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[Actriz fue nominada a un Oscar por ‘Fat City’. Susan Tyrrell era una actriz de carácter de voz ronca que “dio una enorme vitalidad” a ‘Fat City, ciudad dorada’, de John Huston, en la que fue una borracha].

[Dennis McLellan] Murió la excéntrica actriz de voz ronca, Susan Tyrrell, mejor conocida por su papel secundario –el que le valió una nominación al Oscar- como una desaliñada parroquiana en la película ‘Fat City, ciudad dorada’ [Fat City], del director John Huston en1972. Tenía 67 años.
Tyrrell falleció el sábado en su casa en Austin, Texas, de acuerdo al médico forense del condado de Travis. Se desconoce la causa de su muerte.
La actriz, cuyos numerosos logros incluyen ‘La isla del adiós’ [Islands in the Stream] (1977), ‘Angel’ (1984) y ‘El Lágrima’ [Cry-Baby] (1990), ya había representado a varios pintorescos personajes en el teatro en Nueva York antes de ser abordada para ‘Fat City, ciudad dorada’, un drama de box con Stacy Keach y Jeff Bridges en los papeles principales.
En su reseña, Charles Champlin, del Times, escribió que “borracha quejica y melodramática” de Tyrrell –que se junta con el boxeador de poca categoría (Keach) después de que su propia pareja es condenada a una pena de cárcel- “le da una enorme vitalidad a la película”.
Los críticos la “aclamaron como una de las mejores borrachas de la pantalla que habían visto”, escribió más tarde Roderick Mann en el Times.
“Yo la adoraba”, dijo Keach al Times el martes. “Adoraba su voz aguardentosa; tenía esa voz que simplemente olía a esencia y dulzura. Era como la Billie Holiday de los desposeídos”.
Keach también actuó con Tyrrel en la película de 1976, ‘El demonio bajo la piel’ [The Killer Inside Me] en la que fue una prostituta que se convertía en víctima de un sheriff psicópata (Keach).
“Siempre recibía esos papeles de mujeres apaleadas, sensuales, exuberantes, vulnerables, como una especie de Marilyn Monroe hecha polvo”, dijo. “Tenía siempre ese aire de vulnerabilidad que la hacía atractiva, y tenía un maravilloso sentido del humor. Era única”.
Durante el éxito de ‘Fat City, ciudad dorada’, Tyrrell contó al New York Times en 1972: “El trabajo de personajes es lo que mejor hago y lo que me gusta hacer”.
La vida personal de Tyrrell era aparentemente tan pintoresca como los personajes que representaba e incluía haber sido atraída hacia la órbita de Andy Warhol. Obviamente, resistió unirse a su círculo.
“Soy solitaria y marginal”, dijo al Austin American-Statesman en 2010. “Esas cosas que ahogan. Para mí no hay vida en las cantidades”.
Durante los días con Warhol, dijo, no estaba usando drogas. “Pero más tarde en mi vida conocí la cerveza y el ácido. Fueron mis mejores drogas. Y la mescalina”.
Describió su carrera actoral como “decepcionante, para decir lo menos. Me encantaba Bette Davis, y yo pensaba que yo iba a ser la siguiente Bette Davis. Yo sabía que yo podía hacer una carpeta de roles. Era lo que me gustaba”.
Uno de los puntos culminantes de su vida, dijo repetidas veces, era haberse enamorado del actor Herve Villechaize, que fue Tattoo en la serie de televisión ‘La isla de la fantasía’ [Fantasy Island]. Se conocieron a mediados de los años setenta y vivieron juntos durante dos años en una casa en el Cañón Laurel.
En 1991, Tyrrell apareció en el teatro en Santa Mónica en un programa semi-autobiográfico escrito por ella, ‘My Rotten Life: A Bitter Opera’, que un reseñador del Times describió como “chiflada” y “alucinógena”.
En una entrevista del 2000 con el L.A. Weekly, Tyrrell recordó: “Lo último que me dijo mi madre, fue: ‘SuSu, tu vida es una celebración de todo lo barato y hortera’. Siempre me gustó lo que dijo, y he tratado siempre de estar a la altura”.
Nació como Susan Jillian Creamer en San Francisco el 18 de marzo de 1945, y creció en Nueva Canaan, Connecticut.
Cuando era adolescente, su padre, un ex representante de William Morris, la ayudó a conseguir un papel en una producción itinerante de ‘Time Out for Ginger’, con Art Carney en el papel estelar en 1963.
En 2000 Tyrrell contrajo un raro trastorno sanguíneo crónico, trombocitemia esencial, y tuvieron que amputarle las piernas por debajo de las rodillas. Sin embargo, continuó actuado ocasionalmente.
“Me impresionó particularmente más tarde en su vida por su valentía y su optimismo”, dijo Keach. “Era realmente muy inspiradora”.
Y, dijo, “sin que lo supieran muchos, era una gran artista. Sus dibujos y pinturas son brillantes, únicas, muy surreales”.
27 de junio de 2012
20 de junio de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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