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[Seattle, Estados Unidos] [Un proyecto para legalizar la marihuana para todos los usuarios adultos, y no solamente los enfermos, topa con la oposición de la industria de la marihuana médica.]

[Dominic Holden] Era enero de 1998 cuando un amigo y yo nos dirigíamos hacia un sótano en el sur de Seattle para preparar una plantación de marihuana. Estábamos aterrados. Si la policía nos paraba, ¿cómo íbamos a explicar las bolsas de fertilizante de rápido crecimiento… en invierno?
Pero teníamos que ir. Un amigo estaba viviendo las últimas fases de una enfermedad muscular degenerativa. Pasaba todo el día confinado en algo que parecía un cruce entre una cama de hospital y un caballete. Fumar marihuana mitigaba su dolor; después de que su esposa llevaba el porro a sus labios, tomaba sopa. Se ponía a mirar tele. Se reía.
Entonces cultivar marihuana era ilegal, pero historias como la nuestra, y una fuerte campaña pública, convenció al 59 por ciento de los votantes del estado de Washington para legalizar la marihuana médica ese otoño. En los catorce años que han pasado desde entonces, ha emergido toda una industria para atender a pacientes incapacitados, como mi amigo, que no podían cultivar ellos mismos. Los médicos escriben recetas, los dispensarios venden la mercancía, florecen las revistas especializadas.
A ojos de la mayoría de los opositores, y muchos partidarios de suavizar las leyes de la marihuana, se supone que la marihuana médica es una resbaladiza pendiente hacia la legalización total. Pero en Washington está ocurriendo lo mismo: una importante iniciativa para legalizar la marihuana para todos los adultos, sobre lo que deberá votarse este otoño, es rechazada por la industria de la marihuana médica que había elaborado la iniciativa previa.
La Iniciativa 502, como se conoce el proyecto, permitiría que las personas mayores de veintiún años puedan poseer hasta veintiocho gramos de marihuana sin que eso constituya delito. El estado emitiría permisos para los productores, distribuidores e incluso tiendas de marihuana, que podrían venderla directamente al público, como la cerveza.
El proyecto, respaldado por John McKay, ex fiscal general, y Rick Steves, escritor de libros de viaje, es más que la defensa de los derechos de los marihuaneros: legalizar y regular el mercado de la marihuana es quitarle las ganancias a los carteles criminales extranjeros al mismo tiempo que se ayuda al atribulado presupuesto del estado. Los funcionarios calcularon hace poco que la medida podría generar hasta 606 millones de dólares en impuestos sobre la renta durante el primer año.
Todos los sondeos recientes excepto uno, muestran que la mayoría de los votantes en Washington están ahora dispuestos a aprobar la iniciativa. Pero el apoyo ha menguado desde el otoño pasado, hasta el 51 por ciento, de acuerdo a SurveyUSA. Este desfalleciente entusiasmo se relaciona con los crecientes intentos de frenar la iniciativa.
A fines de febrero, el doctor Gil Mobley, médico de una clínica local que cuenta con autorización para expender marihuana, empezó una campaña, llamado No on I-502, un nuevo nombre para una organización que, antes, se llamaba a sí misma Patients Against I-502. Anticipa que las donaciones de abogados y doctores, dijo su tesorero, Anthony Martinelli, y los dispensarios de marihuana también pueden financiar toda una serie de anuncios de televisión.
La campaña afirma que una disposición en la Iniciativa 502 penalizaría a los usuarios de marihuana médica que conducen con THC activo, el componente psicoactivo de la marihuana, en su sangre incluso días o hasta una semana después de la última que se colocaron. (Todo conductor que exceda el límite de cinco nanogramos de THC por milímetro de sangre sería inmediatamente considerado culpable de conducir bajo la influencia de substancias.) También se quejan de que la ley tendría tolerancia cero para conductores de menos de 21 años con THC activo en su sangre. Martinelli llega incluso a decir que la medida “prohibirá conducir a los usuarios de cannabis”.
La campaña anti-502 también explota los temores por las libertades civiles. Una elegante revista sobre la marihuana médica, Dope, advirtió hace poco que los pacientes deberán solicitar permiso si quieren cultivar marihuana y que el Servicio de Control de Drogas (Drug Enforcement Administration) podría acceder a sus datos.
Este tipo de oposición no es territorio político desconocido: en 2010 un grupo de dispensarios de marihuana médica se unieron para ayudar a derrotar una iniciativa para legalizar la marihuana en California.
¿Cuál es la amenaza? Un mercado legal y regulado para todos los consumidores -no solamente para las personas enfermas- terminaría con la demanda de un nicho para la industria de la marihuana médica.
“La industria de la marihuana médica se mueve por las ganancias”, dijo Allen St. Pierre, director ejecutivo de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre la Marihuana, que apoya la legalización de la marihuana médica. “No la mueve la compasión. La mueve la necesidad de hacer dinero”.
Lo que es más, la oposición ni siquiera tiene un argumento convincente. No he encontrado ni un solo estudio científico que muestre que incluso los más pesados usuarios de marihuana excedan el umbral de cinco nanogramos después de veinticuatro horas. Y los ataques por las libertades civiles son simplemente deshonestos. Las reglas seguirán siendo las mismas que las actualmente vigentes para la marihuana médica: no se requiere ninguna inscripción y no existen bases de datos [con los nombres de los usuarios].
Por su parte, los críticos de I-502 insisten en que no tienen motivos económicos y que apoyan la legalización, no solamente esta iniciativa y sus regulaciones DUI. Pero es un poco extraño defender el status quo, en el que casi diez mil personas son detenidas en Washington por tenencia de marihuana todos los años, sobre la base de las libertades civiles. Y no es que los votantes vayan a aceptar una ley que no incluya restricciones sobre el consumo y la conducción.
Este otoño el estado de Washington tiene la posibilidad de desviar las ganancias que obtienen los carteles de la droga al mismo tiempo que pone fin a las insensatas detenciones, o dejar que prevalezca el status quo. Es una opción simple, particularmente porque las preocupaciones de la industria de la marihuana médica son, en el mejor de los casos, maniobras de distracción.
[Dominic Holden es editor de noticias de The Stranger, un semanario de Seattle.]
26 de abril de 2012
13 de abril de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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