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[Honduras] [Indignación tras muertes en redada antidrogas de fuerzas hondureñas y estadounidenses.]

[Damien Cave] Vecinos de la remota Costa Mosquito de Honduras han incendiado edificios de gobierno y están exigiendo que los agentes antinarcóticos estadounidenses abandonen inmediatamente la zona, intensificando una polémica sobre la operación antinarcóticos la semana pasada que dejó cuatro víctimas mortales inocentes, incluyendo dos mujeres embarazadas.
Lucio Baquedano, alcalde de Ahuas, la ciudad donde se realizó la operación, dijo el jueves en una entrevista que los vecinos provocaron disturbios en la calle después de enterarse de que él y otros habían acusado a la policía hondureña y al Servicio de Control de Drogas (Drug Enforcement Administration) de Estados Unidos por el asesinato de cuatro personas que estaban pescando.
Funcionarios de la seguridad hondureña y estadounidense rechazan esa versión, diciendo que dos traficantes murieron durante la operación en la que se requisaron seiscientos kilos de cocaína. Y el jueves, funcionarios estadounidenses afirmaron que en una balacera que ocurrió durante la operación de decomiso a primera hora del 11 de mayo, los estadounidenses no habían disparado sus armas –sólo lo hicieron la policía hondureña en el terreno y un tirador hondureño en un helicóptero.
Los detalles son todavía oscuros –y en una región donde el poderío estadounidense ha sido visto con escepticismo desde la Guerra Fría-, pero funcionarios hondureños y organizaciones de derechos humanos han empezado a exigir una investigación que podría redefinir, o limitar, lo que se ha convertido en un papel estadounidense cada vez más activo en la lucha contra el tráfico de drogas en toda la región.
“Es muy importante que tanto las autoridades hondureñas como estadounidenses se encarguen de que esas muertes sean investigadas minuciosamente para determinar si se justificaba el recurso a la fuerza letal”, dijo José Miguel Vivanco, director Américas de Human Rights Watch. “Si la evidencia demuestra que las fuerzas de seguridad violaron normas internacionales, deberán rendir cuenta”.
Algunos analistas hondureños dijeron que no les sorprende la polémica, considerándola como un reflejo del reto al que se hace frente Honduras en su lucha contra el crimen organizado.
“La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado es compleja, especialmente cuando implica responsabilidades compartidas entre dos países”, dijo Víctor Meza, ministro del Interior bajo Manuel Zelaya, el presidente derrocado con un golpe de estado en 2009. “México es un notorio ejemplo”.
Para Honduras, un país pequeño y pobre con una de las tasas de homicidio más altas del mundo, el desafío lo intensifica el terreno local. La región donde ocurrió el tiroteo es una conocida ruta del narcotráfico, accesible desde ciudades cercanas sólo por avión o por lancha. Es un área dominada por tribus indígenas y pistas en claros de la selva –pistas que según la vigilancia estadounidense son utilizadas como puntos de transferencia para la cocaína que es transportada desde Venezuela o Colombia hasta México, para ser enviada luego a Estados Unidos.
Según un cálculo del gobierno de Estados Unidos, el 79 por ciento de la cocaína embarcada hacia Estados Unidos pasa por Honduras.
Baquedano no negó la presencia de transportistas de drogas, pero dijo que la operación del 11 de mayo era un caso de identidad equivocada. En el río había dos canoas, dijo, una con traficantes y la otra con vecinos inocentes, y las balas disparadas desde el helicóptero que sobrevolaba impactaron en la última. El error, dijo, ocurrió porque la lancha de los traficantes estaba a oscuras, mientras que la canoa de pesca tenía luces.
“Esos vecinos inocentes no estaban implicados en el problema de la droga”, dijo Baquedano.
Dirigentes de las organizaciones indígenas locales también emitieron una declaración diciendo: “Durante siglos hemos sido un pueblo pacífico que viven en armonía con la naturaleza, pero hoy declaramos que estos estadounidenses son persona non grata en nuestro territorio”.
Aunque reconociendo que las circunstancias de una balacera en mitad de la noche son turbias, un funcionario estadounidense arrojó dudas sobre la versión local. El funcionario dijo que la operación empezó con un informe de la inteligencia colombiana sobre un avión entrante. Un avión de vigilancia estadounidense hizo un video del avión aterrizando en una pequeña pista a la 1:46 a.m. el viernes pasado y cerca de treinta hombres descargando fardos de cocaína y subiéndolos a un camión, que se desplazó hacia un río cercano.
Cuatro helicópteros de propiedad del Departamento de Estado pero pilotados por guatemaltecos trasladaron a fuerzas de combate de agentes antinarcóticos hondureños desde una base estadounidense hasta el río, donde aterrizaron y requisaron la embarcación a la que se habían trasladado los más de seiscientos kilos de cocaína. También decomisaron un rifle de asalto M-4 y municiones. Cuando los helicópteros se aproximaban, los hombres que cargaban la embarcación huyeron, contó el funcionario.
A las 2:40 a.m., cuando las fuerzas del gobierno estaban todavía en el terreno, se aproximó una canoa desde donde les dispararon, dijo el funcionario. La unidad de la policía hondureña respondió el fuego y fue apoyada por un tirador de al menos uno de los helicópteros. Se dijo que, después de una breve balacera, la segunda embarcación se retiró.
El funcionario también expresó dudas de que los aldeanos estuviesen pescando en mitad de la noche, cerca de donde habían aterrizado los helicópteros hacía cerca de una hora antes. El funcionario agregó que la gran cantidad de gente que se ve en el video de vigilancia descargando el avión mostraba que muchos miembros de la empobrecida comunidad ahuas están implicados en el tráfico de drogas.
“No hay nada en el pueblo que sea desconocido, una sorpresa o un misterio”, dijo el funcionario. “Lo que pasó fue que, por primera vez en la historia de los ahuas, la policía hondureña interfirió una operación de contrabando de narcóticos”.
[Thom Shanker y Charlie Savage colaboraron al reportaje desde Washington.]
29 de mayo de 2012
18 de mayo de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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