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[El bilingüismo es bueno para la mente, dicen investigadores. La capacidad ayuda a mejorar el rendimiento en multitareas y a la hora de fijar prioridades y a protegerse contra los síntomas de la enfermedad de Alzheimer, dicen los expertos].

[Amina Khan] ¿Da el bilingüismo una ventaja mental a niños chicos, o retarda su aprendizaje? Depende de a quién le preguntes.
La educación bilingüe es considerada por algunos en los círculos de las políticas de educación como poco más que una mal concebida técnica para enseñar a estudiantes cuya lengua nativa no es el inglés. Aunque asumen muchas formas, los programas de educación bilingüe implican usualmente enseñar a los estudiantes tanto en sus idiomas nativos como en inglés. Cuánto se usa de cada idioma, y en qué contextos académicos, varía según los programas.
Pero investigadores en neurociencia están crecientemente acercándose al consenso de que el bilingüismo tiene numerosas consecuencias positivas para el cerebro. Varios de esos investigadores viajaron este mes al congreso anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), en Washington, D.C., a presentar sus conclusiones. Entre ellas:

– Los niños bilingües son más efectivos en multitareas.
– Los adultos que hablan más de un idioma saben mejor cómo establecer prioridades en información en situaciones potencialmente confusas.
– Ser bilingüe ayuda a protegerse contra los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer en las personas de edad.

Estos beneficios provienen de tener un cerebro que está constantemente haciendo malabares entre dos o incluso más idiomas, dijo Ellen Bialystok, profesora de psicología en la Universidad de York en Toronto, que leyó una ponencia en el congreso anual de la AAAS. Por ejemplo, una persona que habla hindi y tamil no puede apagar el tamil incluso si sólo está hablando con hablantes de hindi, porque el cerebro está constantemente decidiendo qué idioma es el más apropiado en una situación dada.
Este constante cambio entre dos sistemas lingüísticos implica un frecuente ejercicio para las llamadas funciones de control ejecutivo, localizadas principalmente en el córtex prefrontal. Esta es la parte del cerebro que tiene la tarea de concentrar la atención, ignorando las distracciones, manipulando múltiples fuentes de información cuando se trata de resolver un problema, y luego rebotando entre uno y otro.
“Si entras a una habitación, hay millones de cosas que podrían atraer tu atención”, dice Bialystok. “¿Cómo logramos concentrarnos? ¿Qué hace la mente para prestar atención a lo que necesitamos que se preste atención sin distraernos?”
Para probar la capacidad personal para identificar las zonas pertinentes cuando se es bombardeado con información irrelevante, los científicos usan algo que llaman el test Stroop. Se entrega a los sujetos una palabra para un color particular y se les pide que identifiquen el color de la tinta en la que está impresa. Así, si la palabra es “azul” y está impresa en azul, no pasa nada. Si, por otro lado, la palabra “azul” está impresa en rojo, tienen que dilucidar qué fragmento de información –el color de la tita o el color que es descrito- necesitan.
“Esto es extremadamente difícil de hacer, porque es terriblemente difícil desechar la información de la palabra”, dijo Bialystok.
En hablantes monolingües, este tipo de bola con efecto agregará 240 milisegundos a su tiempo de reacción –un significativo retraso, en términos de reacción del cerebro. Las personas bilingües, por otro lado, sólo necesitan 160 milisegundos para aclararlo. Bialystok cree que se debe a que son usadas para establecer prioridades en la información en situaciones potencialmente confusas todo el día.
Los hablantes bilingües rara vez cometen errores lingüísticos con un hablante monolingüe. Pero si el interlocutor también conoce ambos idiomas, los hablantes pueden pasar de uno al otro para expresar con más precisión sus pensamientos.
Cuando los bilingües se preparan para hablar, sus cerebros parecen inhibir un idioma mientras usan el otro, dijo la profesora de psicología de la Universidad de Pensilvania Judith Kroll, que también habló en el congreso. Este efecto, agregó, es mucho más notable cuando el hablante prefiere el idioma en que es menos competente en lugar del idioma dominante.
Esta capacidad para bloquear provisoriamente el idioma irrelevante es un ejercicio que refuerza las funciones de control ejecutivo del cerebro. Aprender a pasar de un idioma a otro en el cerebro es una habilidad que probablemente merece reconocimiento de las ventajas cognitivas de los bilingües –aunque, enfatizan los investigadores, esto no quiere decir que aprendan mejor que personas que sólo hablan un idioma. Pero sí mantiene más ágil el cerebro, permitiendo que los bilingües se desempeñen mejor en multitareas, seleccionen más rápidamente información clave e ignoren más efectivamente las distracciones circundantes.
Esas ventajas no son solamente útiles para los niños en edad escolar –duran toda la vida. Un estudio publicado el año pasado en la revista Neurology encuestó a 211 pacientes que habían sido diagnosticados con Alzheimer y constató que los que hablan sólo un idioma sufrieron la aparición de los primeros síntomas cuatro a cinco años antes que sus pares bilingües. Aunque manejando dos idiomas no impide la enfermedad, sí fortalece aquellas partes del cerebro que son susceptibles de sufrir tempranos ataques de demencia, permitiéndoles resistir más tiempo el asalto.
Sin embargo, las escuelas públicas se están apartando de la educación bilingüe, y llevan ya un tiempo en esto. En parte, este cambio ha sido provocado por creencias políticas, ya que los niños que hablan múltiples idiomas provienen normalmente de familias inmigrantes.
“El bilingüismo ha sido siempre un candente tema político a muy corta distancia de la inmigración”, dijo Kenji Hakuta, psicolingüista de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Stanford.
Con las escuelas concentradas en lograr que los niños hablen inglés lo más rápidamente posible, los padres que quieren que sus hijos cosechen los beneficios de ser bilingües deberían asegurarse de que continúen hablando su idioma nativo en un entorno que pueden controlar: en su casa.
“Básicamente estás viviendo en una sociedad en la que el inglés es el idioma del poder”, dijo Hakuta. Si los padres pasan constantemente del inglés a algún otro idioma, agregó, “es probable que formen a un anglohablante monolingüe”.
12 de junio de 2012
26 de febrero de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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