Home

[Antofagasta, Chile] [Convertidos en casas, fumaderos y moteles. Es asunto de encaramarse por la periferia y recovecos del sector Bonilla para hallar muchos autos con destinos bastante extraños.]

[Rodrigo Ramos B.] Si sacan los autos dónde meten a esa gente. Eso responde con el rostro ladeado la señora Juana mientras camina rápido con una bolsa cargada con verduras desde el almacén a su casa. Hay muchos autos transformados en casas; autos viejos, desaliñados, sin patentes, con perros encima y desteñidas alfombras partiéndolos.
Autos habitados por señores marginales. La droga, entre otras penurias, es la hilacha que desenmaraña sus historias, según los vecinos.
Hay coches basureros y otros que despellejados asemejan fósiles. El inconveniente es que estos restos de autos son muy fáciles de hallar en los pasajes del sector Bonilla.
En la esquina de las calles Heriberto Novoa con Cerro Linzor, Bonilla Alto, hay un ochentero Daihatsu Charabe color rojo, oxidado. Unos metros más allá, frente a una canchita de baby fútbol, descansan los restos de un Lada azul, de principio de los años noventa, sobre unos bloques de concreto. Yendo hacia las arenas del cerro, en un pasaje encontramos a un noventero Chevrolet Monza con una frazada encima y unos baldes con agua a los costados.
Golpeamos la puerta del vehículo, para comprobar si hay vida adentro. Nada. Una señora que se asoma desde la ventana de un segundo piso, nos dice que mejor nos vayamos pues el morador pronto regresa y es malas pulgas.
Imagino a un cuatrero motorizado de la añeja película ‘Mad Max’, el guerrero del camino. Con otro: ¡váyase! la señora me arranca de la película.
Puede decirse que alguna gente de por ahí son polvorita, hostiles; esto lo corrobora la señora del almacén, Adriana. Espera que un señor se vaya con un marraqueta con arrollado, y luego, con la voz adormecida, Adriana dice que durante la noche y a veces en el día son habituales los disparos al aire. Culpa a un grupo de adolescentes traviesos que andan correteando por el sector.
La señora comenta las desventuras del barrio, mientras la televisión está detenida en un programa de farándula. Es mediodía y se ve poca gente en los pasajes, en su mayoría caminan mujeres.
La señora ahora confirma la primera impresión sobre los autos desahuciados, es decir: sirven de guarida para consumir drogas, lugar de reunión para los jóvenes pistoleros y para parejas con urgencia.
Sin embargo de repente aparece alguien que los transforma en su domicilio y es ahí, cuando se trastorna el asunto.
De algún modo, la señora reconoce que es mejor para la seguridad de todos que alguien, aunque sea un drogadicto, los transforme en su domicilio. La mujer redondea que siempre un auto abandonado es un problema; o sea una amenaza de asalto.

Peugeot y un Mazda
Continuamos nuestro recorrido bordeando el cerro. Los autos siguen apareciendo. Surge lo que queda de un Chevrolet Opala de principio de los años 80. Por calle Camarones, emerge un tiznado Peugeot 404 cubierto por una frazada acolchada. Nos detenemos. Por amplitud y comodidad el 404 parece un buen dormitorio. Un perro nos ladra. Adentro del vehículo hay indicios de que pudo ser un dormitorio. Por ahora, sin embargo, no parece tener morador.
Un joven nos pregunta qué buscamos. Le explico el asunto y me dice que los autos abandonados son varios; algunos pertenecen a los vecinos pero la mayoría nadie sabe cómo llegan.
El joven, en todo caso, dice que en el sector (pasajes aledaños a la calle Manuel Silva) viven muchos mecánicos y taxistas; antecedentes que podrían explicar la presencia de los autos. Hay una visible diferencia entre los autos muertos ubicados en garajes y los de la calle.
Unas cuadras más allá, por ejemplo, hallamos en lo que parece un garaje un Honda CRX (años 90 de la Zofri) que hasta podría andar.
Empero, en el pasaje Guanaqueros, tropezamos con un Mazda blanco de principio de los años 80, con un perro sobre el capó; más atrás hay un Mazda 626 de finales de los años 80. Ambos permanecen estacionados sobre la arena. Las puertas de las chatarras están semi abiertas. Hay restos de comida en los autos; tal vez en su interior duerma el perro que está arriba.
Más al norte hallamos autos con las características similares a los anteriores: autos habitables.
El auto casa o el auto vivienda, según explican los vecinos, es ocupado la mayoría de las veces por una persona. La marca de que está ocupado es la alfombra que los cubre o cruza. Por ahora, nadie se hace cargo de este problema social.
9 de octubre de 2012
©estrella de antofagasta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s