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[Valparaíso, Chile] [Junto a su hijo y el escritor Víctor Rojas recorrimos los rincones de Valparaíso donde ‘El hombre de Playa Ancha’ dejó una huella imborrable y que son parte de su peculiar mundo literario.]

[Francisco Núñez L.] Una de las primeras y grandes sorpresas con las que se encontraría el escritor Carlos León, si pudiera resucitar y volver a caminar por las calles de Valparaíso, sería que su querido Café Riquet, donde pasó horas conversando y fumando con la intelectualidad porteña, está convertido en… ¡una farmacia!
También se encontraría con que hay muchos cambios en Playa Ancha, donde la peluquería que atendía Javier Cruz ya desapareció y el Hospital Alemán, del cerro Alegre, donde pasó sus últimas horas de vida, está siendo demolido para levantar un complejo residencial.
“Como dijo el poeta Baudelaire, la forma de una ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”, señala Carlos León hijo, quien, junto al escritor y cronista, Víctor Rojas, nos acompañaron a realizar un recorrido en busca del fantasma de este artista, catalogado como uno de los nombres clásicos de la porteñidad.

El Cementerio
Carlos León vivió en varias casas, casi todas ubicadas en Playa Ancha. La más importante de su vida, y la última que habitó, está en General del Canto 419, justo al frente del antiguo Hospital Naval.
Actualmente la vivienda es habitada por los dos hijos del fallecido escritor y es justo ahí donde recogemos a Carlos León (hijo), quien sería el principal guía en la búsqueda de la huella de su padre en la ciudad.
La primera parada es el cementerio de Playa Ancha, donde está enterrado el autor de ‘Todavía’.
El año 1988 fue sepultado en tierra, pero posteriormente fue reducido y trasladado a un nicho. Se encuentra en el cuartel N, cuerpo Ñ, número 256 y en su placa se puede leer un breve texto de Paul Valery: “Ese tranquilo techo de palomas”.
“Ese era uno de los versos preferidos de mi padre, que remataba con “palpita entre los pinos”. Decidí colocarlo como un pequeño homenaje”, explica Carlos León hijo.

La Peluquería
Después la huella nos lleva donde existía la peluquería de Javier Cruz, lugar donde el escritor pasaba horas conversando.
“Desde joven que mi padre conocía a este peluquero. Visitar su local era como un consultorio sentimental. Ahí lo aconsejaban sobre sus primeros romances, además de cortarle el pelo”, explica su hijo.
Se dice que este peluquero tenía la característica de poner precio por su trabajo según el tamaño de las cabezas de las personas. Si era muy grande, el cliente tenía que cancelar más dinero.
El escritor Víctor Rojas señala que en el libro ‘Viejas amistades’ sale un personaje basado en este peluquero, que tenía su local donde antes funcionaba en la entrada del ascensor Villaseca, en la calle Pedro León Gallo.
Carlos León hijo recuerda que el peluquero le decía a su padre que “dejara de escribir esas novelitas sentimentales y creara una gran obra, más profunda y trascendental. Él se creía un hombre muy culto”.
Carlos León fue bautizado por Manuel Rojas como ‘El hombre de Playa Ancha’ y al recorrer las calles de ese populoso sector porteño, se encuentran escenarios del mundo literario de Carlos Léon.
“En la casa de Playa Ancha pasaban muchos escritores. Desde que yo era niño vi a Manuel Rojas llegando en la noche, Enrique Lafourcade, Gonzalo Rojas, Nicomedes Guzmán y Claudio Solar. Eran largas y entretenidas tertulias las que se armaban”, recuerda con nostalgia su hijo.

Escuela de Derecho
Otro de los lugares donde el artista dejó una profunda huella fue la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, donde fue profesor durante 30 años.
Su hijo recuerda que el director, Víctor Pescio, realizaba reuniones con los docentes y sus familias. “Llegábamos a este edificio, que estaba nuevo y me imaginaba que los pequeños azulejos eran chocolates y los tratábamos de sacar de la pared”, señala.
Tratamos de buscar una “Sala Antonina” que supuestamente tenía una placa que recordaba el paso de Carlos León por ese lugar. Sin embargo, no había rastros ni de la sala ni de la placa.
En el libro ‘Chilenos de raza’, de Francisco Mouat, hay un capítulo dedicado a Carlos León, donde el académico Agustín Squella, que fue su alumno, recuerda que su clase (Filosofía del Derecho) “era un pretexto para hablar de Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant, Hegel y Kelsen, sin mayor orden ni sistema, desviándose a cada rato hacia profundas y divertidas reflexiones sobre temas tan diversos como la literatura, el boxeo, Valparaíso, las modistas, los clubes radicales, el norte de Chile, la importancia de Carabineros o Neruda como componentes de nuestra nacionalidad”.

