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[Beitur, Líbano] [A medida que se prolonga la rebelión, los fundamentalistas ocupan roles más importantes.]

[Neil MacFarquhar y Hwaida Saad] A medida que la rebelión contra el presidente Bashar al-Asad continúa sin que se advierta su fin, los sirios que participan en la lucha armada dicen que esta se radicaliza cada vez más: los yihadistas islámicos del país, así como pequeños grupos de combatientes de al Qaeda, están ocupando un rol cada vez más prominente y exigiendo funciones en la dirección de la oposición.
En los últimos meses se ha presenciado la emergencia de organizaciones militantes sirias más organizadas y mejor armadas proponiendo un programa basado en la guerra santa: la creencia de que tienen un mandato divino para luchar. Organizaciones de la oposición menos fanáticas también están adoptando un aura pronunciadamente islámica, porque capta más financiamiento.
La provincia de Idlib, en el norte de Siria, donde los combatientes de la oposición controlan la mayor parte del territorio, es un buen ejemplo. En un caso conocido, después de que los yihadistas que luchan bajo la negra bandera del profeta Mahoma lanzaran importantes ataques contra blancos del gobierno sirio, el comandante de un consejo militar local los invitó hace poco a tomar parte en este. “En Idlib están en todas partes”, dijo un delgado y bronceado comandante del consejo del Ejército Libre de Siria en Saraqib, una estratégica ciudad junto a la autopista principal al sudoeste de Alepo. “Son cada vez más fuertes, así que no queremos ningún tipo de hostilidad ni tensiones en nuestra área”.
Pero las tensiones llegaron de todos modos. Las organizaciones exigieron izar la bandera del profeta -negra, con el texto “No hay sino un solo Dios” en árabe en caligrafía blanca- durante las demostraciones semanales de los viernes. Saraqib se enorgullece a sí misma de sus nuevos proyectos democráticos, como la propuesta de elegir un nuevo ayuntamiento cada dos meses, y los vecinos debieron elegir: la respuesta fue no. Los milicianos yihadistas izaron la bandera de todos modos hasta que un compromiso formal permitió una manifestación de veinte minutos.
En cierto sentido, los cambios en el terreno acercaron al gobierno sirio a la verdad después de sus primeros reclamos, fácilmente desechables, de que la oposición era dirigida por fundamentalistas financiados por países extranjeros.
Un importante motivo mencionado por el gobierno de Obama para limitar su apoyo a la oposición a cosas como equipos de comunicación es que no quiere que los extremistas islámicos reciban armas. Pero el lado B es que las organizaciones salafistas o los puritanos musulmanes son los que reciben la mayor pare del financiamiento extranjero.
“Una parte importante del discurso fundamentalista tiene que ver con el financiamiento”, observó Peter Harding, el analista de Siria del Grupo Internacional de Crisis, agregando que era de todos modos inquietante. “Tienes personas laicas y musulmanes muy moderados que se unieron a las organizaciones salafistas porque estas tienen armas y dinero. Hay más salafistas definiendo a las organizaciones [de la oposición] que en los grupos en el terreno”.
Pero la guerra santa se ha convertido en un distintivo llamado a las armas. El comandante de las nuevas brigadas unificadas del Ejército Libre de Siria que ataca Alepo apareció el domingo en un video en YouTube exhortando a los hombres a unirse a la rebelión, diciéndoles: “Aquellos cuyas intenciones no sean luchar por Dios, mejor se quedan en casa; pero los que quieran luchar por Dios, deben incorporarse a la yihad para ganarse un hueco en el cielo después de la muerte”.
Lo que empezó en marzo de 2011 como un movimiento de protesta en gran parte laico y pacífico dio un giro adoptando un tono más religioso por primera vez a fines del verano pasado cuando se convirtió en un conflicto armado librado por musulmanes suníes del campo, que son más conservadores y cuya fe ya era una parte integral de sus vidas diarias.
Pero se ha prestado mayor atención a la participación de al Qaeda en la rebelión desde mediados de julio, cuando paramilitares reivindicando su lealtad con la organización terrorista aparecieron durante la ocupación del cruce fronterizo Bab al-Hawa, en la frontera con Turquía. En un video, cinco milicianos declaraban su intención de crear un estado islámico. (Uno de los puntos principales del programa de al Qaeda es la fundación de un califato islámico).
