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[Prolífica escritora y guionista].

[Adam Bernstein] “Toma notas”, le aconsejaba su madre a Nora Ephron cuando era niña. “Todo sirve”.
Su madre, dramaturga de Broadway y guionista de Hollywood, infundió a Ephron con una aguda conciencia de sí misma y con la ambición de transformar los disparates de todos los días, las idiosincrasias culturales, las manías románticas e incluso los desastres maritales en ensayos, novelas y películas rebosantes de un ingenio sugerentemente mordaz. Agradecía a su madre haberle dado “este tipo de estupenda capacidad para no evitar el dolor, sino que transformarlo y reciclarlo tan pronto como posible”.
Nora Ephron, que se hizo con una fiel audiencia por sus profundamente perspicaces y personales ensayos y convirtió ese renombre en una carrera como guionista de nostálgicas comedias románticas, como ‘Cuando Harry encontró a Sally’ [When Harry Met Sally] y ‘Tienes un email’ [You’ve Got Mail], el desenmascaramiento marital ‘Se acabó el pastel’ [Heartburn] y el drama de denuncia ‘Silkwood’, murió el 26 de junio en un hospital de Nueva York. Tenía 71 años.
Su fallecimiento fue confirmado por su amigo Richard Cohen, columnista del Washington Post. La causa de su muerte fueron complicaciones del trastorno sanguíneo mielodisplasia, que le fuera diagnosticado hace seis años.
De joven, Ephron moldeó su inexpresivo y autocrítico estilo literario en Dorothy Parker, miembro de la Mesa Redonda de Algonquin compuesta por sofisticados escritores y humoristas neoyorquinos entre los cuales también se incluía a Robert Benchley y S.J. Perelman.
Sobre el marido mujeriego de su novela ‘Heartburn’ de 1983 –basada en su matrimonio con el ex periodista del Washington Post, Carl Bernstein-, Ephron escribió que era “capaz de tener sexo con una persiana veneciana”.
Con el tiempo, Ephron se convirtió en cómplice de dramaturgos, cineastas e intelectuales de Nueva York, incluyendo a Mike Nichols, Woody Allen y Calvin Trillin; periodistas de Washington, entre ellos el ex editor ejecutivo del Washington Post, Benjamin Bradlee y su esposa periodista, Sally Quinn; y una peña hollywoodense que incluía a Rob Reiner, Tom Hanks, Steve Martin y Steven Spielberg.
Como mujer en una industria cinematográfica dominada por los hombres, Ephron era una rara guionista que era a la vez escritora, directora y productora. Pero hacer películas por y sobre mujeres era, a veces, toda una guerra. Ephron observó que, para los magnates del cine, “una película sobre la cura del cáncer de una mujer es menos interesante que una película sobre un hombre con un padrastro”.
Desde sus primeros años como periodista para Esquire y otras revistas de Nueva York, Ephron fue considerada como un aplicado barómetro cultural. Repetidas veces canalizó sus intereses en el espíritu de la época hacia la pantalla. Su última película, ‘Julie & Julia’ (2009), con Meryl Streep en el papel estelar como la apóstol de la cocina francesa, Julia Child y Amy Adams como una moderna discípula, exploraba la moderna fascinación con el blog y la cocina gourmet.
En ‘Silkwood’ (1983), un drama biográfico dirigido por Nichols y con Streep como sindicalista y empleada de una planta de plutonio, Ephron aprovechó los temores de la época de un cataclismo nuclear y el encubrimiento corporativo. Su novela y el guión de 1986 para ‘Se acabó el pastel’ –con Streep y Jack Nicholson en los papeles estelares- reflejaba lo que otras numerosas mujeres estaban viviendo en sus decepcionantes matrimonios y en sus esfuerzos para combinar sus ambiciones profesionales con las obligaciones familiares.
La tensión entre los géneros también jugó un rol central en su chispeante guión de ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (1989), dirigida por Reiner y con Billy Crystal y Meg Ryan en los roles protagónicos como yuppies que durante décadas se privaron de tener sexo uno con otro para conservar su amistad. Como escritora y directora, Ephron fue una de las primeras en hacer la crónica de la adictiva emoción del romance por e-mail en ‘Tienes un email’ (1998), con Hanks y Ryan en los papeles principales.
Ephron fue nominada tres veces a un Oscar por sus guiones de ‘Silkwood’ (compartido con Alice Arlen), ‘Tienes un email’ (con David S. Ward y Jeff Arch) y ‘Cuando Harry encontró a Sally’.
