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[¿Quieres tener hijos tontos? Aliméntalos con comida chatarra].

[Cathryn Wellner] Hay más razones convincentes para evitar la comida chatarra que una reducción de dos puntos del IQ, pero un nuevo estudio de la Universidad de Adelaide, en el sur de Australia, muestra el impacto de la alimentación tanto en las mentes como en los cuerpos en formación.
El estudio, dirigido por la doctora Lisa Smithers, compara los hábitos dietéticos de más de siete mil niños. Sus dietas fueron registradas a los seis meses, quince meses y dos años. Cuando cumplieron ocho años, se midieron sus IQs.
Según Smithers, “descubrimos que los niños que todavía eran amamantados a los seis meses y tenían una dieta sana habitual que incluía alimentos como legumbres, queso, frutas y verduras a los quince y veinticuatro meses, tenían un IQ dos puntos más alto a los ocho años. Los niños que tenían una dieta habitual con galletas, chocolate, caramelos, refrescos y patatitas fritas durante los dos primeros años de sus vidas, a la edad de ocho años tenían dos puntos menos en su IQ.
“También constatamos algunos impactos negativos sobre el IQ relacionados con las papillas listas para servir a los seis meses, pero también algunas asociaciones positivas a los veinticuatro meses”.
Estudios anteriores ya habían mostrado un alarmante aumento de enfermedades relacionados con la dieta en los niños. Por ejemplo, la diabetes Tipo 2, conocida tradicionalmente como diabetes de adultos [tipo 2], se empezó a diagnosticar en niños de hasta dos años. Las enfermedades cardiacas y algunos cánceres están también aumentando en poblaciones más jóvenes.
El nuevo estudio no saca conclusiones determinantes, y es solamente un estudio. Los resultados muestran efectos menores y deben ser verificados por futuras investigaciones.
Sin embargo, son parte de un contexto mayor que debería orientar nuestras ideas sobre los alimentos. Aunque no es probable que un par de puntos en el IQ cambien el futuro de un niño, cuando se les agrega la diabetes, las enfermedades cardiacas y el cáncer, juntos forman una amenaza que debería influir en cómo alimentamos a los niños. Smithers dice: “Aunque las diferencias en IQ no son grandes, este estudio entrega algunas de las evidencias más contundentes hasta la fecha de que los patrones dietéticos entre los seis y veinticuatro meses tienen un pequeño pero significativo efecto en el IQ en niños de ocho años”.
Es importante tomar en cuenta el impacto a largo plazo de la alimentación en nuestros hijos.
27 de agosto de 2012
9 de agosto de 2012
©care2
cc traducción c. lísperguer

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