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[Bagdad, Iraq] [En un día sangriento.]

[Omar al-Jawoshy y Michael Schwirtz] El vicepresidente de Iraq, un prominente musulmán suní, fue condenado a muerte el domingo, por homicidio, en un juicio realizado en ausencia. La sentencia coincide con una ola de atentados con bomba y ataques insurgentes que se han cobrado la vida de más de cien personas, haciendo del domingo uno de los días más sangrientos en Iraq dese que se retiraran las tropas estadounidenses el año pasado.
Juntos, el fallo y la violencia amenazaron con hacer más profunda una crisis política ya intratable entre las facciones gobernantes del país.
Líderes suníes que apoyan al vicepresidente Tariq al-Hashimi, respondieron enfadados ante el fallo del tribunal, acusando al gobierno chií de tratar de hacerlos a un lado del acuerdo para compartir el poder convocado para protegerse contra la guerra religiosa que continúa asolando al país.
El domingo se reportaron ataques en al menos 120 ciudades iraquíes, incluyendo los barrios chiíes de Bagdad, donde dos mercados, un restaurante y una concurrida plaza fueron atacados, terminando con la explosión de un coche bomba tarde en la noche en Ciudad Sáder, un bastión chií en la capital. Los ataques subrayaron el creciente poder de las organizaciones insurgentes en Iraq, que parecen haber florecido en medio de la parálisis política que se produjo tras la retirada de los estadounidenses. Sus ataques han tendido a producirse en olas coordinadas en todo el país, incluyendo los ataques contra suníes extremistas del 23 de julio que mataron a cerca de 107 personas y parecen reflejar una extensión de la guerra religiosa desde la vecina Siria, y los atentados con coche bomba y bomba improvisada el 16 de agosto que terminó con la vida de cerca de cien personas, incluyendo decenas de ellos en un parque de diversiones al este de Bagdad.
A principio del verano, el país parecía avanzar hacia una cierta normalidad, con un relajamiento de los puestos de control en la capital, nuevos buses en servicio y mujeres que vuelven a los teatros locales. Pero la creciente violencia insurgente ha llevado al gobierno a reimponer medidas de seguridad y ha revivido el sentimiento de estar sitiados en las ciudades.
En febrero, una comisión de jueces acusó a Hashimi de dirigir escuadrones de la muerte paramilitares que eran responsables de más de ciento cincuenta ataques contra oponentes políticos, funcionarios de seguridad y peregrinos religiosos en un periodo de seis años. Hashimi ha rechazado los cargos, diciendo que son parte de una caza de brujas contra opositores políticos del primer ministro iraquí Nuri Kamal al-Maliki, chií. Cuando se emitió una orden captura contra Hashimi, este huyó de Iraq a Turquía, y permaneció allá mientras el juicio se desarrollaba sin él.
La sentencia del domingo no incluyó directamente los cargos por los escuadrones de la muerte sino que se concentró más estrechamente en la muerte de dos personas, un abogado y un funcionario de seguridad. Hashimi y su yerno fueron condenados por homicidio en los dos casos.
Hashimi no hizo declaraciones el domingo. Su oficina emitió una declaración diciendo que trataría el asunto en una rueda de prensa el lunes en Turquía.
Como era de esperar, otros líderes suníes reaccionaron con enfado ante la sentencia.
“Esto, desde el principio, fue una conspiración contra los suníes”, dijo Sheikh Talal Hussain al-Mutar, director de una de las numerosas tribus suníes de Iraq. “Toda la investigación y los tribunales son una farsa y están controlados por el gobierno. Esto hará que empeore la situación en Iraq”.
Líderes chiíes, por otro lado, saludaron el veredicto y defendieron al tribunal. Ali al-Alak, líder del partido chií Dawa y estrecho asesor de Maliki, desechó las acusaciones de conspiración, observando que la comisión de nueve jueces que sentenció a Hashimi incluía representantes de todas las facciones. Llamó a los legisladores suníes a romper lazos con Hashimi.
“La sentencia es una victoria para todos los iraquíes y una victoria para la justicia”, dijo Alak. “¿Por qué están tratando de defenderlo? ¿Qué están planeando?”
Legisladores de oposición han estado asediando al gobierno de Maliki durante meses. Funcionarios árabes suníes y kurdos han acusado a Maliki de tratar de monopolizar el poder, y han estado tratando de deshacerse de él vía un voto de censura.
La lucha entre facciones ha conducido prácticamente al colapso del diálogo político, aumentando los temores de que brechas en el control del gobierno puedan ser nuevamente rellenadas con insurgentes.
Nadie reivindicó inmediatamente la responsabilidad por la carnicería del domingo, que puso fin a todo un verano de mortífera violencia. Últimamente, al Qaeda en Iraq, la principal organización insurgente suní, ha reivindicado la responsabilidad de la mayoría de los atentados más impactantes. Hace poco la organización anunció en una página web de la yihad que intentaría controlar más regiones suníes en el país.
Inicialmente los ataques del domingo parecían dirigidos principalmente contra objetivos militares y policiales. La violencia empezó justo antes del alba, cuando combatientes atacaron un puesto de control militar en Dujail, una ciudad a unos 56 kilómetros al norte de Bagdad, dijeron funcionarios. Al menos diez soldados murieron y ocho quedaron heridos.
Una serie de explosiones en Kirkuk, a unos 241 kilómetros al norte de Bagdad, se cobraron al menos diecinueve vidas, e incluyó un atentado suicida con coche bomba frente a un edificio donde la gente se había reunido para solicitar trabajos en seguridad en la compañía estatal North Oil Company.
“Llegamos temprano esta mañana para solicitar empleo protegiendo el petróleo iraquí”, dijo Sagban Nuri, 18, que resultó herido en el abdomen. “Una enorme explosión nos tomó por sorpresa. Los cuerpos de mis amigos y parientes pasaron volando frente a mis ojos”, dijo.
En Nasiriya, al sur de Iraq, el consulado francés fue blanco de un coche bomba que mató a dos guardias de seguridad iraquíes, y otro atentado con bomba en la ciudad se cobró dos vidas. También hubo ataques en Samarra, Basra, Amara y Mosul, entre otras ciudades.
[Omar al-Jawoshy informó desde Bagdad, y Michael Schwirtz desde Nueva York. Duraid Adnan contribuyó al reportaje desde Bagdad.]
12 de septiembre de 2012
9 de septiembre de 2012
©new york times

cc traducción @lisperguer

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