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[Estados Unidos] [No se presentarán cargos por los duros métodos de la CIA. La foto muestra a un ciudadano iraquí asesinado en sesiones de tortura].

[Scott Shane] El fiscal general Eric H. Holder Jr. anunció el jueves que no se juzgará a nadie por las muertes de dos detenidos, uno en Afganistán en 2002 y otro en Iraq en 2003, eliminando la última posibilidad de que se entablen querellas criminales como resultado de los brutales interrogatorios a cargo de la CIA.
Holder ya había descartado todo cargo relacionado con el uso del submarino y otros métodos que la mayoría de los expertos en derechos humanos consideran tortura. Su anuncio cierra un periodo de tres años de investigación del Ministerio de Justicia y pone fin a años de disputas sobre quiénes – el personal de inteligencia o militar o sus superiores- son imputables por los maltratos a prisioneros tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
El fin de los dos casos quiere decir que el limitado esfuerzo del gobierno de Obama de vigilar los programas de contraterrorismo implementados durante el gobierno de George W. Bush llega a su fin. Sin elaborar, Holder sugirió que el fin de la investigación criminal no debería ser visto como una exoneración moral de los implicados en los maltratos y muertes de prisioneros.
“Sobre la base del expediente factual elaborado sobre las dos muertes, el ministerio ha desechado la persecución judicial porque la evidencia admisible no sería suficiente para conseguir una condena más allá de la duda razonable”, dice su declaración. Dice que la investigación “no tenía la intención, y no resolvía interrogantes más amplias sobre la propiedad de las conductas examinadas”.
El Ministerio de Justicia no dijo públicamente qué casos habían sido investigados. Pero funcionarios habían confirmado previamente las identidades de los prisioneros: Gul Rahman, sospechoso de ser un militante, que murió en 2002 después de ser encadenado a una muralla de concreto a temperaturas de casi bajo cero en una cárcel de la CIA en Afganistán conocida como el Hoyo de Sal; y Manadel al-Jamadi, que murió estando bajo custodia de la CIA en la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, donde su cuerpo fue fotografiado empaquetado en hielo y envuelto en plástico.
El anuncio de Holder podría remover un posible blanco para los republicanos durante la campaña presidencial. Pero la decisión decepcionará a los liberales que apoyaron al presidente Obama cuando se presentó a elecciones en 2008 y denunció lo que llamó tortura y mal tratos de prisioneros durante el régimen de su predecesor.
“Es tremendamente decepcionante que pese a las amplias pruebas de torturas, y casos documentados de personas que fueron efectivamente torturadas hasta la muerte, el ministerio de Justicia no haya sido capaz de iniciar un juicio exitoso y de juzgar a las personas responsables de estos crímenes”, dijo Elisa Massimino, presidente de Human Rights Firts. “El pueblo estadounidense debe saber lo que se hizo en su nombre”.
Dijo que la investigación de su organización sobre las muertes de prisioneros mostró que las pesquisas iniciales fueron estropeadas por oficiales militares y de inteligencia a cargo de las cárceles en Iraq y Afganistán. Dijo que Holder, cuya declaración mencionaba una consideración de los “plazos de prescripción y disposiciones jurisdiccionales”, debería haber sido más explícito a la hora de explicar exactamente por qué no se presentarían cargos.
Aunque nadie ha sido procesado por los severos interrogatorios, un ex agente de la CIA que ayudó en la persecución de miembros de al Qaeda en Pakistán y más tarde habló públicamente sobre el submarino, John C. Kiriakou, está esperando su juicio por cargos penales por haber revelado a periodista la identidad de otros agentes de la CIA que participaron en los interrogatorios.
El director de la CIA, David H. Petraeus, que cuando era general de ejército había rechazado los interrogatorios violentos, emitió una cautelosa declaración a los empleados de la agencia sobre el anuncio de Holder. Agradeció a los agentes de la CIA que “jugaron un rol apoyando las pesquisas del Ministerio de Justicia y agregó: “Como agentes de inteligencia, nuestra inclinación por supuesto es mirar hacia adelante y hacer frente a los retos del futuro antes que hacia atrás, hacia el pasado”.
