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[Experto en el gnosticismo. El especialista en el cristianismo primitivo ayudó a traducir el Evangelio de Judas, sobre el que dijo que retrataba al discípulo como héroe, no como un canalla, por traicionar a Jesús y poner en marcha la crucifixión.]

[Louis Sahagún] Murió Marvin W. Meyer, experto en gnosticismo y textos antiguos sobre Jesús -aparte del Nuevo Testamento- que cuestionó el retrato tradicional de Judas Iscariote como el canalla bíblico por excelencia. Tenía 64 años.
Meyer, de cuyo libro ‘El Evangelio de Judas’ [The Gospel of Judas] se han vendido más de 1.2 millones de ejemplares y le significó frecuentes apariciones en documentales para la televisión y otros programas, falleció el 16 de agosto debido a complicaciones de una melanoma, según informó su esposa, Bonnie.
El bronceado y atlético hombre que llevaba kakis arrugados, camisetas de talla grande y un aro de plata en la oreja izquierda “era nuestro Indiana Jones”, dijo James L. Doti, presidente de la Universidad Chapman en Orange, donde Meyer ocupaba la Cátedra Griset en Estudios Bíblicos y Cristianos y era director del Instituto Albert Schweitzer.
“Marv era un académico y un showman que ayudó a dar a conocer esta universidad”, dijo Doti. “Hablaba diez idiomas –cinco de ellos prácticamente extintos- y escribió tantos libros como para llenar toda una estantería. También era un tipo perpetuamente alegre que inspiraba a todas las personas que cruzaban su sendero”.
La historiadora de Princeton, Elaine Pagels, autora de ‘Los evangelios gnósticos’ [The Gnostic Gospels], que en los años setenta inició el interés internacional en la secta de los cristianos primitivos condenados como herejes, dio voz a los pensamientos de muchos cuando observó: “Marv fue uno de los pioneros en poner a disposición de una amplia audiencia oscuros textos de los siglos uno y dos que habían sido clasificados como heréticos y rara vez vistos fuera de la academia”.
Nacido el 16 de abril de 1948, Meyer creció en Grand Rapids, Michigan, donde su padre trabajaba como encargado de compras de una empresa de servicios. Su permanente aventura amorosa con la antigüedad y la historia del cristianismo empezó temprano.
Conoció a Bonnie en la escuela secundaria, donde era el mejor de la clase. “Incluso entonces”, recordó, “Marv coleccionaba libros y le fascinaban las mitologías, las culturas y las luchas por el poder que surgieron en torno al cristianismo en la época de su nacimiento”.
Como estudiante doctoral en lo que ahora es la Universidad de Graduados Claremon, Meyer y su mentor, James Robinson, que fundó el Instituto para el Estudio de la Antigüedad y el Cristianismo, formaba parte de un equipo que preparó algunos manuscritos en papiro conocidos como la Biblioteca Nag Hammadi para su publicación en 1978.
Los antiguos textos gnósticos, que habían sido escondidos en un bote por los monjes con la esperanza de impedir su destrucción, proporcionaban perspectivas alternativas sobre Jesús que fueron saludadas como adiciones importantes para la comprensión de los años formativos del cristianismo.
Robinson se convertiría en uno de los más grandes expertos del mundo en el Nuevo Testamento, y despotricaba contra los académicos que trataban de restringir el acceso a los textos bíblicos. Meyer se doctoró y pronto fue reconocido como uno de los expertos más importantes sobre el gnosticismo y el cristianismo primitivo.
En junio de 2005, fue aproximado por representantes de la Sociedad Geográfica Nacional para ayudar con la traducción de lo que se creía que era un importante texto gnóstico. Pero Meyer tuvo que firmar una cláusula de confidencialidad incluso antes de que le explicaran de qué se trataba.
“Les dije que eso era muy irregular”, recordó Meyer en una entrevista. “Me dijeron: ‘No le decepcionaremos’. Así que firmé”.
Meyer se enteró de que la sociedad poseía la única copia del Evangelio de Judas, una traducción copta del original griego que había sido materia de intrigantes rumores, pero que nunca había emergido a la superficie.
Ayudó al equipo de la sociedad a traducir el texto copto al inglés, y luego viajó a Egipto para filmar un documental para la televisión sobre el hallazgo. Lo prepararon para una gira publicitaria que lo haría viajar por primera vez en limusina y alojar en hoteles lujosos.
“Nos reíamos de todo eso porque él era igualmente feliz alojando en hoteles con pulgas en rincones perdidos del mundo”, recordó su esposa. “Pero le excitaban las oportunidades que proporcionaba el hecho de estar en un escenario mundial en términos de compartir su trabajo en una escala que pensó que nunca sería posible”.
En opinión de Meyer, el evangelio retrataba a Judas como un héroe, no como un canalla, por traicionar a Jesús. En lugar de eso, Judas actuó por órdenes de Jesús y lo traicionó para poner en marcha la crucifixión. En el evangelio, Jesús le dice a Judas: “Aléjate de los otros y le contaré los misterios del reino. Es posible que lo alcances, pero tendrás que sufrir mucho”.
En septiembre de 2005, Meyer le dio a entender a Robinson que sabía un montón sobre el comentado Evangelio de Judas, pero que no podía hablar sobre ello. Después de que Robinson exigiera saber más, Meyer respondió con un escueto email: “Lo lamento, pero debo decir que no tengo comentarios que hace, Marv”.
Cuando se acercaba la fecha de publicación de ‘El Evangelio de Judas’ de Meyer en 2006, un editor le pidió a Robinson que escribiera su propio libro sobre Judas, el que terminó en un mes. En ‘Los secretos de Judas’ [The Secrets of Judas], Robinson criticó a la Sociedad Geográfica Nacional por ocultar el evangelio a otros estudiosos.
Sin embargo, Meyer argumentó que publicar el evangelio con la Sociedad Geográfica entregaba un texto oscuro a un importante número de personas en un corto tiempo.
Pese a todo, el mentor y su protegido siguieron siendo amigos.
Meyer acababa de terminar otro libro, ‘The Gospels of the Marginalized: The Redemption of Doubting Thomas, Mary Magdalene and Judas Iscariot in Early Christian Literature’.
“La dedicación y entusiasmo de Meyer eran contagiosos”, dijo Marilyn Harran, directora del Centro Rodgers para la Educación sobre el Holocausto en Chapman. “Y le encantaba abrir puertas hacia el pasado para estudiantes y público general que no sabían que había más evangelios aparte de los cuatro canónicos”.
Le sobreviven su esposa y sus tres hijos, Stephen Frederick Meyer, Jonathan James Meyer y Elisabeth Anne Meyer.
22 de septiembre de 2012
23 de agosto de 2012
©los angeles times
cc traducción @lisperguer

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