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[Varsovia, Polonia] [Conmoción por cárcel secreta de la CIA en el país. Una pesquisa sobre si la CIA tenía una cárcel secreta donde los secuestrados eran brutalmente interrogados podría enredar a ex altos funcionarios polacos].

[Henry Chu] Durante años, la idea parecía impensable, absurda. ¿Un centro de detención estadounidense en una remota comarca de Polonia, donde los sospechosos de pertenecer a al Qaeda eran brutalmente interrogados por la CIA? Tan probable como “el monstruo de Loch Ness”, según se describió en Polonia hace poco.
Ahora el monstruo está asomando la cabeza.
Recluidos en oficinas del gobierno, rodeados por documentos confidenciales, los fiscales polacos están preparando un caso que podría resultar en cargos criminales contra el ex jefe de espionaje del país e incluso, dicen algunos, contra ex importantes líderes políticos. Evidencias de que una potencia extranjera fue autorizada para realizar actividades delictivas en territorio polaco han sacudido profundamente la fe de muchos polacos en Estados Unidos y en la identidad polaca como una democracia exitosa nacida de las cenizas de la Guerra Fría.
La investigación de la fiscalía se centra en un cuartel militar polaco que presuntamente albergó una cárcel secreta de la CIA donde los secuestrados eran sometidos a técnicas de interrogatorio condenadas internacionalmente, tales como el submarino [simulacro de ejecución por asfixia por inmersión], durante 2002 y 2003. Los sospechosos –incluyendo a Khalid Shaikh Mohammed, el autoproclamado cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001- fue secuestrado en el marco del programa estadounidense de “entregas extraordinarias” e interrogado en el extranjero para evitar las normas legales estadounidenses sobre los interrogatorios, dicen la fiscalía.
Las acusaciones ya han dañado la reputación del país al que los polacos agradecen por haberles ayudado a derrocar la opresión comunista. Ahora muchos creen escandalizados que Estados Unidos se aprovechó de su gratitud, lealtad y ansiedad por complacer montando un centro de torturas que de otro modo no habrían tolerado nunca dentro de sus fronteras.
“Es el tipo de cosas que esperamos de la Rusia soviética. Nosotros recordamos la ocupación soviética; recordamos la ocupación alemana”, dijo el abogado Mikolaj Pietrzak, que representa a uno de los musulmanes presuntamente retenido e interrogado en Polonia. “El hecho de que este faro de la libertad que es Estados Unidos permitiera esto, es para nosotros una gran decepción en Estados Unidos como el país de los hombres libres”.
Polonia no es el único país en Europa donde Estados Unidos operó cárceles secretas con al menos el permiso tácito de alguna instancia del gobierno polaco. Las cárceles secretas (también llamadas “agujeros negros”) funcionaron también en Rumania y Lituania, otras dos democracias en formación, así como en países del norte de África y Asia.
Pero Polonia es la única entre los países europeos en haber iniciado una investigación oficial sobre el asunto.
“Está en juego la reputación de Polonia”, declaró en marzo el presidente Bronislaw Komorowski. “Ciertamente este es un tema sensible y delicado, y posiblemente doloroso para el estado polaco, pero es tarea del poder judicial aclarar todo esto”.
Al mismo tiempo, varios abogados, periodistas y activistas de derechos humanos se quejan de que la investigación ha sido vacilante, poco transparente y susceptible de ser intervenida políticamente debido a sus potenciales repercusiones para las relaciones polaco-estadounidenses y para prominente figuras políticas que pueden haber estado al tanto de la cárcel de la CIA.
En la fiscalía, el caso ha cambiado de manos al menos dos veces desde que empezara la investigación en 2008. Hace poco, por razones que no están claras, fue trasladado desde la fiscalía aquí en Varsovia a Cracovia, una ciudad en el sur del país.
Pietrzak se siente frustrado por el rechazo de la fiscalía a brindarle acceso a documentos confidenciales más allá de la lectura inicial que le permitieron.
Su cliente, Abd al Rahim al Nashiri, ha sido acusado participar en la conspiración de al Qaeda en 2000 para atacar el destructor norteamericano Cole en Yemen, que terminó con la vida de diecisiete marinos estadounidenses. Capturado a fines de 2007 en los Emiratos Árabes Unidos, Nashiri, un ciudadano saudí, es ahora uno de los internos en el centro de detención militar estadounidense en Bahía Guantánamo, Cuba.
Durante su interrogatorio en la cárcel secreta de la CIA en el norte de Polonia en 2002 y 2003, en una base militar en la ciudad de Stare Kiejkuty en el nordeste del país, Nashiri fue amenazado con una pistola y una taladradora eléctrica contra su cabeza para obligarlo a hablar. Su abogado dice que también fue sometido a un simulacro de ejecución por asfixia por inmersión –un método de tortura conocido como el submarino que Estados Unidos ha prohibido desde entonces.
Ahora Nashiri espera su juicio ante una comisión militar estadounidense y podría ser condenado a la pena capital, lo que hace que Pietrzak se irrite todavía más por el ritmo de la fiscalía aquí en Polonia.