El representante Mike Rogers, el republicano de Michigan que es presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara, apreció el anuncio. “Me place que la revaluación del fiscal general de estos casos haya terminado. En estos casos, presentar cargos criminales es inapropiado”, dijo. “Ahora esos agentes de inteligencia podrán continuar concentrándose en el duro trabajo que tienen ahora protegiendo nuestra seguridad nacional”.
La decisión de Holder en 2009 de abrir una nueva investigación de los interrogatorios de la CIA fue duramente criticada por algunos ex agentes de inteligencia y republicanos en el Congreso. Los duros métodos de interrogatorio, incluyendo el submarino [tortura consistente en un simulacro de asfixia por inmersión], habían sido autorizados en recomendaciones jurídicas y las muertes bajo custodia habían sido revisadas previamente por las fiscalías durante la presidencia de Bush.
Pero después de revisar los documentos secretos que describen los malos tratos a prisioneros, la mayoría de los cuales habían estado en cárceles secretas de la CIA en el extranjero, Holderm encargó a John Durham, el fiscal del crimen organizado que está investigando la destrucción por parte de la CIA de videos de aplicación del submarino, que ampliara su pesquisa.
Holder dijo que los interrogadores no serían llevados a juicio si habían actuado en estricta conformidad con la asesoría jurídica del ministerio, aunque los escritos legales fueron retirados más tarde. La revisión se concentraba más minuciosamente en casos en los que los interrogadores excedieron límites legales, incluyendo instancias de prisioneros sometidos al submarino más a menudo de lo permitido y uno de los prisioneros que había sido amenazado con un taladro eléctrico.
En noviembre de 2010, el Ministerio de Justicia declaró que no se presentarían cargos por la destrucción de los videos de los interrogatorios de la CIA. En junio de 2011, Holder dijo que de más de cien prisioneros cuyo tratamiento había sido revisado sólo los últimos dos casos seguían siendo investigados.
En su primer día de gobierno tras su investidura en enero de 2009, Obama prohibió los métodos de interrogatorio coercitivos y ordenó el cierre de las cárceles restantes de la CIA en el extranjero. Pero dijo ese mes que aunque no creía “que estuviera nadie por encima de la ley”, prefería “mirar hacia adelante en lugar de hacia atrás” y que no quería que los empleados de la CIA se sintieran “repentinamente como si tuvieran que pasarse todo el tiempo mirando por encima del hombro y en tribunales”.
La Comisión de Inteligencia del Senado ha completado en gran parte su propia investigación de tres años del programa de interrogatorios de la CIA, pero su informe es confidencial y se desconocen sus conclusiones. En abril, en respuesta a un libro de un ex funcionario de la CIA asegurando que los interrogatorios violentos habían ayudado a localizar a Osama bin Laden, la presidenta demócrata de la Comisión de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, dijo sobre esa afirmación que estaba ”mal orientada y desinformada”.
No es probable que el debate moral y político sobre la responsabilidad por los malos tratos y la muerte de prisioneros termine con el anuncio de Holder. El senador Patrick J. Leahy, demócrata de Vermont que es presidente de la Comisión Judicial, ha llamado hace tiempo a la formación de una “comisión de la verdad” para estudiar los interrogatorios y otros asuntos, ofreciendo inmunidad de persecución judicial a cambio de un testimonio sincero. Pero Obama nunca apoyó la idea, y excluida la persecución, parecía poco probable que ganara un nuevo impulso.
Massimino observó que en algunos países, la tortura y muerte de prisioneros han sido objeto de pesquisas públicas décadas después de los acontecimientos. “No creo que esto haya terminado”, dijo.
8 de septiembre de 2012
31 de agosto de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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