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[Libia] [El embajador de Estados Unidos en Libia y otros tres ciudadanos estadounidenses en Bengasi.]

[Karen DeYoung y Michael Birnbaum] El embajador de Estados Unidos en Libia, John Christopher Stevens, y otros tres estadounidenses murieron el martes en un ataque contra el consulado estadounidense en Bengasi, una ciudad al este del país, informó la Casa Blanca.
En una declaración emitida el miércoles en la mañana por la Casa Blanca, el presidente Obama dijo que había ordenado un reforzamiento de la seguridad de las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos en todo el mundo. CNN informó que el ministerio de Defensa despachó a Libia dos equipos de seguridad antiterrorista del Cuerpo de Infantes de Marina para reforzar la seguridad allá.
Stevens, 52, y los otros estaban tratando de escapar del consulado cuando una granada impactó en su vehículo, según partes de prensa de Bengasi.
La secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, identificó a una de las víctimas como Sean Smith, funcionario de información del Servicio Diplomático. Los nombres de las otras dos personas no han sido dados a conocer a la espera de notificar primero a sus familias.
“Condenamos este despiadado y violento ataque que se cobró sus vidas, las que habían dedicado a ayudar al pueblo libio a luchar por un futuro mejor”, dijo Clinton en una declaración.
Stevens, funcionario asignado a Oriente Medio en el Departamento de Estado, fue nombrado embajador en Libia en mayo. Llevaba varios años trabajando en Libia, tanto antes como después del derrocamiento del gobernante libio, Moamar Gadafi.
Obama definió a Stevens como un ”representante valiente y ejemplar” del gobierno de Estados Unidos, que “sirvió desinteresadamente a nuestro país y al pueblo libio”.
“Su legado perdurará donde haya humanos luchando por la justicia y la libertad”, dijo Obama.
Clinton dijo que había llamado al presidente libio Mohamed Yusuf al-Magariaf “para coordinar apoyo adicional para proteger a los estadounidenses en Libia”.
El ataque en Bengasi se produjo después de protestas en el vecino Egipto, donde un grupo de manifestantes escaló la muralla de la embajada estadounidense en El Cairo el martes noche y entraron a los patios del recinto, se apoderaron de la bandera estadounidense y trataron de quemarla frente a la embajada, de acuerdo a versiones de testigos. El miércoles en la mañana una sentada de varias decenas de manifestantes continuaba frente a la embajada en El Cairo.
Los ataques –provocados aparentemente por la indignación despertada por una película amateur anti-musulmana hecha en Estados Unidos- podrían influir en una profunda reformulación de la política estadounidense hacia Libia y Egipto, donde Estados Unidos apoyó las revoluciones de la Primavera Árabe y fue decisivo para obtener apoyo económico y diplomático para sus nuevos gobiernos elegidos democráticamente.
Tanto el gobierno libio como el egipcio han condenado la violencia frente a los recintos diplomáticos estadounidenses. Pero funcionarios de seguridad locales en ambos países parecieron lentos a la hora de proporcionar protección a las instalaciones diplomáticas estadounidenses y no han emitido declaraciones explicando la violencia ni expresando una condena firme.
Los incidentes plantean la pregunta sobre de qué manera los gobiernos de países donde se sospecha de las intenciones de Estados Unidos están dispuestos o son capaces de proporcionar seguridad a los diplomáticos estadounidenses.
En una rueda de prensa en Trípoli el miércoles, el primer ministro libio y el vocero parlamentario se disculparon por el ataque y extendieron sus condolencias por las muertes a Estados Unidos y a las familias de las víctimas.
Aunque no entregaron detalles, ofrecieron dos teorías alternativas sobre los perpetradores, diciendo en un momento que los responsables eran gadafistas, pero cambiando la versión más tarde diciendo que eran “extremistas” y que el ataque estaba relacionado con el aniversario el martes de los atentados terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.
Sin embargo, poco antes el viceministro del Interior, Wanis al-Sharif, sugirió a periodistas que el ataque era el resultado de la incapacidad de la seguridad estadounidense en el consulado. “Son responsables simplemente porque no retiraron del recinto a su personal” pese a incidentes anteriores, dijo Sharif, de acuerdo a servicios de prensa. “Era necesario que tomaran precauciones”.
En una declaración el martes noche, Clinton dijo que “deplora” todo intento consciente de denigrar las creencias religiosas de otros y que “no hay nada que justifique estos actos de violencia”.
La película que parece haber provocado las protestas se titula ‘The Innocence of Muslims’ [La inocencia de los musulmanes]. En él se define como farsante al profeta Mahoma y lo muestra en un acto sexual. Un polémico presentador de un canal de televisión en El Cairo, Sheikh Khaled Abdallah, emitió fragmentos del video en un canal orientado hacia el islam el sábado y el mismo video estuvo disponible online el lunes.
Un agente inmobiliario de California, Sam Bacile, que se describió a sí mismo como un judío israelí, dijo ser el autor del video. Bacile se escondió el martes, pero persistió en su condena del islam, informó la Associated Press.
La crisis se extendió rápidamente a la campaña presidencial en Estados Unidos cuando Mitt Romney emitió una breve declaración diciendo que estaba “indignado” por los ataques. Romney dijo luego que “es una desgracia que la primera respuesta del gobierno de Obama no fuera condenar los ataques contra nuestras delegaciones diplomáticas, sino simpatizar con los que los perpetraron”.
La campaña por la relección de Obama respondió prontamente de la misma manera, diciendo: “Nos consterna que el gobernador Romney haya lanzado este ataque político en momentos en que Estados Unidos procesa la trágica muerte de uno de nuestros diplomáticos en Libia.”
