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[La idea de que la homosexualidad es una opción cultural delata una psiquiatría absurda. Editorial NYT.]

Muchos opositores a la igualdad de derechos y garantías de los homosexuales estadounidenses -en sus lugares de trabajo, en las fuerzas armadas, en el matrimonio y en la formación de familias- alegan que la homosexualidad es un modo de vida elegido. Durante largo tiempo se basaron en el trabajo de una destacada figura de la psiquiatría para justificar su posición.
Pero ese psiquiatra, el doctor Robert Spitzer, ha abjurado de un estudio que realizó hace una década que sugería que una “terapia reparativa” podía ayudar a los homosexuales que tienen una fuerte motivación para cambiar su orientación sexual. La admisión de Spitzer de que su estudio adolecía de graves imperfecciones debería desacreditar de una vez para siempre las afirmaciones de conservadores sociales y religiosos de que la homosexualidad no es una parte fundamental de la identidad humana.
El cambio de opinión de Spitzer fue descrito por Benedict Carey en el Times del sábado. La enorme influencia de Spitzer proviene del hecho de que dirigió una rigurosa redacción del manual de diagnóstico de trastornos mentales de la profesión psiquiátrica. Incluso antes de eso, presionó exitosamente para retirar la homosexualidad del manual.
Dos décadas más tarde, todavía dispuesto a desafiar las ideas establecidas, realizó un sondeo telefónico en profundidad de doscientos hombres y mujeres homosexuales que habían seguido terapia u orientación pastoral para cambiar su conducta sexual. La mayor parte de ellos le dijeron que habían cambiado desde una orientación predominante o exclusivamente homosexual antes de la terapia a una orientación predominante o exclusivamente heterosexual.
Ahora Spitzer, que acaba de cumplir ochenta años, ha reconocido que su sondeo incluía graves errores. En una carta al editor de Archives of Sexual Behavior, que había publicado su estudio, dijo que no tenía modo de saber si los pacientes que dijeron que habían cambiado se estaban engañando a sí mismos, mintiendo o diciendo la verdad. Se disculpó por defender conclusiones no demostradas sobre la terapia reparativa y por el daño que puede haber causado a los que “perdieron tiempo y energía” con la terapia.
Los críticos han observado que las personas entrevistadas fueron elegidas por centros que estaban realizando la terapia y que no hubo un grupo de control ni una definición clara de qué incluía la terapia. También hay algunas evidencias de que la terapia reparativa puede provocar depresión o ideas y conductas suicidas. Es una farsa de psiquiatría, absurda y potencialmente perjudicial. Debería haber sido denunciada hace mucho tiempo.
1 de junio de 2012
25 de mayo de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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