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[Muy al estilo de Los Angeles. Una propuesta del concejal Mitchell Englander pondría fin a las máquinas expendedoras de las azucaradas gaseosas en parques y bibliotecas de Los Angeles].

Durante muchos años las escuelas del ayuntamiento de Los Angeles fueron proveedores de bebidas gaseosas azucaradas, sin calorías y nocivas para la salud, que eran vendidas a audiencias cautivas de jóvenes alumnos en quienes se estaban formando los hábitos de alimentación y bebida que los caracterizarían en la adultez. En 2002 el Distrito Escolar Unificado de Los Angeles audaz y sabiamente prohibió las gaseosas en las máquinas expendedoras en escuelas y cafeterías. Pero en una época en que la gente está sufriendo aumentos en obesidad y diabetes, el ayuntamiento sigue vendiendo a los angelinos bebidas cargadas de azúcar en las máquinas expendedoras en bibliotecas y parques. Ahora el concejal Mitchell Englander quiere poner fin a esas ventas. Es una buena idea. Debemos seguir adelante con la prohibición.
La propuesta de Englander no se parece en nada a las patosas tácticas de papá-estado del alcalde Michael Bloomberg, que está tratando de prohibir los vasos grandes de bebidas azucaradas en restaurantes, teatros, estadios y puestos callejeros de su ciudad. A diferencia de Bloomberg, Englander no está tratando de decir a las empresas privadas lo que pueden vender ni cuánto comprar, comer o beber a los ciudadanos privados. Nadie será impedido de salir de la cancha de baloncesto y cruzar la calle hacia el camión de alimentos para comprar y tragarse 1.8 litros de calorías de agua azucarada gasificada, si es eso lo que quieren hacer realmente. El punto es que el ayuntamiento debería proveer a sus habitantes con opciones de bebidas más sanas. No tiene porqué formar parte del negocio de las bebidas chatarra.
En una reunión el martes los operadores de máquinas expendedoras se quejaron, previsiblemente, de que la prohibición les costaría dinero y empleo. Y, claro, los contratos con las empresas de máquinas expendedoras en bibliotecas y parques del ayuntamiento son enormes, y proporcionan a las empresas de bebidas miles de potenciales sedientos clientes. Pero nadie está deshaciéndose de las máquinas expendedoras. Pueden y deben ofrecer opciones más sanas.
Otros declararon que hay muy poca agua fresca, limpia y gratuita disponible en espacios públicos. Antes, los bebederos estaban en todas partes, pero ahora son difíciles de encontrar. Administradas correctamente, no tienen por qué significar un peligro para la salud pública. Después de todo, Los Angeles posee y gestiona una empresa de agua potable y ¿no debería este producto ser más fácilmente asequible a los jóvenes (y personas de mediana edad y de la tercera edad) atletas y lectores? Deberíamos asegurarnos, y el consejo municipal debería asegurarse de que su estudio gire sobre cómo garantizar que los parques y bibliotecas de la ciudad tengan suficientes oportunidades de beber agua fresca incluso para aquellos que no quieren meter un dólar en una máquina.
Pero podemos tener tanto agua fresca como máquinas expendedoras que ofrezcan bebidas sanas. El principal propósito de los ayuntamientos no debería ser empaquetar a sus ciudadanos y venderlos a los vendedores de gaseosas. Como las escuelas, los parques y bibliotecas públicas deberían ser refugios contra el frenesí por el azúcar en el mundo comercial.
24 de junio de 2012
22 de junio de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

2 pensamientos en “proponen prohibir gaseosas

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