“Si toma cuatro años es que no es una investigación muy sólida”, dijo Pietrzak. “Este es el peor caso de violación de derechos humanos que conocemos en Europa en los últimos veinte años… La opinión pública tiene derecho a saber qué pasó”.
Lo que hasta el momento sabe el público polaco se debe en gran medida al tenaz trabajo de periodistas como Adam Krzykowski, de la televisión polaca.
Mientras que las acusaciones de que Estados Unidos tenía un centro secreto de interrogatorios en Stare Kiejkuty eran todavía desechadas en Polonia como fantasiosas hace cuatro o cinco años, Krzykowski consiguió las bitácoras de vuelo de varios aviones a chorro que aterrizaron en el cercano aeropuerto de Szymany en 2003, una pista frecuentada usualmente por pequeños aviones privados que transportan turistas a los pintorescos lagos y bosques de la región.
“Cuando estos aviones se aproximaban, el controlador del tráfico aéreo era siempre la misma persona: se trataba de un oficial que estaba asignado a veinte o treinta kilómetros de distancia” en Stare Kiejkuty, dijo Krzykowski. “En cuanto a los agentes fronterizos que se encargaban del avión, estaban siempre bajo el mando del mismo mayor”.
Un empleado del aeropuerto dijo a los periodistas que en una ocasión el avión aterrizó al final de la pista de modo tal que impidiera observar a los que eran bajados. Los vehículos que esperaban, todos provenientes de la base militar de Stare Kiejkuty, se alejaban rápidamente. Sus ventanillas polarizadas impedían saber quién iba dentro.
Mohammed fue secuestrado en Pakistán en 2003. Dijo que cree que fue interrogado en Polonia porque durante un interrogatorio le dieron una botella de agua cuya etiqueta llevaba una dirección de correo electrónico que terminaba en “.pl”, el código para Polonia en internet.
Para 2008, el peso de las evidencias y las acusaciones públicas fueron de tal magnitud que la fiscalía polaca se sintió obligada a iniciar una investigación propia. El presidente del país, el primer ministro y otros altos funcionarios en la época en que funcionaba la cárcel secreta han negado todos haber tenido conocimiento de cárceles secretas en territorio polaco.
Se atribuye la responsabilidad a Zbigniew Siemiatkowski, el ex director del servicio de inteligencia polaco. Hace algunos meses Siemiatkowski reconoció haber sido identificado oficialmente por la fiscalía como el sujeto de la investigación, aunque la fiscalía ni confirma ni niega el hecho. Pero se ha negado a entregar detalles, diciendo solamente que está decepcionado de que el país por el que trabajó se haya volcado en su contra.
Los partes de prensa polacos dicen que Siemiatkowski será posiblemente acusado de exceder sus atribuciones y de ser cómplice de torturas por colaborar con la CIA en la instalación de un centro de detención clandestino en Stare Kiejkuty.
Adam Bodnar, en Varsovia, de la Fundación Helsinki para los Derechos Humanos, dijo que es difícil creer que Siemiatkowski actuara por cuenta propia en una operación que requería la coordinación entre el servicio de inteligencia, las fuerzas armadas y el servicio de control de fronteras. Pero buscando a los responsables más arriba en la cadena de mando, quizás hasta el despacho presidencial y el primer ministro, podría abrir una caja de gusanos.
Bodnar está también consternado de que algunos de sus compatriotas defiendan lo que supuestamente pasó en Stare Kiejkuty, entre ellos líderes del movimiento anticomunista polaco. El ex presidente Lech Walesa, el icónico dirigente de Solidaridad y activista demócrata, declaró que estaba “contra la tortura”, pero dijo: “Esto es una guerra, y la guerra tiene sus propias reglas”.
“Los mismos tipos que ayudaron a redactar la Constitución aprueban ahora su violación”, dijo Bornar, consternado.
Otros temen las repercusiones negativas para las relaciones de Polonia con su aliado más apreciado, Estados Unidos, que se dice se ha negado a entregar documentos a la fiscalía polaca. De momento, Washington no ha expresado abiertamente su incomodidad con la investigación.
“Si resulta que los estadounidenses nos estaban extorsionando [para instalar una cárcel secreta en el país]… eso sería simplemente una nueva demostración de que los estadounidenses son matones y de lo asimétrica que es la relación”, dijo Bartosz Wisniewski, analista en el Instituto Polaco de Asuntos Internacionales.
De momento los partidarios de la investigación desean que avance más rápidamente.
Pietrzak, el abogado, dijo que estaba preparado para proseguir el caso a través de cualquier medio posible. Si al final resultara que están implicados importantes líderes polacos, y esto causara una conmoción social y política, pues bien, que así sea.
“Tarde o temprano se va a saber la verdad. La pregunta es si ocurrirá gracias a Polonia, al activo rol de la fiscalía, o si se va a saber a pesar de la incapacidad de la fiscalía”, dijo Pietrzak.
“Es una patata caliente, pero no me importa”, agregó. “Este caso no va a desaparecer”.
6 de julio de 2012
21 de junio de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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