El Café Riquet
Uno de los escenarios urbanos donde la presencia de Carlos león caló profundo fue en el desaparecido Café Riquet, ubicado frente a la plaza Aníbal Pinto.
Ahí el escritor, que bebía mucho té y fumaba “como chino”, se reunía con intelectuales, políticos y habitantes de Valparaíso, donde mantenía largas charlas.
“Yo lo acompañaba siempre y me pedía un churrasco y una cerveza Escudo chica”, recuerda Carlos León hijo.
El escritor Víctor Rojas señala que Carlos León tenía una mesa reservada en el café: “Cuando murió, se colocó una placa que lo recordaba. Él siempre estaba sentado, esperando una buena e inteligente conversación”.
Actualmente el Café Riquet es una farmacia, que ha conservado el diseño de un local de antaño. Donde estaba la mesa reservada para el autor de ‘Sobrino Único’, ahora hay un salón de belleza, donde se instalaron sillas antiguas de peluquería.

El Hospital Alemán
Los últimos días de vida de Carlos León tuvieron como escenario el ya demolido Hospital Alemán, ubicado en el cerro Alegre.
Su hijo recuerda que durante 1988 la salud del escritor comenzó a fallar considerablemente: “Se ahogaba en las noches y había que inyectarlo. Varias veces recayó al Hospital Alemán, pero después salía de nuevo a la casa de Playa Ancha”.
El día 19 de septiembre de 1988, Carlos León hijo llegó a visitar a su padre y lo notó bastante alterado. “Las enfermeras tuvieron que ponerle una inyección para calmarlo. Cuando me acerco al oído y le hablo sobre el personal médico, me dijo: “la gallina no, la gallina no”. Eso, al parecer, tiene varios significados, pero yo lo interpreto como que era una advertencia para que no coqueteara con las empleadas del hospital”.
Luego de algunos minutos su padre comenzó a desfallecer y sus últimas palabras fueron “Joel, Joel, Joel”, que es el personaje que aparece en su libro titulado ‘Sobrino único’.
“Él le tenía un cariño muy tremendo a ese niño llamado Joel, que lo conocimos desde chico. Seguramente se acordó de él antes de morir”, señala su hijo.
Carlos León fue enterrado en su querida Playa Ancha y actualmente reposa en un nicho. Su esposa, que falleció años después, fue trasladada a Talca.
Para el cronista Víctor Rojas, Carlos León es uno de los escritores más importantes de Chile, “ya que escribió una de las novelas cortas más hermosas de toda Latinoamérica, que se llama ‘Todavía’”.
Para Rojas, ‘El hombre de Playa Ancha’ es “el escritor de Valparaíso, ya que redacto sus textos desde y en la ciudad, a diferencia de otros autores que jamás vivieron aquí. Se puede afirmar, con justa razón, que Carlos León en la narrativa y Ennio Moltedo en la poesía son los escritores más trascendentales y esenciales del Puerto”.

Vida y Obra
Carlos León Alvarado nació el 2 de junio de 1916 y murió el 19 de septiembre de 1988. Fue un destacado novelista, cronista, abogado y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Vivió en Valparaíso la mayor parte de su vida y por eso se le considera un escritor típicamente porteño. En los años ‘40 fijó su residencia en el barrio de Playa Ancha, primero en la calle Quebrada Verde y posteriormente en la calle General del Canto. Su obra se divide en novelas y crónicas: ‘Sobrino único’ (1945), ‘Las viejas amistades’ (1956), ‘Sueldo vital’ (1964), ‘Retrato hablado’ (1971), ‘Todavía’ (1981), ‘Algunos días…’ (1977) y ‘El hombre de Playa Ancha’ (1984). El crítico literario Ignacio Valente lo recordó como un “hombre quitado de bullas, siempre ajeno a toda farándula cultural, pésimo promotor de sí mismo, provinciano nato y neto, un adicto al bajo perfil y del tono menor de su obra”.
13 de octubre de 2012
12 de octubre de 2012
©estrella de valparaíso

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