La más memorable y citada escena de ‘Cuando Harry encontró a Sally’ mostraba a Ryan simulando un ruidoso orgasmo frente a Crystal durante el almuerzo en una rotisería. Después del intenso momento de Ryan, una mujer en un reservado cercano le dice al camarero: “Quiero lo mismo que pidió ella”.
Ephron contó que la idea de rodar en una rotisería había sido de Ryan, y que fue Crystal la que propuso esa frase. Pero la idea central provino de conversaciones entre Ephron y Reiner.
“Un día estábamos charlando y Rob me dijo: ‘Sabes, te contamos todas estas cosas que no sabías sobre los hombres y ahora nos cuentas algo que no sabíamos sobre las mujeres’”, dijo Ephron con ocasión de una lectura en 2006: “Era como si dijera: ‘Te reto’. Y yo le dije: ‘Bueno, las mujeres simulan el orgasmo’. Y me dijo: ‘No conmigo’”.
“Le dije: ‘Sí, lo hacemos’”, agregó. “Quizá no todo el tiempo, pero a veces sí. Todavía no me creía, así que nos fuimos al Castle Rock Pictures, donde trabajan todas esas mujeres, y él les preguntó: ‘¿Es verdad que las mujeres simulan los orgasmos?’ Y las mujeres asintieron. Esa escena escandalizó a los hombres”.
“En eso consiste mi carrera”, bromeó Ephron.

Nora Louise Ephron nació el 19 de mayo de 1941 en Manhattan y creció en Beverly Hills, California, donde, como bromeó una vez, amaba “el olor del visón, el olor del pavimento después de la lluvia y el olor de los billetes de dólar”.
Sus padres eran dos prósperos y bebedores dramaturgos de Broadway: Henry Ephron y Phoebe Wolkind, y Nora fue la primera de sus cuatro hijas. Las hermanas menores de Ephron -Amy, Delia y Hallie- también se dedicaron a la literatura.
Desde sus primeros años, las hermanas Ephron fueron educadas para llegar a la mesa preparadas para contar historias. Nora Ephron contó que muchos de los cuentos –de cómo una hermana menor se atascó la cabeza en una barandilla y tuvo que ser rescatada por los bomberos- se convirtieron en tramas de las películas de sus padres. Años después, las cartas a casa de Nora Ephron desde el Wellesley College fueron la fuente de la comedia de sus padres en Broadway, ‘Take Her, She’s Mine’ (1961), que fue llevada al cine [Regalo para soltero] con James Stewart y Sandra Dee en los roles estelares.
Después de egresar de Wellesley en 1962, Ephron pasó cinco años como periodista de temas generales en el New York Post antes de abandonar en 1968 el periodismo para trabajar como autónoma para revistas de gran tiraje como Good Housekeeping. Muchos de sus artículos, sobre tendencias culturales, fueron publicadas en su primer libro, ‘Wallflower at the Orgy’ (1970).
A medida que el movimiento feminista ganaba importancia en la década posterior, Ephron fue a menudo invitada a comentar el movimiento en televisión y en artículos para Esquire y revistas de Nueva York. Aportó un sorprendente y desenfadado toque a su profunda creencia en los derechos de la mujer.
“Siempre pensé que era una terrible vergüenza que el movimiento feminista no se diera cuenta de lo fácil que era llegar a la gente haciéndoles reír antes que mostrándoles los puños y diciéndoles ¿no se dan cuenta de lo oprimidas que están?”, dijo al Newday en 1976.
En su antología de 1975, ‘Crazy Salad: Some Things about Women’, incluyó ensayos sobre desodorantes vaginales, un torneo culinario en Pillsbury, su rencuentro en Wellesley y ‘A Few Words About Breasts’, uno de sus artículos más reproducidos. Recordaba en este cómo su pecho plano la hacía sentir como un bosquejo en un mundo que fetichizaba los pechos grandes. Pero el trauma empezó en casa.
“Mi madre era realmente odiosa sobre los sujetadores”, escribió, “y cuando mi tercera hermana llegó al momento en que estaba dispuesta a usar uno, mi madre había convertido todo el asunto en un número de comedia. ‘¿Por qué no usas mejor una curita?’, diría”.
Su siguiente antología, ‘Scribble, Scribble: Notes on the Media’ (1978), se basó en su posición como columnista de medios para Esquire a mediados de los años setenta. En la época estaba casada con Bernstein, cuya colaboración en el Post con Bob Woodward contribuyó a revelar el escándalo de Watergate que terminó con la renuncia del presidente Richard M. Nixon.
