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[El decapitador o monstruo de Lolol descuartizó a una mujer que había entrado a comprar a su tienda. Uno de sus amigos dice que le contó que Dios lo mandaba a matar].

[Claudio Lísperguer] La historia es conocida. El dueño de una tienda de antigüedades en un pequeño pueblo en el sur de Chile asesinó a puñaladas a una cliente que entró a su local, la decapitó con un hacha (o le cercenó la cabeza con un serrucho, según otras fuentes) frente a los hijos de la víctima, que huyeron despavoridos, y se enfrentó luego a un carabinero, que lo abatió a balazos cuando se sintió amenazado. Luego la policía encontró en un baúl en el interior de la tienda la cabeza de otra de sus víctimas, un vecino que había desaparecido hacía algunos días.
En una nota publicada por La Nación se lee que el anticuario “hablaba con Dios”. “Fue en esa misma época”, leemos, “en que el anticuario empezó a decirle a su amigo Ignacio Romero que ‘Dios me mandaba a matar a alguien de tanto en tanto’ o que ‘Dios me ordenó que me convirtiera en chamán’. López Rodríguez le juraba a su amigo que hablaba con Dios cada tres días, pero Romero pensaba que el anticuario había fumado demasiada marihuana”.
Curiosamente esta idea de que Dios lo mandaba a matar de vez en cuando no ha llamado la atención de los comentaristas. ¿De qué Dios hablaba el anticuario? Porque simplemente no es normal que los dioses llamen al homicidio. Existen dioses violentos, pero no es el Dios de los católicos, que se inspiran en el Nuevo Testamento, ni tampoco el Dios de los cristianos, que se basan en las enseñanzas de Cristo. El dios del anticuario es un dios violento, homicida, arbitrario, maligno. Así, pues, ¿qué dios era? ¿Alguno de esos dioses orientales que llaman al exterminio de los infieles (vale decir, de los que no creen en él), o a Satanás, el Señor del Mal? ¿Qué es lo que entendemos o interpretamos cuando leemos un titular como “Decapitador de Lolol No Tenía Antecedentes Siquiátricos, Pero Hablaba con Dios”?
El dios cristiano no llama a matar a nadie, ni habla con la gente metiéndosele en la cabeza. Yo he oído a oradores llamados cristianos fundamentalistas defender una interpretación de Dios como un ser vengativo y violento que efectivamente llama al crimen e incluso al sacrificio animal o humano. Dicen que ese Dios anima el Antiguo Testamento. No sé por qué llamamos cristianos a esos creyentes, porque está claro que no tienen nada que ver con el cristianismo, que es una doctrina que rechaza la violencia y predica la piedad y la solidaridad. En realidad, me irrita que estas personas se definan como cristianas. Y las iglesias llamadas protestantes o evangélicas habitualmente predican la intolerancia y el odio, dos actitudes profundamente ajenas y hostiles al catolicismo.
Ahora dicen algunos expertos que el anticuario asesino debe haber sido un enfermo mental y que sufría de “sicosis, esquizofrenia o paranoia” o “delirio místico”. ¿En qué se basan los expertos para este diagnóstico? Parece que se basan en un detalle: el anticuario, cuando se vio enfrentado al carabinero que acudió a los gritos de ayuda, alzó la cabeza cercenada de su víctima tratando de amedrentarlo. ¿Es esta conducta realmente un indicio de demencia mesiánica?
Aunque no soy experto, no pongo en duda que el monstruo de Lolol debe de haber sufrido un tipo muy severo de demencia. Pero si la decapitación es en sí misma una demostración de demencia criminal, entonces los militares pinochetistas –y los militares fascistas argentinos y los paramilitares y los terroristas fundamentalistas islámicos y los narcotraficantes mexicanos- son todos psicópatas, porque todos ellos recurrieron/recurren a esta forma de ejecución y otras aberraciones similares, incluyendo la profanación de cadáveres (por ejemplo: en 1974 los agentes de seguridad decapitaron a dos militantes del MIR y arrojaron sus cuerpos al patio de la embajada italiana; el general Contreras arrancaba los dientes y tapaduras de oro de sus víctimas –asesinadas durante torturas en las que eran mutiladas- para venderlos en el mercado).
Me pregunto, entonces: ¿Si el monstruo de Lolol era un loco, y los pinochetistas eran dementes, lo mismo que las personas que justificaron o siguen justificando sus crímenes, quiero eso decir que no son responsables de sus actos y, por ello, tampoco judicialmente? Si fuese así, los criminales pinochetistas deberían estar internados en el manicomio y sometidos a tratamiento. Nuestra historia la interpretaríamos de modo muy diferente: el golpe de estado de 1973 y la dictadura ya no serían proyectos políticos impuestos por Estados Unidos, ni el producto de luchas internas en Chile, sino el resultado de un grupo de psicópatas que secuestraron el estado y las mentes de un pueblo atemorizado. Pinochet y sus seguidores probablemente oían voces que les llamaban a matar y consideraban los asesinatos como ofrendas a su dios. Para entender la dictadura chilena habría entonces que ser expertos en enfermedades mentales severas, no en ciencias políticas ni económicas, porque no se podría entender fuera del campo de la psiquiatría.

Tuve un amigo que sufrió de paranoia. Después del tratamiento me contó que había abrigado planes de matarme, porque oía la voz de Dios diciéndole que yo era un enemigo y debía ser eliminado. Frustrado su plan (sin que yo me diera cuenta), empezó a oír a Dios diciéndole que se había equivocado y creyéndome víctima de una conspiración demoníaca se convirtió en mi guardaespaldas y no me dejaba ni a sol ni a sombra. Cuando me contó lo que le había ocurrido, le pregunté que cómo, considerándose católico, había podido creer que Dios le mandaba matar.

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