Steven Lee Myers] Este domingo, Estados Unidos y decenas de otros países se acercaron un poco más a una intervención directa en el conflicto sirio, los países árabes comprometieron cien millones de dólares para pagar a los paramilitares de la oposición y el gobierno de Obama accedió a enviar equipos de comunicaciones para ayudar a los rebeldes a organizar y evadir a los militares sirios, de acuerdo a los participantes reunidos aquí.
Las medidas reflejan un creciente consenso, al menos entre los funcionarios que se reunieron aquí este fin de semana bajo la convocatoria de “Amigos de Siria”, de que los esfuerzos de intermediación del enviado de paz de Naciones Unidas, Kofi Annan, habían fracasado en cuanto a frenar la violencia que va ya entrenado en su segundo año en Siria y que se necesitan acciones más resueltas.
Con Rusia y China bloqueando las medidas de Naciones Unidas que podrían abrir el camino a una intervención militar, los países alineados contra el gobierno del presidente Bashar al-Assad trataron de reforzar a la sitiada oposición armada siria a través de medios que parecen estirar la definición de ayuda humanitaria y borronear la distinción entre la ayuda llamada letal y no letal.
No existe un acuerdo para armar a los rebeldes, a lo que han llamado países como Arabia Saudí y algunos miembros del Congreso, debido en gran parte a la incertidumbre que existe sobre quién exactamente recibiría las armas.
Sin embargo, la oferta de proporcionar salarios y equipos de comunicaciones a los paramilitares conocidos como el Ejército Libre de Siria –con la esperanza de que el dinero pueda estimular a desertar a los soldados del gobierno, dijeron funcionarios- está llevando a la incierta coalición de los Amigos de Siria al borde de una guerra por encargo contra el gobierno de Assad y sus amigos internacionales, principalmente Irán y Rusia.
La ayuda a los combatientes rebeldes en momentos en que las fuerzas armadas sirias continúan con una brutal represión, podría empeorar un conflicto que ya ha provocado al menos nueve mil muertes y está mostrando síntomas de convertirse en una guerra civil religiosa. Algunos dicen que permitir que triunfe la rebelión es ahora la mejor apuesta para poner fin más pronto a la inestabilidad y la carnicería.
“Quisiéramos ver un Ejército Libre de Siria más fuerte”, dijo ante cientos de líderes del mundo y otros personeros reunidos aquí Burhan Ghalioun, líder del Consejo Nacional Sirio, una dispar asociación de líderes de la oposición que viven en el exilo. “Estas responsabilidades deberían correr a cargo de la comunidad internacional”.
Ghalioun no se refirió directamente a la ayuda económica de los países árabes, incluyendo Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, pero agregó: “Es hora de actuar”.
Pero para algunos en Siria, la ausencia de promesas de armas eclipsó de lejos la ayuda económica y en comunicaciones. Mohamed Moaz, activista en los suburbios de Damasco que coordina a los paramilitares rebeldes, acusa a Ghalioun de ser responsable de la incapacidad de unificar a los países reunidos para que envíen armas, llamándolo “socio con el régimen en estos crímenes”.
“Soy el único que vio esta conferencia en nuestro vecindario, debido a que no hay electricidad y a la gente no le preocupa”, dijo. “Miré el programa solamente porque Al Yazira quería mi comentario”.
En la conferencia, la secretaria de estado Hillary Rodham Clinton dijo que Assad había rechazado los esfuerzos de Annan para alcanzar el fin del conflicto y empezar una transición política. Dijo que habían empezado nuevos ataques en las provincias de Idlib y Aleppo en la semana misma en que Assad aceptó públicamente el plan, que no exige que renuncie, sino más bien impone una tregua de inmediato, que debiera ser seguida por negociaciones con la oposición.
“El mundo debe juzgar a Assad por lo que hace, no por lo que dice”, dijo Clinton en una declaración ante funcionarios sentados a una enorme mesa rectangular del tamaño de una cancha de baloncesto. “Y ya no podemos esperar más”.
Molham al-Drobi, miembro del Consejo Nacional Sirio, dijo que la oposición había prometido 176 millones de dólares en ayuda humanitaria y cien millones para pagar los salarios de los últimos tres meses de los paramilitares que luchan en Siria. Algo de dinero ya ha sido enviado a los milicianos, dijo, incluyendo medio millón de dólares la semana pasada a través de “un mecanismo que de momento no puedo revelar”.
