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[La muerte de Adnan Latif, que llevaba diez años detenido sin que se formularan cargos en su contra en la cárcel militar de Bahía Guantánamo, agrega otra mancha a la justicia estadounidense. Editorial NYT].

Murió en la prisión de Bahía Guantánamo, Cuba, la cárcel militar estadounidense, un reo detenido en enero de 2002. No se conoce aún el informe de la autopsia oficial, pero durante los diez años que llevaba en la cárcel había participado en varias huelgas de hambre y cometió varios intentos de suicidio.
En 2006 y 2008, durante el gobierno de George W. Bush, los funcionarios de gobierno recomendaron que Latif fuera trasladado a otro lugar, fuera de Guantánamo, por considerarlo una amenaza de bajo nivel. Pero fue mantenido tras las rejas –aunque no se presentaron cargos formales contra él- porque los dos gobiernos titubeaban, por razones de seguridad, a la hora de enviar detenidos de vuelta a Yemen, y otros países tampoco querían aceptarlos.
Los abogados de Larif lucharon por su libertad en la corte federal, convirtiéndolo en un caso de prueba para medir la vigencia del estado de derecho en Guantánamo, que ha sido notablemente deficiente.
En 1994, cuando tenía 18 años, Latif sufrió lesiones en su cráneo y oído en un accidente automovilístico en Yemen, y viajó a Jordania para ser tratado. Siete años después viajó a Pakistán, dijo, para someterse a un tratamiento médico adicional. La policía paquistaní lo detuvo cerca de la frontera afgana, y fue entregado a los estadounidenses. El gobierno de Estados Unidos declaró que se trataba de un recluta de al Qaeda, que fue adiestrado por el Talibán, a cuyo lado luchó.
En 2010, el juez de distrito federal Henry Kennedy Jr., ordenó que fuera liberado de Guantánamo porque la detención de Latif era ilegal debido a que el gobierno no había demostrado que fuera miembro de al Qaeda u otra organización asociada. Pero en octubre pasado, la Corte de Apelaciones de Estados Unidos del Distrito del Circuito de Columbia revertió el fallo del juez Kennedy.
La mayoría de la corte de apelaciones, en una decisión manifiestamente incorrecta, dijo que el dudoso y no verificado informe de inteligencia oficial sobre Latif tenía que ser tratado como si fuera fiable y preciso, como un comprobante fiscal, a menos que haya “claras evidencias de lo contrario” –poniendo el peso de la prueba en el detenido.
La Corte Suprema no revisó el caso Latif, pese a su promesa en su decisión de 2008 en el caso Boumediene, de que los prisioneros tenían derecho a una “oportunidad significativa” de impugnar la legalidad de su detención.
Latif pasó en régimen de confinamiento solitario la mayor parte de su detención, a menudo con las manos esposadas y sus brazos sujetos con correas. También fue asignado a un pabellón psiquiátrico y alimentado contra su voluntad mediante una sonda en la nariz debido a sus huelgas de hambre.
Nunca fue acusado formalmente de ningún delito, como es el caso de la mayoría de los 167 prisioneros que todavía quedan en Guantánamo. Este brutal puesto de avanzada ha manchado a la justicia estadounidense desde el día mismo que vio la luz.
16 de septiembre de 2012
©new york times
cc traducción @lisperguer

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