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[Antofagasta, Chile] [Cuando la tortura casi silencia al grupo Illapu. El conjunto fue perseguido y acusado de vínculos extremistas. Osvaldo Torres recuerda cuando fue martirizado en un convento.]

El hombre, con la vista vendada, penetra nervioso en la sala. Sabe lo que vendrá y en consecuencia intenta anestesiarse con alguna imagen. Una mujer lo insulta. Entre insultos y golpes, la torturadora le reprocha su condición de músico. Luego un señor, menos alterado, reclama que le entregue la información sobre el vínculo de Illapu con el Mir y los Tupamaros uruguayos.
El protagonista de esta historia levanta los hombros y tartamudea que no tiene idea de ese nexo. La mujer entonces le golpea los dedos con un objeto contundente. La víctima se enrosca por el dolor. Después la mujer le insiste que si no entrega la información, nunca más podrá tocar la guitarra.
El músico no sabe qué decir, pues ese vínculo con el Mir y los uruguayos era más falso que abrazo de político en campaña.
Osvaldo Torres, músico y fundador de Illapu, fue torturado por la Sicar de Carabineros en junio de 1976 a un costado del convento Providencia, en Antofagasta. El vendado Torres tiene certeza de que se trata del convento pues cuando niño le robó higos y tunas a las monjas.
Secuela de la tortura es la deformidad en su dedo anular de la mano izquierda.
El hecho se produce una vez que el grupo está instalado en Antofagasta y mantiene una presencia cultural vaporosa por efecto de la represión vigente.
Meses antes, Illapu desarrolló una temeraria gira por Argentina bajo la dictadura de Videla. Puede decirse que durante el periplo al grupo de los hermanos Márquez los acompañó la suerte; por ejemplo: después de regresar a Chile, la guerra sucia de Videla, quemó la Peña Latinoamericana de Buenos Aires, el escenario tipo circo donde habían alojado y actuado. Los artistas sobrevivientes, todos con ideas de izquierda, fueron torturados y algunos terminaron desaparecidos.
Luego el conjunto esquiva la caza de brujas de la Operación Cóndor, en el terminal de buses de Mendoza. Después de una breve escala en Santiago, llegan a Antofagasta con cierta incertidumbre. Aquí la agrupación participa en el Tambo Atacameño.

Candombé para José
De esa experiencia en Argentina, la agrupación rescata una idea que luego les llevará alcanzar notoriedad en Chile y el resto del continente. En pañales viene la canción ‘Candombé para José’, que se transformaría en algo así como el himno de los prisioneros políticos; por lo menos, es lo que dice Torres, desde la mesa de un céntrico café antofagastino.
Torres, radicado en Francia, está desde hace un par de semanas en Chile, como integrante del equipo de producción de una película que trasladará a la pantalla grande la obra de Hernán Rivera Letelier, “Fatamorgana, con banda de música”. El asunto de la película, en todo caso, es otro cuento.
Regresemos a Illapu. Luego de la traumática experiencia como detenido, Torres es dejado en libertad. Su hermano, de 16 años, corre peor suerte y tras un par de años de detención logra salir. Su hermano parte exiliado a Estados Unidos.
Torres retorna al conjunto, sin embargo su vida sutilmente toma otro rumbo. A través del vínculo de amistad con Susana González, Torres se hace productor del programa de televisión de TVN, que conduce Enrique Maluenda, Dingo Londango. El show televisivo es la oportunidad para Illapu. El grupo logra en televisión imponer ‘Candombé para José’ y pronto la canción se pone de moda. La canción se hace popular en todo Chile.
Torres, en tanto, se casa con una francesa en Santiago y parte a vivir a Francia. En Francia desarrolla una destacada carrera como músico y compositor. Por su parte con Illapu, siempre conservó un vínculo de amistad.

Inicios de Illapu
Varios se acercan a saludar a Torres en el café. Reconoce que le faltan días en Antofagasta para abrazar a todos.
Seguimos con Illapu. El músico reconoce que fue quien orientó a los hermanos Márquez hacia la música andina y latinoamericana. Antes, dice, los Márquez desarrollaban un tipo de música de moda en la época. Todo esto fue a principios de 1971, verano, en plena Unidad Popular. El grupo comienza a participar en festivales y de inmediato destaca.
Torres señala el compromiso de los músicos por desarrollar un trabajo de excelencia y en especial, la calidad de los integrantes. Por esos días y además de los integrantes originales, el conjunto recibió los aportes de los músicos Fernando Chepo Sepúlveda y Raúl Mavraki.
Todo esto se amalgamó y generó el grupo antofagastino más trascendente en la música chilena de los últimos años.
Animaron tambos y peñas en Antofagasta, hasta que los compositores decidieron radicarse en Santiago. En la capital, ya con un disco bajo el brazo, participan en festivales, hasta llegar, en 1973, al Festival de Viña del Mar.
De esa época, Torres destaca la humildad y afirma que no había orgullos. “Nos iba bien; nos escuchaban siempre. Nuestra audiencia crecía…”
Tras el golpe el conjunto sigue tocando con cierta regularidad a pesar de todo. Luego Torres encamina su relato hasta la gira por Argentina, bajo Videla. Recuerda que tocan en Salta y Jujuy, en lugares inhóspitos a varios metros de altura; en minas; en comunas pequeñas. Por lo menos, en el norte argentino, dice Torres, su éxito no levanta sospechas.
El asunto se complica en Buenos Aires. El conjunto se instala a vivir en la Peña Latinoamericana, lugar donde pasan pellejerías, pero mantienen el aplomo.
La situación es complicada y deciden salir. El resto de la historia ya es conocida.
9 de noviembre de 2012
8 de noviembre de 2012
©estrella de antofagasta

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