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[Leidschendam, Países Bajos] [Jueces condenan a Charles Taylor a cincuenta años por complicidad con los rebeldes de Sierra Leona durante la guerra civil.]

Jueces internacionales sentenciaron el miércoles al ex presidente liberiano Charles Taylor a cincuenta años de prisión, diciendo que era responsable de “algunos de los más odiosos y brutales crímenes registrados en la historia de la humanidad” por armar a los rebeldes de Sierra Leona a cambio de “diamantes de sangre”.
El señor de la guerra de 64 años que se convirtió en presidente es el primer ex jefe de estado condenado por una corte internacional para crímenes de guerra desde la Segunda Guerra Mundial y los jueces dijeron que no tenían ningún precedente a la hora de dictar sentencia.
Taylor cumplirá su sentencia en una cárcel británica. Sin embargo, sus abogados dijeron recurrirán su condena y que probablemente permanecerá encarcelado en La Haya, Holanda, durante meses.
La fiscal Brenda Hollis también dijo que estaba considerando una apelación.
“En nuestra opinión es importante que los responsables de esos crímenes a escala masiva no reciban ningún descuento por el volumen”, dijo Hollis.
El mes pasado, la Corte Especial para Sierra Leona condenó a Taylor por once cargos de complicidad con los rebeldes que llevaron a cabo una brutal campaña de tierra arrasada durante la guerra civil de diez años en ese país, que terminó en 2002 con más de cincuenta mil muertos.
En una pequeña manifestación frente al edificio de la corte, un hombre sostenía una pancarta manuscrita que decía: “Los diamantes de sangre no son para siempre. También tienen su precio, Taylor”.
Taylor no mostró ninguna emoción cuando Lussick leyó lo que era efectivamente una sentencia a reclusión perpetua.
“Las vidas de innumerables civiles inocentes en Sierra Leona se perdieron o fueron destruidas como resultado directo de sus acciones”, dijo el juez presidente Richard Lussick.
La fiscalía había pedido ochenta años; los abogados de Taylor instaron a los jueces a dictar una sentencia que le ofreciera alguna esperanza de liberación antes de su muerte.
Hollis dijo que la sentencia sólo significaba algún tipo de clausura del duelo para las víctimas de uno de los conflictos más sangrientos de África.
“La sentencia dictada hoy no remplaza los miembros amputados. No devuelve a la vida a los que fueron asesinados”, dijo. “No cura las heridas de las que fueron víctimas de la violencia sexual y no borra las cicatrices físicas, psicológicas y emocionales permanentes de los que fueron esclavizados o reclutados como niños soldados”.
Lussick dijo que una sentencia de ochenta años habría sido excesiva considerando que Taylor fue condenado por complicidad en esos crímenes y no por participación directa.
Pero el juez agregó que Taylor era “una clase en sí misma”, en comparación con otros sentenciados por la corte respaldada por Naciones Unidas.
“El estatus especial de Taylor como jefe de estado lo pone en una categoría diferente de infractores para dictar sentencia”, dijo Lussick.
El abogado jefe de Taylor, Courtenay Griffiths, advirtió que el rechazo de la corte a tomar en cuenta la decisión de Taylor de renunciar al poder después de la acusación en 2003 a la hora de definir la sentencia, enviaba un inquietante mensaje en el contexto de constantes atrocidades cometidas presuntamente por fuerzas del gobierno sirio.
“¿Cuál es la lección para el presidente Assad?”, preguntó Griffiths. “Quizás la lección es: si eres un presidente en ejercicio y la comunidad internacional quiere deshacerse de ti, si no resistes hasta el final, te matan como al coronel Gadafi. No estoy seguro de que sea esta señal la que debería estar transmitiendo en este momento histórico particular”.
En una audiencia para la sentencia antes este mes, Taylor expresó su “más profunda simpatía” por el sufrimiento de las víctimas de las atrocidades en Sierra Leona, pero insistió en que había actuado para ayudar a estabilizar la región del África Occidental y reclamó que nunca ayudó conscientemente a la comisión de esos crímenes.
“Lo que hice, lo hice con honor”, dijo. “Estaba convencido de que a menos de que hubiera paz en Sierra Leona, Liberia no podría seguir avanzando”.
Los jueces rechazaron ese argumento, declarando que aunque posaba como pacificador, incitaba en secreto el conflicto, armando a los rebeldes con pleno conocimiento de que ellos probablemente las usarían para cometer horribles crímenes.
La fiscalía declaró que no había bases para la indulgencia, dada la extrema naturaleza de los crímenes, la “codicia” de Taylor y el abuso de su posición de poder.
“Los crímenes conscientemente cruentos y crueles cometidos incluyeron ejecuciones públicas y amputaciones de civiles, la exhibición de las cabezas de cuerpos decapitados en puestos de control, el asesinato y destripamiento de un civil cuyos intestinos fueron luego estirados sobre la carretera para hacer un puesto de control, violaciones públicas de mujeres y niñas y gente quemada viva en sus casas”, escribió la fiscal Brenda Hollis en un recurso defendiendo la sentencia de ochenta años.
Taylor renunció y se marchó al exilio en Nigeria después de ser imputado por la corte en 2003. Fue finalmente detenido y enviado a Holanda en 2006.
Aunque la corte de Sierra Leona se encuentra en la capital de ese país, Freetown, el juicio de Taylor se está realizando en Leidschendam, un suburbio de La Haya, por miedo a que su realización en África Occidental pudiera desestabilizar la región.
1 de junio de 2012
30 de mayo de 2012
@los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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