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[Fabricantes de gaseosas empiezan campaña contra prohibición de venta en Nueva York. La industria de los refrescos ha empezado una agresiva campaña contra las propuestas de restringir la venta de bebidas azucaradas en envases de formato grande.]

[Michael M. Grynbaum] Cabilderos de Coca-Cola y otras grandes compañías de refrescos se reunieron con candidatos a la alcaldía y concejales del ayuntamiento. Promotores contratados por la industria de los refrescos paran a neoyorquinos en la calle para pedirles que firmen sus peticiones. Las páginas de Facebook y Twitter llaman a los lectores a decir “no a la prohibición de las gaseosas”.
Confrontada a un declarado ataque contra sus productos gaseosos, la industria de los refrescos en Estados Unidos ha iniciado una agresiva campaña contra las restricciones propuestas por el ayuntamiento de Nueva York al expendio de bebidas azucaradas en envases de gran formato.
Apelando a un debate sobre la libertad de expresión, no sobre la gordura, la industria ha creado una coalición bautizada como Neoyorquinos por Opciones de Bebidas [New Yorkers for Beverage Choices] para coordinar sus proyectos de relaciones públicas en la ciudad. El jueves, la organización introdujo su primera publicidad radial, un anuncio de un minuto que presenta a actores con acento neoyorquino diciendo: “No, gracias, se trata de proteger nuestra libertad de opción”.
“Esto es Nueva York; nadie nos dice en qué barrio debemos vivir ni a qué equipo apoyar”, dice el locutor mientras fans de los Yankees y Mets gritan en el fondo. Una voz con acento de Brooklyn dice: “¡Es increíble!”
La carga la dirige la más importante organización gremial de la industria, la Asociación de Fabricantes de Bebidas de Estados Unidos [American Beverage Association], con sede en Washington, que ha contratado a varios poderosos consultores políticos para la causa, incluyendo a los publicistas responsables de los anuncios televisivos de ‘Harry and Louise’ que contribuyeron a frustrar el plan de seguro médico del presidente Bill Clinton en los años noventa.
La asociación de fabricantes de bebidas no quiso revelar su presupuesto para la campaña de Nueva York, pero Eliot Hoff, portavoz de la coalición, dijo que estaba “preparado para utilizar todos los recursos que sean necesarios”.
El ayuntamiento también ha hecho campañas para influir en la opinión pública. Desde 2009 ha contratado cinco campañas de publicidad en el metro, en la prensa impresa, en internet y en televisión, asociando el consumo de bebidas gaseosas con la obesidad. Según funcionarios del ayuntamiento, la campaña ha costado 2.8 millones de dólares, de los cuales el 87 por ciento fue financiado por el gobierno federal.
La guerra es importante para la industria de los refrescos, la que está a la defensiva ahora que funcionarios de la salud pública acusan frecuentemente a las bebidas azucaradas como una importante causa de la desbocada tasa de obesidad de los estadounidenses. La industria ya ha destinado decenas de millones de dólares para ayudar a rechazar los impuestos y regulaciones propuestas sobre sus productos en todo el país –incluyendo trece millones de dólares en Albany en 2010 para influir exitosamente sobre los legisladores para que rechazaran un impuesto estatal de un centavo sobre los refrescos.
Pero la industria se ha visto enfrentada a todavía más retos desde el 30 de mayo cuando el alcalde Michael R. Bloomberg propuso prohibir la venta de bebidas azucaradas en envases superiores a 450 mililitros en establecimientos alimentarios, incluyendo teatros y estadios. La alcaldesa de Cambridge, Massachusetts, Henrietta Davis, propuso que su ciudad adopte una medida similar, y el senador Frank R. Lautenberg, demócrata de Nueva Jersey, propuso un estudio federal de la relación entre las bebidas azucaradas y la obesidad.
La industria se enfrenta a una lucha particularmente difícil en Nueva York debido a que las restricciones propuestas sólo requieren la aprobación de la Junta de Salud, cuyos miembros fueron nombrados por Bloomberg. La junta también realizará el 24 julio una audiencia pública sobre la propuesta, y la industria, como primera medida, esperar estimular a los opositores a que acudan en tropel.
La administración de Bloomberg dijo que no le sorprendían los esfuerzos de la industria para bloquear el plan.