Sin embargo, todavía no se observa una presencia significativa de combatientes extranjeros de algún bando en Siria, dijeron paramilitares y otros. El comandante de Saraqib calculó que había probablemente cincuenta militantes de al Qaeda en Idlib, una extensa provincia en el norte que linda con Turquía. Entre los extranjeros se contaban libios, argelinos y un español, dijo, agregando que él los prefería a los yihadistas nacionales. Eran menos agresivos y menos desconfiados que los nativos, dijo el comandante, que fue entrevistado en Turquía vía Skype y que se negó a dar su identidad.
Un activista que ayuda a organizar los consejos militares sirios dijo que había gruesamente cincuenta mil combatientes en total, y menos de mil de ellos eran extranjeros, y que estos a menudo tienen problemas con la población local. “Si hubiera mil, lo sabríamos, y menos de mil es nada”, dijo el activista, Rami, negándose a identificarse con más de un nombre por razones de seguridad.
Tampoco son yihadistas todos los milicianos extranjeros. Un paramilitar libio-irlandés, Mahdi al-Harati, que ayudó a dirigir la batalla por Trípoli, organizó un grupo de voluntarios para Siria, observó Thomas Pierret, docente especializado en el islam sirio contemporáneo en la Universidad de Edimburgo. “No es un yihadista; se ve a sí mismo como un revolucionario libio que ayuda a la rebelión siria”, dijo Pierret.
Combatientes, activistas y analistas dicen que los grupos yihadistas están emergiendo ahora por varias razones. Generalmente no forman parte del Ejército Libre de Siria, la fragmentada coalición nacional de milicias paramilitares locales compuestas por desertores del ejército y voluntarios civiles. Significativamente, la mayor parte del dinero que fluye hacia la oposición siria proviene de donantes religiosos de Arabia Saudí, Qatar y otros países de la región del Golfo Pérsico cuya generosidad va unida a la difusión de la doctrina salafista.
Además, a medida que el sectarismo religioso de la rebelión se profundizaba, oponiendo a la mayoría de musulmanes suníes contra la minoría gobernante alawita, la rebelión atrajo a combatientes seducidos por la causa musulmana mayor. Los alawitas, la secta del presidente, dominan Siria, pero muchos musulmanes ortodoxos los ven como una rama herética del islam chií.
Comprender a los actores militares en la oposición siria se ha hecho notablemente más difícil en los últimos meses debido a la proliferación de grupos paramilitares que se autodenominan brigadas, batallones y frentes, muchos de ellos con nombres religiosos. Además, cambian a menudo de nombre, y han desaparecido casi todos.
Pero se observa una marcada tendencia en los videos que no muestran la bandera rebelde –la bandera de la independencia siria tiene tres franjas –verde, blanco y negro- y tres estrellas rojas. “El tema de la bandera es realmente clave”, dijo Pierret. “Ahora quieren un programa más salafita, más yihadista, y rechazan el marco nacional”.
Un video reciente, que muestra el ataque contra una comisaría de policía cerca de Alepo, dejaba ver una pistola, un ejemplar del Corán y un himno. “Con el Corán en nuestras manos desafiamos al enemigo, entregamos nuestra sangre por la religión”, dice la letra.
El comandante de Saraqib dijo que cuando invitó a los yihadistas a formar parte de su consejo militar, rechazaron varios de los nombres propuestos para la integración del grupo, que incluían referencias a Siria. “Ellos consideran que todo el planeta es la tierra de los musulmanes, así que se negaron a usar nombres que los asociaran a Siria”, dijo.
Esa actitud provoca gruñidos de los combatientes acostumbrados al islam más amable que ha prevalecido durante largo tiempo en Siria. Adel, un activista de los medios de Idlib entrevistado en Antakya, Turquía, en junio, se quejó de que “el islam actual ha forzado su camino en el corazón de esta revolución”. Cuando un miembro de la Hermandad Musulmana incorporó su grupo en Idlib, dijo, al cabo de una semana el hombre exigió que los lemas que gritaban incluyeran el de “no hay sino un solo Dios”.
