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[Trípoli, Libia] [Ataques contra objetivos occidentales en Libia siembran temor por la presencia de extremistas islámicos].

[Tara Bahrampour] Una cadena de ataques contra diplomáticos occidentales y organizaciones internacionales ha despertado temores de que los extremistas estén tratando de torpedear las primeras elecciones nacionales después del derrocamiento del coronel Gadafi en Libia.
Los ataques incluyen el atentado con bomba la semana pasada contra el consulado de Estados Unidos en Bengasi, una ciudad al este del país, y un ataque con granadas allá contra el convoy que trasladaba al embajador británico, que dejó heridos a dos guardaespaldas.
También se han producido atentados contra las oficinas del Comité Internacional de la Cruz Roja, así como contra coches de la embajada británica que la semana pasada visitaban Sabha, una ciudad al sur del país.
Una organización libia llamada las Brigadas del Jeque Preso Omar Abdel Rahman ha reivindicado responsabilidad por algunos de los atentados. No está claro si todos los ataques están vinculados o si están implicados militantes de fuera de Libia, aunque los expertos dicen que los responsables son probablemente libios.
Abdel Rahman, conocido como el jeque ciego, es un clérigo musulmán egipcio que está cumpliendo una sentencia a prisión perpetua en Estados Unidos por cargos de conspiración que se derivaron de una investigación sobre el atentado contra el World Trade Center en 1993.
La violencia se produce apenas a semanas de la votación en la que los libios deben elegir una asamblea nacional que, a su vez, deberá elegir un gobierno interino y nombrar a las personas que deberán redactar la Constitución del país. La fecha de los comicios fue recientemente fijada para el 7 de julio.
“Se acercan las elecciones y algunas personas pueden verlas como la última oportunidad de hacer problemas antes de que un gobierno con un mandato más fuerte se enfrente a los retos de Libia”, dijo un diplomático occidental aquí. Las embajadas han revisado la seguridad, pero de otro modo “estamos funcionando como siempre”, agregó el diplomático.
Las autoridades libias están investigando los atentados, dijo Othman Bensasi, director de administración para el Consejo Nacional de Transición, que ha gobernado Libia durante el año pasado. Dijo que no había evidencias de que hubiera extranjeros implicados en los atentados.
“Creemos que se trata de organizaciones islámicas fundamentalistas”, dijo. “No quieren estabilidad. No quieren democracia”.
Bensasi dijo que la actual ausencia de un gobierno unido permite que operen esos grupos. “No tenemos autoridad para tomar decisiones claras”, dijo, agregando que esperaba que la situación mejorara después de las elecciones.
Varias organizaciones islámicas en Libia han acogido las elecciones, presentando partidos y candidatos. Grupos minoritarios han condenado las elecciones como no-islámicas.
Un funcionario de la embajada estadounidense se negó a especular sobre quién puede ser responsable de los atentados. Desde el atentado en Bengasi, que impactó una muralla exterior del recinto consular, Estados Unidos ha solicitado al gobierno libio mayores medidas de seguridad.
Libios en el gobierno así como ciudadanos privados han expresado profunda consternación por los atentados.
“Incluso más que nosotros, no quieren que su país se parezca a Iraq y creo que están consternados y preocupados por lo que ha ocurrido en las últimas dos semanas”, dijo el diplomático occidental, agregando que la mayoría de los libios apoyan la hoja de ruta hacia un nuevo gobierno. “Están decepcionados con el gobierno actual, pero la inmensa mayoría ha aceptado que las elecciones son la mejor manera de avanzar”.
Más del ochenta por ciento de los electores elegibles –cerca de 2.7 millones de libios- se han inscrito para votar en las elecciones.
Las especulaciones sobre quién está detrás de los recientes actos de violencia también se han concentrado en los partidarios del asesinado líder Moamar al-Gadafi, decididos a demostrar la verdad de su predicción de que, sin él, Libia caería en manos de al Qaeda. Pero los analistas dicen que aunque los objetivos de los atentados –misiones internacionales- parecen ser obra de al Qaeda, los métodos usados no lo son.
“Es un trabajo de aficionados, lo que habitualmente no es el estilo de al Qaeda”, dijo Noman Benotman, analista de la Fundación Quilliam, de Londres. Dijo que los atentados parecen ideados para “enviar un mensaje a la comunidad internacional: ‘No los queremos. Márchense. Libia no es estable. Nadie puede protegerles’”.
Benotman dijo que creía que los perpetradores eran jóvenes libios indignados por lo que simbolizan las elecciones.
“No están contentos con los nuevos desarrollos, la siguiente fase, que es un proceso puramente político”, dijo. “Algunas personas no pueden moverse en ese entorno, no tienen la capacidad, así que prefieren mantenerlo como está, en el caos”.
En ausencia de un gobierno fuerte con decenas de miles de armas en manos de particulares, Libia ha vivido un aumento de los delitos tales como asaltos en automóvil, contrabando y tráfico de drogas. Ha habido ataques contra agentes de policía locales y permanentes escaramuzas entre las milicias rivales del país.
La violencia estalló este mes entre facciones en Kufra, una ciudad al sur del país, y más de una decena de personas murieron en enfrentamientos esta semana entre una brigada paramilitar en la ciudad montañesa de Zintan y una brigada vecina que es considerada pro-Gadafi.
La semana pasada los paramilitares de Zintan detuvieron a un equipo de la Corte Penal Internacional que había llegado a visitar a Saif al-Islam Gadafi, hijo del gobernante asesinado, por sospechas de que le entregaron información confidencial. La CPI ha discutido con el gobierno libio sobre dónde será juzgado por presuntos crímenes contra la humanidad.
En contraste, Trípoli, la capital, se ve tranquila, con agentes dirigiendo el tráfico, trabajadores municipales podando árboles y hombres reunidos en la noche bebiendo té en las animadas terrazas de las cafeterías a lo largo del Mediterráneo.
Radwan Alborawi, 32, especialista en TI sentado a una de las mesas, miraba con preocupación la pantalla de su portátil, que mostraba a los manifestantes en Bengasi exigiendo la adopción de la ley sharia. Lo asustan más que cualquiera de los otros problemas del país, dijo.
“Quieren convertir a Libia en lo mismo que Afganistán e Iraq”, dijo. “No hemos peleado durante diez meses para que vengan ellos y ondeen sus banderas negras”.
19 de junio de 2012
15 de junio de 2012
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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