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[Otro ha sido ejecutado, aun teniendo la práctica certeza de que era inocente. Editorial NYT.]

Carlos DeLuna, que fue ejecutado por el estado de Texas en 1989, fue casi ciertamente condenado injustamente por el mortal acuchillamiento de una joven durante el asalto de una bencinera en Corpus Christi. Carlos Hernández, que murió en una cárcel tejana mientras cumplía condena por el apuñalamiento de otra persona, casi ciertamente mató a la joven y contó a otros, repetidas veces, que él había cometido el asesinato.
Este caso es el tema de un extraordinario proyecto de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia, que este fin de semana publicó una extensa versión –titulada ‘Los tocayos Carlos’, o ´El tocayo de Carlos’- que detalla los errores de la investigación y juicio contra DeLuna desde el momento de su detención.
Texas ha ejecutado a 482 personas desde que reintrodujera la pena de muerte en 1982, cuatro veces más que cualquier otro estado. En el caso de DeLuna se cometió probablemente un grave error judicial. Pero los errores documentados por el profesor James Liebman y su equipo se encuentran rutinariamente en otros casos capitales en Texas y otros estados.
En 2006, el Chicago Tribune presentó evidencias que arrojaban dudas sobre la sentencia de DeLuna, en gran parte en base a la investigación inicial de Liebman. Esta versión, basada en nuevas evidencias y más de treinta meses de investigación, respalda una conclusión cada vez más firme de que Texas ejecutó a un inocente.
Muestra un trabajo policial groseramente inepto que dejó de lado evidencias críticas; evidencias poco fiables, como la patentemente incorrecta identificación de testigos de DeLuna cuando era metido, esposado, a un coche policial; repetidas faltas de la fiscalía, como no entregar evidencias atenuantes; y un abogado incompetente, que no hizo ninguna investigación para encontrar apoyo para la declaración de inocencia de su cliente y no presentó evidencias atenuantes en la fase de la sentencia del juicio, para evitar la pena de muerte.
Carroll Pickett, un capellán del sistema carcelario de Texas, presidió la ejecución de DeLuna –ha presenciado 95 ejecuciones. Después de salir del sistema carcelario, declaró su oposición a la pena capital como “un cáncer en nuestra sociedad” y un fracaso como forma de castigo. Un nuevo análisis del caso de DeLuna proporciona pruebas adicionales de que tiene razón.
17 de mayo de 2012
16 de mayo de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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