Su primer matrimonio con Dan Greenburg, autor de libros como ‘How to Be a Jewish Mother’, terminó en divorcio. Se había casado con Bernstein en 1976 y tenía siete meses de embarazo de su segundo hijo cuando descubrió que su marido estaba teniendo una aventura con Margaret Jay, la esposa del embajador británico. Dio a luz prematuramente y el matrimonio se hizo trizas fea y públicamente, hasta el punto de que fue cubierto por la revista People y otras.
Ephron dijo más tarde que era imposible no escribir sobre su matrimonio, diciendo al Post que “aunque era la cosa más terrible que le había ocurrido… era de lejos la más interesante”. El resultado fue ‘Heartburn’, una novela en clave sobre su matrimonio con Bernstein, con los personajes cambiados en una escritora de libros de cocina casada con un cachondo columnista sindicado; el libro también incluía recetas, incluyendo la de la escritora Lillian Hellman para la carne asada a la cazuela. Las reseñas fueron tibias, pero el escándalo que rodeó su publicación –una de las escritoras más prominentes del país descargando su venganza en otro autor- propulsó ‘Heartburn’ a la lista de éxitos de venta.
“Obviamente, hubiese preferido que Nora no escribiera el libro”, dijo en la época al Post Bernstein, que entonces trabajaba en ABC News. “Pero siempre he sabido que ella escribe sobre su vida. Nora utiliza como material incluso sus salidas al supermercado”.
En 1987 se casó con Nicholas Pileggi, periodista, autor y guionista de películas como el drama de mafiosos ‘Uno de los nuestros’ [GoodFellas; Buenos muchachos] (1990) y ‘Casino’ (1995). Además de Pileggi y sus tres hermanas, entre los sobrevivientes se encuentran dos hijos de su segundo matrimonio, Jacob Bernstein, de Nueva York, y Max Bernstein, de Los Angeles.
Como cineasta, Ephron podía ser poco original. ‘Tienes un email’ se inspiró parcialmente en el clásico romance sobre la amistad por correspondencia ‘El bazar de las sorpresas’ [The Shop Around the Corner] (1940). Ephron también se basó fuertemente en el drama romántico de Cary Grant y Deborah Kerr en ‘Algo para recordar’ [An Affair to Remember; Tú y yo] (que ya era un remake de una película anterior) para su desventurado romance de 1993, ‘Sintonía de amor’ [Sleepless in Seattle], con Hanks y Ryan.
Si su carrera en el cine también tuvo su cuota de fracasos –entre ellos, la comedia sobre el programa de protección de testigos ‘Mi querido mafioso’ [My Blue Heaven] (1990) y el remake de la comedia ‘Embrujada’ (2005)-, Ephron siguió siendo ampliamente admirada por una carrera productiva en un ámbito en el que a menudo se marginaba a las mujeres que no producían grandes éxitos o candidatos al Oscar.
“Nora Ephron ha sido discretamente una de las mujeres más importantes en la historia del cine”, dijo la historiadora del cine Jeanine D. Basinger.
Ephron siguió escribiendo numerosos ensayos para publicaciones como el New York Times y la revista O. Una de sus últimas antologías, ‘I Feel Bad About My Neck: And Other Thoughts on Being a Woman’ (2006), fue provocada por lo que llamó una vez “la menopausia que algunas de nosotras recordamos tan hostilmente”.
Siguiendo el consejo de su madre, fue franca cuando compartió sus temores íntimos sobre la vejez. Exploró la pérdida de las capacidades físicas y mentales (“gastaba tiempo tratando de ponerme en forma; entonces, volvía a recaer”). Expresó asombro de que uno de sus contemporáneos, la ex interna de la Casa Blanca, Mimi Fahnestock, hubiera mantenido en silencio su aventura con el presidente John F. Kennedy durante más de cuarenta años.
Ephron escribió que era asesora de prensa de la Casa Blanca en la época y lamentaba que hubiese sido “probablemente la única mujer joven que trabajó alguna vez en la Casa Blanca de Kennedy a la que el presidente no le hizo ninguna insinuación. Quizá se debió a mi permanente, que había sido un error verdaderamente desafortunado. Quizá se debió a mi vestuario, que consistía mayormente de vestidos multicolores de dynel que parecían queso feta destilado”.
“Quizá es porque soy judía”, agregó. “No se rían, piénsenlo, piensen sobre esa larga, larga lista de mujeres con las que durmió J.F.K. ¿Alguna era judía? No lo creo”.
“Por otro lado, quizá es simplemente porque J.F.K. de algún modo sentía que la discreción no era mi fuerte. Quiero decir, te aseguro que si hubiese pasado algo entre nosotros, no habrías tenido que esperar tanto tiempo para saberlo”.
5 de julio de 2012
26 de junio de 2012
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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