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[Compañías farmacéuticas de marca pagan sobornos a fabricantes de genéricos concurrentes para impedir que lleguen al mercado y asegurar su posición monopólica. Editorial NYT].

Una corte federal de apelaciones de Filadelfia ha introducido un poco de necesario sentido común en la espinuda cuestión de cómo juzgar casos sobre patentes en los que compañías farmacéuticas de marca pagan sumas substanciales a fabricantes de genéricos concurrentes que entonces retrasan la salida al mercado de sus productos. Un tribunal de tres jueces de la Corte de Apelaciones del Tercer Circuito resolvió el lunes que, en clara ausencia de lo contrario, esos pagos deben ser considerados como “evidencia prima facie de una restricción irrazonable del comercio”.
Si el caso llega alguna a la Corte Suprema y se mantiene este fallo, podría convertirse en un gran paso para poner fin a una táctica dudosa empleada por las compañías farmacéuticas para frustrar los intentos de acelerar el advenimiento de los medicamentos genéricos.
La táctica consiste en pagar por el retraso y es empleada cuando un fabricante de genéricos trata de poner sus medicamentos en el mercado antes de que haya expirado la patente del medicamento de marca. El fabricante de genéricos aspirante argumenta normalmente que la patente ha perdido su vigencia o que su producto no viola la patente. Con miles de millones de dólares en juego, el fabricante de marca podría preferir pagar a su competidor genérico substanciales sumas de dinero para dejar caer su reto y retrasar la circulación de su medicamento, y el fabricante de genéricos podría preferir el soborno antes que enfrentarse a las incertidumbres de un litigio y en realidad de tratar de vender su fármaco.
En ese caso, los grandes perdedores son los consumidores y los aseguradores públicos y privados que se ven obligados a seguir pagando precios monopólicos por los medicamentos de marca.
La Comisión Federal de Comercio ha estado haciendo campañas para poner freno a esas prácticas y tuvo éxito en eliminarlas durante varios años, pero debió paralizarlas cuando dos cortes de apelaciones fallaron en 2005 que esos acuerdos de no competencia son un modo legítimo de resolver disputas sobre patentes.
El caso actual es diferente a estos casos previos, pero se origina en el mismo tipo de problemas. Implica a K-Dur 20, un suplemento de potasio fabricado por Schering-Plough que atenúa los efectos secundarios de medicamentos contra la presión sanguínea alta e insuficiencia cardiaca congestiva. Schering-Plough tiene una patente para un revestimiento que libera el ingrediente active para un efecto sostenido. La firma pagó sesenta millones de dólares al fabricante de un genérico, pretendidamente por licencias de otros productos fabricados por la empresa de genéricos, y pagó quince millones de dólares a otro fabricante de genéricos.
El Tercer Circuito ha resuelto ahora que esos pagos deben ser considerados como una restricción irrazonable del comercio a menos que los fabricantes del medicamento puedan aportar evidencias de que, por ejemplo, los pagos fueron en realidad efectuados para otros propósitos que para retrasar la introducción al mercado del producto. Eso tiene sentido como resolución judicial, pero la mejor solución sería que el Congreso apruebe una ley que haga más difícil que las compañías emprendan esas prácticas solapadas.
18 de julio de 2012
17 de julio de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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