“Ahora están cantando más cánticos religiosos que laicos”, se quejó Adel.
Detrás de la lucha aparente sobre los símbolos, se esconde una lucha por el poder y la influencia. Los que atacan al gobierno en nombre de la religión quieren tener más influencia, mientras que los que les precedieron quieren poner coto a su papel. Como en Iraq, mientras más se prolongue el conflicto, más probable es que emerjan más extremistas.
De momento, tanto combatientes como analistas dijeron que no todos los símbolos yihadistas podían ser aceptados así nomás. La escasez de armas y municiones en la desigual lucha contra el gobierno suscita más tensiones que la ideología.
Algunos sirios que quieren una rebelión más laica responsabilizan a la falta de apoyo occidental de que la rebelión haya caído en manos de los extremistas, sea por no proporcionar armas o por no forzar una solución. “El extremismo es el resultado de la pérdida de esperanza”, dijo Imad Hosary, ex miembro de los comités de coordinación local no violentos en Siria que huyó a París. “Los yihadistas son aquellos que dicen que nos recompensarán con el cielo, porque eso es todo lo que les queda; la comunidad internacional es responsable por no encontrar una solución”.
Entre las organizaciones nacionales emergentes más prominentes se incluye a Ahrar al-Sham y Sukur al-Sham, que ocupan varios capítulos en Idlib y otros lugares. Jibhat al-Nusra, una organización que ha reivindicado varios atentados suicidas, es considerada débil en el terreno, dijeron expertos.
Ahrar al-Sham en particular goza del apoyo del jeque Adnan al-Arour, una estrella musulmán suní en el exilio, que arremete contra chiíes y alawitas en su programa de televisión y en la que parece ser su propia cuenta en Twitter. “Compramos armas con las donaciones y los ahorros de los niños wahhabi”, dijo en un twit reciente, refiriéndose a la importante secta islámica de Arabia Saudí y Qatar, “y no de los estadounidenses, como sí fue el caso de los chiíes en Iraq”.
También ha arremetido contra Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá en el Líbano, una organización chií militante que respalda al presidente Asad. “Le pregunto a Hassan Nasrallah a cuántos sirios heridos ha curado? Porque sí sé a cuántos han matado él y su partido”.
Miembros de los principales grupos nacionales han negado que hayan adoptado puntos de vista extremistas, como declarar apóstatas a otras organizaciones o individuos. Abu al-Khatab, que se acerca a los treinta años, dijo que era un ex operativo de al Qaeda en Iraq antes de unirse a Ahrar al-Sham. “En ciertas cosas estoy de acuerdo con al Qaeda, y en otras no”. “Los atentados suicidas deberían emprenderse solamente contra las fuerzas de seguridad, no contra civiles”.
Abu Zein, portavoz de Sukur al-Sham, dijo que la organización incluía a sirios y combatientes de otras nacionalidades, como árabes, franceses y belgas. “La ideología de al Qaeda existía con anterioridad, pero fue suprimida por el régimen”, dijo en una entrevista por Skype.
“Pero después de la rebelión encontraron allá un terreno fértil, más los financiadores para sobrevivir”, agregó. “La ideología estaba presente, pero el personal no existía. Ahora tenemos ambos”.
Rami, el activista, piensa que las tendencias yihadistas marcan tanto la duración del conflicto como el hecho de que en muchas áreas la sociedad está ahora dominada por los hombres y es inestable –los viejos, las mujeres y los niños han huido. El islam sirio, dijo, tiende a no simpatizar con el extremismo. Un amplio edicto emitido por Ahrar al-Sham contra los alawitas fue condenado tan vehementemente por otros combatientes que fue más tarde suavizado para concentrarse en personajes del gobierno.
Rami describió a un líder local en Binnish, una ciudad cerca de Saraqib, cuestionando la religión de miembros de Ahrar al-Sham de los que sospechaba que estaban secuestrando muchos chiíes de la localidad.
“Les dijo: ‘Maldita sea tu religión: ¿quién es este Dios tuyo? He sido musulmán durante cuarenta año, y este es un Dios que yo no conozco’”, dijo Rami.
[Dalal Mawad contribuyó al reportaje].
3 de agosto de 2012
30 de julio de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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