Stevens, que hablaba árabe y francés, se describió a sí mismo en la página web de la embajada como alguien “suficientemente afortunado como para participar en este increíble periodo de cambio y esperanza en Libia”. El diplomático era el representante de Estados Unidos en el Consejo Nacional de Transición, el gobierno provisional instalado por los rebeldes libios en Bengasi antes del derrocamiento de Gadafi.
“Cuando no está en una reunión con funcionarios de gobierno o diplomáticos extranjeros, al embajador Stevens lo podrá encontrar reunido con académicos libios, hombres de negocios y activistas de la sociedad civil, explorando los ricos sitios arqueológicos libios y disfrutando de la variada cocina libia”, escribió Stevens en la página.
Es el primer embajador estadounidense asesinado en acto de servicio desde 1988, cuando Arnold Raphel perdió la vida en un misterioso accidente aéreo en Pakistán, junto con el presidente paquistaní Zia ul-Haq.
Esta violación de la seguridad en la embajada en el Cairo se produce en un momento poco oportuno para las relaciones más amplias entre Estados Unidos, Egipto, en momentos en que el nuevo gobierno trata de convencer al mundo de que dirige un país estable y seguro. Una delegación comercial de 120 personas estaba concluyendo una visita el martes que tenía la intención de inspirar a los inversionistas para trabajar en Egipto. Muchos de sus eventos fueron realizados dentro del protegido recinto diplomático en el centro del Cairo que fue atacado el martes noche.
Dentro de la embajada había relativamente pocos empleados y para cuando los manifestantes treparon por la muralla, muchos ya se habían marchado, de acuerdo a un funcionario estadounidense que habló a condición de mantener el anonimato porque no estaba autorizado para hacer comentarios públicos sobre el incidente en curso.
Más tarde en la noche, los militares egipcios precintaron las entradas a la embajada para protegerla de la protesta en marcha, dieron testigos. Los manifestantes se encontraban frente a la embajada en el Cario del miércoles en la mañana, pero más tarde Nuland dijo que la policía había despejado al resto.
Un portavoz de la embajada dijo que la embajadora Anne Patterson se encontraba en Egipto por un asunto no relacionado y que todos los empleados de la embajada estaban “seguros y a buen resguardo”.
La violación de seguridad en el Cairo parece haber tomado por sorpresa tanto a Estados Unidos como a las fuerzas de seguridad egipcias, pese a que la protesta fue anunciada con antelación. Poco antes de que los manifestantes treparan la muralla, dijeron testigos, se veían pocos agentes de policía o militares egipcios.
“Obviamente estamos trabajando con la seguridad egipcia para tratar de restaurar el orden en la embajada”, dijo el martes la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland. “Todos queremos ver manifestaciones pacíficas, que no es lo que pasó frente a la delegación de Estados Unidos. Ahora estamos tratando de restaurar la tranquilidad”.
La prensa local calculó en cerca de dos mil las personas que participaron la manifestación, aunque en el video del incidente sólo se ve a un par de docenas que escalaron la muralla de la embajada. Los manifestantes en la muralla remplazaron la bandera de Estados Unidos por una bandera negra con la leyenda: ‘No hay más que un solo Dios y Mahoma es su profeta”.
Un portavoz del presidente egipcio, Mohamed Morsi, no respondió las llamadas telefónicas pidiendo su comentario. “La seguridad de las embajadas y proporcionar protección a los diplomáticos es una responsabilidad de la mayor prioridad para las autoridades oficiales de cualquier país”, dijo en una declaración el ministro de Relaciones Exteriores de Egipto.
Las protestas en la embajada de Estados Unidos son un rasgo habitual de la vida en el Cairo, donde muchas personas sospechan de las intenciones de Estados Unidos y resiente el apoyo que brinda este país a Israel. Pero ninguna manifestación previa había terminado con los manifestantes al interior del recinto de la embajada.
La embajada sita en el centro del Cairo, a unas cuadras de la Plaza Tahrir, y un complejo de varios edificios rodeados por altas murallas blancas. Normalmente, la policía controla los vehículos que circulan en las calles aledañas a la embajada, y los coches deben pasar a través de barreras portátiles.
Muchos manifestantes en la embajada estadounidense el martes, dijeron que estaban asociados a los partidos políticos salafistas, al-Nour y al-Asala.
Los organizadores en la manifestación frente a la embajada dijeron a la Associated Press que habían empezado a planear la manifestación la semana pasada cuando un polémico activista cristiano egipcio que vive en Estados Unidos, Morris Sadek, empezara a promover la película de Bacile. El mero hecho de describir al profeta Mahoma es considerado profundamente ofensivo por los musulmanes.
“Nos hemos pronunciado y nunca toleraremos ninguna maldición contra nuestro profeta”, dijo Moaz Abdel Kareem, 37, que luce la larga y típica barba de los seguidores del movimiento salafista y llevaba una bandera negra.
El martes temprano, la embajada estadounidense en Egipto había condenado los insultos a la religión, diciendo en una declaración que “rechazamos firmemente las acciones de esos que abusan del derecho universal a la libertad de expresión para zaherir a otros por sus creencias religiosas”.
Un portavoz de la Hermandad Musulmana, de la que Morsi es miembro, dijo que Estados Unidos deberían proteger mejor al islam.
“No es asunto de libertad de expresión”, dijo el portavoz de la Hermandad Musulmana, Mahmoud Gozlan. “Es sólo un símbolo islámico sagrado”.
[HaithamTabei en el Cairo, y Michael Birnbaum y Ingy Hassieb en El-Arish, Egipto, contribuyeron a este reportaje].
12 de septiembre de 2012
©washington post
cc traducción @lisperguer

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