“Hay un grupo imparcial de expertos en salud que debe tomar la decisión”, dijo Howard Wolfson, subalcalde que está llevando la prohibición propuesta. “Creo que sus miembros se dejarán influir por la ciencia, no por una campaña de relaciones públicas”.
Ejecutivos de la industria son vagos sobre su estrategia a largo plazo, diciendo que se están concentrando en reclutar empresas, sindicatos y legisladores locales para que se unan a la causa. Pero la portavoz del ayuntamiento, Christine C. Quinn, y el gobernador Andrew M. Cuomo, cerrando aparentemente la puerta a acciones legislativas del ayuntamiento o del estado, dijeron que no desean implicarse. La industria dijo que también estaba considerando recusar en tribunales la decisión, pero después de que el proceso regulatorio fuera completado.
En las últimas semanas, cabilderos de Coca-Cola se reunieron con tres probables candidatos a la alcaldía: Bill de Blasio, el defensor público, y Scott M. Stringer, presidente de distrito de Manhattan, que apoya las restricciones propuestas, y William C. Thompson, ex contralor municipal, que no lo hace. Los ejecutivos de la compañía también se acercaron a la señora Quinn, otro probable candidato a la alcaldía, pero no se reunieron con ella.
“Este es el tipo de cosas que hace cualquier industria”, dijo Christopher Gindlesperger, portavoz de la Asociación de Fabricantes de Bebidas de Estados Unidos. “Independientemente de cómo termine este asunto, es importante asegurarse de que la gente entienda el impacto de esto, hacerles saber cómo afectará sus vidas de todos los días”.
El 20 de junio, representantes de compañías de refrescos, restaurantes locales y teatros –que se oponen todos al plan del alcalde- se reunieron durante una hora con cuatro miembros de las comisiones de las comunidades negras, latinas y asiáticas de la ciudad.
“Se discutió sobre la idea de unir fuerzas con la industria, y lo estamos considerando”, dijo la concejala Letitia James, que invitó a la industria a reunirse con sus colegas. Dijo que los miembros de su comisión en general se oponían al plan de Bloomberg, diciendo que la restricción de 450 mililitros implicaría una carga económica desproporcionada para las familias de ingresos más bajos y los pequeños negocios. James dijo que ella y otros concejales considerarían la presentación de un escrito apoyando cualquier demanda que entablara la industria.
¿Se sirvieron refrescos en la reunión? “Ningún refresco en absoluto”, dijo James. “Sólo la enfriadora de agua”.
La industria de los refrescos, como antes la del tabaco, ha cultivado relaciones con legisladores de grupos minoritarios alegando que sus comunidades son afectadas de modo desproporcionado por las regulaciones sobre la venta.
“Hay una cosa que tienen en común todas estas prohibiciones y ataques y otras propuestas discriminatorias, y es que son regresivas“, dijo Gindlesperger. “Son discriminatorias porque atacan nuestros productos; son regresivas porque atacan a las familias de ingresos bajos y medios”.
Los críticos de la industria del refresco dicen que la campaña en Nueva York se inspira en un guión familiar. “Los temas de conversación son el ‘papá-estado’, que no funciona porque la gente seguirá comprando como siempre y esta medida perjudica a los pobres”, dijo Kelly Brownell, director del Centro Rudd para Política Alimentaria y Obesidad [Rudd Center for Food Policy and Obesity] de la Universidad de Yale.
Sin embargo, en Nueva York algunos publicistas cuestionaron que la industria gaste tiempo en hablar con los concejales, porque el consejo municipal no tiene atribuciones para anular las decisiones del alcalde.
La asociación de fabricantes de bebidas también aprendió una lección sobre la abrumadora influencia de Bloomberg en la ciudad. El año pasado la organización mantuvo a SKD Knickerbocker, una influyente firma consultora que produce anuncios para las campañas de Bloomberg para la alcaldía, para que la asesore sobre su estrategia política en Nueva York.
Cuando un portavoz de Knickerbocker, hablando a nombre de la industria de los refrescos, denunció el mes pasado el plan del alcalde, el campo de Bloomberg se desconcertó, de acuerdo a varias personas familiarizadas con la situación.
Aliados de Bloomberg transmitieron a la firma su indignación. La firma todavía representa a la asociación de fabricantes de refrescos, pero ya no trabaja en el tema de la prohibición de las gaseosas.
15 de julio de 2012
2 de julio de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

2 pensamientos en “fabricantes rechazan prohibición de gaseosas

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