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[El tráfico sexual es igual de inaceptable en Estados Unidos que en Tailandia o Nepal.]

[Nicholas D. Kristof] Si usted cree que el tráfico sexual sólo ocurre en países remotos como Nepal o Tailandia, entonces debería oír lo que dice un experto sobre el tráfico sexual en Estados Unidos al que entrevisté el otro día.
Pero, primero, deséele feliz cumpleaños. El jueves cumple dieciséis.
Me pidió que la llamara Brianna en esta columna porque teme que pueda interferir con su proyecto de estudiar derecho si uso su nombre verdadero. Brianna, que se crió en Nueva York, es lista, asertiva, y le encanta escribir poesía.
Una tarde, cuando tenía doce, peleó con su mamá y se escapó de casa para ir a ver a sus amigos. “No quería volver a casa, porque pensaba que me metería en problemas”, dijo, y un amigo de su hermano mayo le dijo que se podía quedar en su casa.
Brianna pensó que volvería a casa al día siguiente, y eso sería el castigo para su mamá. Pero cuando llegó la mañana, también empezó su nueva vida.
“Traté de marcharme y me dijo: ‘No puedes. Eres mía’”, recordó Brianna. Le dijo que él era un chulo y que ella era ahora su propiedad.
El chulo la encerró en el cuarto y empezó a golpearla y darle afecto alternadamente. Ella dice que él la publicitó en Backpage.com, el sitio más importante de la red para el tráfico sexual en Estados Unidos hoy, y en otras páginas.
“Él pensaba que Backpage le daba más dinero”, dijo Brianna, calculando que la mitad de los contactos del chulo se hacían a través de Backpage.
Backpage da cuenta de cerca del setenta por ciento de los anuncios de prostitución en Estados Unidos (muchos son colocados por adultos consintientes que no son parte del tráfico), de acuerdo al AIM Group, una organización gremial. Backpage coopera con la policía y trata de detectar los anuncios de chicas menores de edad, pero eso no ayudó a Brianna.
Backpage es propiedad de Village Voice Media, y en los últimos años una importante minoría de las participaciones ha sido comprada por Goldman Sachs y otras firmas financieras menores, como Trimaran Capital Partners y Alta Communications. Mi investigación muestra que representantes de Goldman, Trimaran y Alta, junto con un fundador de Brynwood Partners, eran todos miembros del directorio de Village Voice Media, y no hay indicios de que hayan protestado alguna vez contra sus objetivos comerciales.
Cuando escribí hace poco sobre esto, estas firmas estallaron en excusas y autocompasión, y en algunos casos corrieron a liquidar sus participaciones. Me sorprendió el ensimismamiento y narcisismo de los banqueros de Wall Street que se ven a sí mismos como víctimas, así que quizá sea útil escuchar a las chicas que fueron victimizadas gracias a la compañía en la que invirtieron.
Me encontré con Brianna en Gateways, un centro de tratamiento para niñas que han sido víctimas del tráfico sexual. Fue en Pleasantville, 56 kilómetros al norte de Nueva York, en una extensa propiedad administrada por la Jewish Child Care Association. Gateways trabaja con niñas de doce a dieciséis años, aunque ha aceptado a una que acababa de cumplir los once. Prácticamente todas las chicas habían sido vendidas en Backpage, de acuerdo a Lashauna Cutts, directora del centro.
Gateways tiene solo trece camas y Cutts dice que la necesidad es tan aguda que podría fácilmente llenar mil trescientas. “Tengo que rechazar a niñas casi todos los días”, me dijo Cutts.
A veces el público asume que las chicas en el comercio sexual están trabajando voluntariamente, sin coerción. Es verdad que la mayoría de ellas no son físicamente encerradas por chulos, pero las amenazas y la violencia son pan de cada día. Las niñas explican que no trataron de escapar debido a una compleja red de emociones, incluyendo el miedo al chulo, pero también a un afecto engañoso y algún grado de síndrome de Estocolmo.
Una vez, cuenta Brianna, miró por la ventana y vio a su madre en la calle, llorando y pegando carteles de “persona desaparecida” con su foto.” Traté de gritarle por la ventana”, recordó. Pero el chulo la cogió por el pelo y la alejó de la ventana. “Si gritas, te mato”, le dijo él.
“Pensaba que si trataba de correr me podía matar, o hacerme daño”, dijo. “Y si iba a la policía, pensaba que yo sería la que tendría problemas, que me mandarían a la cárcel”.
Los chulos instruyen a las chicas a desconfiar de la policía, y a menudo tienen razón. Bridgette Carr, que dirige una clínica para víctimas del tráfico humano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan, habla de una chica de dieciséis que desapareció. Un familiar encontró una foto de la niña en Backpage y lo denunció a las autoridades. La policía allanó el cuarto del motel del chulo y “rescató” a la chica –esposándola y deteniéndola durante tres semanas.
Esa manera de pensar tiene que cambiar. La policía y la fiscalía deben atacar a los chulos y a los puteros, no a las víctimas adolescentes. Las niñas que han sido víctimas del tráfico merecen refugios, no cárceles, y los emporios online como Backpage deberían dejar de amparar a chulos. El tráfico sexual es igual de inaceptable en Estados Unidos que en Tailandia o Nepal.
28 de abril de 2012
19 de abril de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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