Expresó consternación por la falta de más ayuda material para poner fin al ataque de las fuerzas de seguridad sirias. “Nuestra gente está siendo asesinada en las calles”, dijo en los pasillos de la conferencia. “Si la comunidad internacional prefiere no hacerlo ella misma, debería al menos ayudarnos a hacerlo dándonos luz verde, proporcionándonos armas y todo lo que sea necesario”.
Clinton anunció doce millones de dólares adicionales en ayuda humanitaria para organizaciones internacionales activas en Siria, llevando el total estadounidense de momento a veinticinco millones de dólares, de acuerdo al Departamento de Estado. También confirmó por primera vez que Estados Unidos ha proporcionado equipos de comunicaciones por satélite para ayudar a los que están en territorio sirio a “organizar, evadir los ataques del gobierno”, y permanecer en contacto con el mundo exterior. Y de acuerdo al Consejo Nacional Sirio, la ayuda estadounidense incluirá gafas de visión nocturna.
“Estamos conversando con nuestros socios internacionales cómo mejor ampliar esta ayuda”, dijo Clinton.
Los países que proporcionan la mayor parte para los salarios –Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos- han sido durante largo tiempo feroces enemigos del gobierno de Assad, lo que refleja el cisma religioso en el mundo árabe entre chiíes y suníes. Assad y su círculo íntimo son alawitas, una minoría chií que sin embargo ha dominado la vida económica y política de Siria, pese a su población suní mayoritaria. También tiene grupos religiosos cristianos y otras sectas más pequeñas.
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, anfitrión del encuentro del domingo, llamaron al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a actuar, diciendo que el gobierno sirio estaba utilizando ostensiblemente su aceptación de la iniciativa de Annan para ganar tiempo. “Si el Consejo de Seguridad duda, no habrá otra opción que apoyar el legítimo derecho del pueblo sirio a defenderse a sí mismo”, dijo. Se espera que Annan informe a los quince miembros del consejo este lunes en Nueva York.
Erdogan enfatizó que Turquía, en el pasado un estrecho aliado de Siria, no tenía intenciones de interferir allá, pero que el mundo no podía quedarse mirando mientras la oposición se marchitaba en un enfrentamiento desigual con las modernas armas del gobierno. “No están solos”, tronó. “Nunca estarán solos”.
Una declaración final de la reunión del domingo llama a Annan a “determinar un cronograma” para los siguientes pasos en Siria. Cuáles serán esos pasos sigue siendo tan incierto como desde que el gobierno de Assad empezara su represión del descontento popular a principios de año.
La violencia continuó el domingo, con el bombardeo del barrio de Jalidiya en Homs y otras áreas de la ciudad en lo que según activistas fue el veintiún día consecutivo. Se produjeron enfrentamientos en muchas zonas en los suburbios de Damasco y los activistas informaron que tropas del gobierno dispararon con ametralladoras pesadas en varias áreas de la sureña provincia de Dará. Los Comités de Coordinación Locales, una coalición de organizaciones de activistas en Siria, reclamó durante la noche que dieciocho personas habían sido ejecutadas por fuerzas del gobierno en la provincia. La organización también subió el video de una demostración en la calle Khalid Ibn al-Waleed en el centro de Damasco.
Las restricciones que impone Siria a los periodistas hacen imposible confirmar estos informes.
Los objetivos explícitos del Departamento de Estado en la conferencia en Estambul reflejan las limitaciones a las que hacen frente Estados Unidos y otros países sin un apoyo internacional más amplio para una intervención militar como en Libia el año pasado. Las propuestas de crear zonas neutrales y corredores humanitarios han recibido escaso apoyo.
Estados Unidos y otros países acordaron el domingo formar un “grupo de trabajo” dentro de los países reunidos aquí para vigilar a los países que continúan armando o apoyando de otro modo al gobierno de Assad para “básicamente para denunciar y avergonzar a esas entidades, individuos, países, que están evadiendo las sanciones”, como lo dijo un alto funcionario estadounidense. También acordaron apoyar esfuerzos para documentar actos de violencia de tropas sirias que puedan más tarde usarse como evidencias en procesos si el gobierno de Assad finalmente es derrocado.
[Sebnem Arsu contribuyó al reportaje desde Estambul, y Anne Barnard y Hwaida Saad desde Beirut, Líbano.]
19 de abril de 2012
1 de abril de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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