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[Los recuerdos más tempranos de la infancia, se van perdiendo a medida que nos acercamos a la adultez. Todavía no sabemos nada sobre cómo recuperar recuerdos que hemos almacenado.]

[Perri Klass] Como otros muchos pediatras, no llevo una bata blanca. Muchos de nosotros creemos que los bebés y niños pequeños sufren de una forma especial del “síndrome de la bata blanca”, esa mezcla entre temor y ansiedad que experimentan algunos adultos, hasta el punto de sufrir, en un entorno médico, un aumento de la presión sanguínea.
La versión pediátrica es fácil de diagnosticar: un doctor en bata blanca entra al cuarto y el niño empieza a llorar. Temo que un niño como este ha recordado inyecciones o un desagradable chequeo de oídos y ha relacionado ese recuerdo con una prenda de vestir particular, antes que con mi cara, o mi consulta, o mi estetoscopio.
¿Pero es esto realista? ¿Recuerdan los infantes eventos pasados? ¿A partir de cuándo? Investigaciones recientes sobre la formación de la memoria plantean fascinantes interrogantes sobre a qué edad pueden los niños pequeños almacenar y recuperar experiencias e información.
De algún modo, creo que tendemos a ensalzar las proezas relacionadas con la memoria del bebé y del niño de menos de cinco. Claro, pueden aprender un idioma, incluso más de uno; elegir las palabras y la sintaxis de los ruidos circundantes es, de muchos modos, un uso definitoriamente humano de la memoria. Nora Newcombe, profesora de psicología de la Universidad Temple, señala que quizás haya razones evolucionarias para que este tipo de memoria –la memoria semántica- sea tan fuerte en los primeros años de vida, cuando los bebés deben aprender tantas cosas sobre el mundo.
Sin embargo, los adultos carecen de recuerdos de los primeros años. Freud lo definió como “amnesia infantil”, que describió como “la particular amnesia que envuelve en un velo, al menos en la mayoría de la gente, los primeros años de su infancia”. Freud pensaba que reprimimos esos tempranos recuerdos de la infancia porque contienen las primeras emociones relacionadas con la sexualidad.
Esta teoría en particular no se mantuvo durante muchos años, y en esta era de mediciones y SRM (simulación de resonancia magnética), hemos alcanzado una comprensión más anatómica del desarrollo de la memoria del niño. Es parte del contexto general del desarrollo de diferentes tipos de memoria mientras el cerebro pasa por extraordinarios periodos en las etapas más tempranas del crecimiento e interconexiones.
Hace algunas décadas se pensaba que los niños muy pequeños no tenían capacidad para formar recuerdos, dijo Patricia Bauer, profesora de psicología en la Universidad Emory. A medida que se desarrollan técnicas para examinar a bebés y niños muy pequeños, se ha constatado que “las estructuras neurales que crean esas representaciones en la infancia, son cualitativamente las mismas que en los niños más grandes y adultos”, dijo.
La estructura crucial de la memoria episódica, la memoria de los acontecimientos autobiográficos, es el hipocampo, esa cresta curva en medio del cerebro cuya forma hacía recordar, en el siglo dieciséis, a un anatomista un caballito de mar.
Bauer comparó la formación de memoria con hacer gelatina: “La experiencia es gelatina líquida; la echas en un molde. El molde es el hipocampo, y tiene que pasar por un proceso de refrigeración conocido como consolidación”.
Así que, por lo que parece, los recuerdos se pueden formar incluso en niños muy pequeños. Lo que no está claro es cómo se pueden recuperar.
“La recuperación aparece más tarde”, dijo Charles Nelson, profesor de pediatría en el Hospital Pediátrico de Boston. “Necesitas una red interconectada de estructuras para recuperar cosas de tu memoria. Cuando estás trabajando en el ordenador, sabes cómo guardar cosas en tu disco duro, pero ¿sabes cómo recuperarlas?”
Investigaciones recientes sugieren que algunos de esos recuerdos tempranos pueden en realidad conservarse durante la infancia, pero se pierden a medida que los niños se acercan a la adolescencia. Y las investigaciones también han mostrado que lo lejos que se remonten en el pasado los recuerdos de los niños depende de la cultura.
Como psicóloga del desarrollo, Carole Peterson, profesora de psicología en la Memorial University, de Newfoundland, está interesada en las historias autobiográficas que cuentan los niños. En 2011, ella y sus colegas publicaron un estudio sobre los recuerdos de los niños.
Se pidió a un grupo de niños de entre cuatro y trece años que describieran sus recuerdos más tempranos, y se les repitió la pregunta dos años después. Los niños más grandes recordaban los mismos recuerdos, pero los más pequeños dieron respuestas completamente diferentes. Cuando presionados a recordar las respuestas de la primera entrevista, muchos no pudieron recordarlas en absoluto.
Los niños de entre tres y cuatro sí tienen recuerdos muy tempranos. “Claramente tienen recuerdos, tienen la capacidad lingüística”, dijo Peterson. “Pero ocurre a menudo que cuando crecen y llegan a la adultez, esos recuerdos desaparecen. Esta edad de los recuerdos más tempranos parece ser un blanco en movimiento”.
En estudios que compararon a niños chinos con niños canadienses, estos últimos fueron capaces de recordar un año más y a recordar más cosas. Esto puede reflejar diferencias en cómo hablan los padres a los niños y en qué tipo de historias y experiencias son enfatizadas en las dos culturas.
Peterson dijo que dos cualidades predecían si era más probable que un niño guardara un recuerdo particular. Si el niño mencionaba la emoción cuando describía un recuerdo, era mucho más probable que no lo olvidara. Y si el recuerdo era descrito coherentemente, con secuencias y comprensión de las causas, era más probable que fuera recordado.
Los padres que conversan con sus hijos sobre recuerdos y preguntan qué-dónde-cuándo-cómo, dijo, pueden ayudar a los niños a entender cómo funcionan los recuerdos. “Al elaborar sobre el recuerdo, muestran a los niños que los buenos recuerdos están ordenados, tienen un contexto, tienen una estructura cronológica, poseen importantes puntos emocionales”, dijo.
El desarrollo de la memoria abarca el desarrollo del lenguaje, el desarrollo de la conciencia, la personalidad y la narrativa personal. Los infantes están no solo descubriendo un nuevo mundo, sino también su propia existencia personal, lo que un investigador llamó el “mimismo” [la capacidad de ensimismarse].
Y es fascinante que no podamos, como adultos, mirar en los primeros años de formación de los recuerdos, ya que para convertirnos en nuestras primeras identidades, las neuronas debieron ramificarse y enfriarse la gelatina.
20 de junio de 2012
1 de junio de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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