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[La soledad está asociada al deterioro y muerte de personas de edad].

[Jennifer Huget] No me gusta pensar que alguien pueda estar solo. Pero generalmente he considerado la soledad como una situación triste y temporal, no como una amenaza seria a la salud de una persona.
Un estudio publicado el lunes en los Archives of Internal Medicine sugiere que, entre personas de edad, sentirse solas puede deteriorar de modo significativo la capacidad de funcionar en el día a día e incluso aumenta el riesgo de morir.
Investigadores de la Universidad de California en San Francisco analizaron los datos del ‘Aging’s Health and Retirement Study’ del Instituto Nacional para 1.064 personas mayores de sesenta años. La edad media de los encuestados fue 71; cerca del 59 por ciento eran mujeres; el 81 por ciento eran blancos.
Además de la información sobre su condición física y médica, estatus socioeconómico, condiciones de vida y factores tales como depresión, examinaron las respuestas a tres preguntas sobre la soledad: lo a menudo que te sientes ignorado, aislado o que te falta compañía. Las personas eran consideradas solitarias si respondían “algunas veces” o “a menudo” a cualquiera de esas tres preguntas; no eran considerados solitarios si respondían “casi nunca” a las tres.
Los resultados fueron asombrosos, y tristes.
Cerca de 43 por ciento de los encuestados fueron considerados solitarios. Después de controlar factores perturbadores (incluyendo la depresión), la soledad fue asociada con mayores riesgos -casi un sesenta por ciento- de sufrir deterioro funcional (pérdida de la capacidad de realizar tareas diarias, como bañarse y poder comer solo, subir escaleras, caminar, levantar objetos con los brazos, etc.) durante el periodo de seguimiento de seis años de las personas que no fueron consideradas solitarias.
Todavía peor, la soledad fue relacionada con un riesgo mayor en un 45 por ciento de morir durante el periodo de seguimiento.
Esos hallazgos provocan otro sacudón si se considera que solo el dieciocho por ciento de las personas encuestadas vivían solas, y casi el 75 por ciento eran casadas.
Los autores observan que los médicos normalmente no preguntan a sus pacientes si se sienten solos y reconocen que convertir ese diálogo en una rutina del reconocimiento médico agregaría otro peso a los ya agobiados médicos. Sin embargo, todavía argumentan a favor de instituir el control de la soledad porque sus hallazgos fueron muy dramáticos.
“La evaluación de la soledad no es una rutina en la práctica clínica y puede ser considerada más allá del alcance de la práctica médica”, concluyen los autores.
“Sin embargo, la soledad puede ser un indicador tan importante de resultados de salud adversos como muchos factores de riesgo tradicionales”.
28 de junio de 2012
28 de junio de 2012
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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