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[Las Hermanas de San José animan un valioso programa de ayuda a mujeres en libertad condicional en situación de calle y no tienen tiempo para peleas doctrinarias. En eso debería concentrarse el Vaticano. Editorial NYT.]

Después de años de drogadicción, robos y un duro periodo en la cárcel, una madre de 54 años llamada Renee está entrando en una fase revolucionaria de su vida: la transición desde un santuario de rehabilitación en Coney Island hacia la posibilidad de autonomía en el mundo exterior. El santuario es uno de los varios locales de Providence House, un programa de rehabilitación gestionada por las Hermanas de San José, una congregación de monjas de Nueva York que trabajan con personas en situación de calle. El programa ha ayudado a salir de la marginalidad a más de doce mil mujeres en libertad condicional y sus hijos.
El progreso de Renee vale la pena de ser celebrado como un ejemplo de lo que hacen las monjas día a día, contradiciendo las dogmáticas acusaciones del Vaticano sobre “serios problemas doctrinarios” y tendencias “feministas radicales” entre las 57 mil monjas católicas del país. La Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas, que representa a la mayoría de las congregaciones de monjas estadounidenses, rebatió las acusaciones del Vaticano como inmotivadas y prejuiciadas.
Las monjas de Providence House no tienen tiempo como para distraerse con peleas doctrinarias mientras ayudan a mujeres en libertad condicional en situación de calle. El primer proyecto de construcción de las hermanas –un edificio de apartamentos de seis plantas para 46 mujeres de bajos ingresos- se inaugurará en Bedford-Stuyvesant en Brooklyn a fines de este año. El segundo proyecto se encuentra en la fase de planificación en momentos en que el gobierno ha retirado su apoyo y las monjas están pidiendo agresivamente la ayuda de donantes privados. “Las hermanas me hicieron volver al redil”, dijo Renee. “Yo había olvidado que existían monjas, pero resultaron ser las personas que más me ayudaron”.
Gran parte de los católicos laicos han manifestado su repudio de que la iglesia esté montando un escándalo investigando a las monjas cuando debería concentrarse en los escándalos de pedofilia de los sacerdotes. El trabajo de las monjas en hospitales, barriadas, escuelas y cárceles, es un poderoso antídoto contra la abollada reputación de la iglesia. Al buscar el diálogo con sus críticos del Vaticano, las líderes de las monjas enfatizaron que sólo buscan “decir la verdad sobre nuestras vidas como la entendemos”.
Los encargados de supervisar el estado de las congregaciones estadounidenses quizá quieran conocer las vidas de las monjas y mujeres en libertad condicional en Providence House.
26 de septiembre de 2012
18 de septiembre de 2012
©new york times

cc traducción @lísperguer

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